Exilio forzado de 347 mujeres y desintegración de redes de apoyo: el impacto del régimen nicaragüense sobre activistas y lideresas

Más de 300 activistas y defensoras de derechos humanos fueron desplazadas o forzadas al exilio en Nicaragua entre 2018 y julio de 2025. Además, un informe del CETCAM advierte que la represión estatal desarticuló redes de apoyo y agravó la situación de las mujeres que permanecieron en el país

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Ilustración de una silueta femenina de espaldas con una bandera nicaragüense deshilachada a la izquierda, y un retrato oscuro de Daniel Ortega a la derecha.
El exilio forzado de 347 mujeres desde 2018 revela la persecución política del régimen de Daniel Ortega en Nicaragua.. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El exilio forzado de 347 mujeres entre 2018 y julio de 2025 expone en Nicaragua el alcance de la persecución política del régimen de Daniel Ortega y Rosario Murillo sobre activistas, defensoras de derechos humanos y lideresas feministas, según un informe del Centro de Estudios Transdisciplinarios de Centroamérica (CETCAM), basado en registros de IM-Defensoras.

Del total de casos documentados, 95 corresponden a desplazamientos internos y 252 a exilios internacionales. Además, el registro incluye 84 situaciones de desplazamiento de familiares de activistas, motivadas por riesgos de detenciones inminente

El estudio de CETCAM, titulado “Cuidar la vida: Reconfiguración de los cuidados y experiencias de mujeres nicaragüenses en el contexto de la crisis sociopolítica (2020-2025), sostuvo que la represión no solo empujó a estas mujeres al desplazamiento, la vigilancia y la privación arbitraria de la nacionalidad, sino que desmontó de forma deliberada las redes comunitarias de protección.

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Ese quiebre dejó a miles de mujeres sin apoyo frente a la violencia de género y los femicidios, tras la desaparición de los sistemas independientes de monitoreo que antes sostenían las organizaciones civiles.

Seis mujeres de diversas edades caminan de espaldas por un sendero de tierra. Llevan mochilas, bolsos y una maleta. Hay árboles secos y postes al fondo.
Del total, 95 mujeres fueron desplazadas dentro del país y 252 forzadas al exilio; 84 familias también se desplazaron ante amenazas de detención. (Imagen Ilustrativa Infobae)

El informe reconstruyó esa crisis a partir de testimonios de mujeres que intentaron reorganizar su vida en la clandestinidad interna o en el exilio en Costa Rica. El trabajo describió el costo físico y emocional de sostener cuidados familiares bajo el terror estatal o la precariedad migratoria.

La represión también desarmó las redes de cuidado

CETCAM afirmó que el impacto del régimen nicaragüense sobre las mujeres no se limitó a la expulsión de activistas. También alcanzó la estructura cotidiana que permitía responder a emergencias, acompañar casos de violencia y sostener la vida en comunidad.

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La consecuencia inmediata fue doble: por un lado, el exilio de defensoras y feministas; por otro, el desamparo de quienes dependían de esas redes. El informe señaló que la ofensiva estatal borró mecanismos civiles de protección y vigilancia que funcionaban antes de la crisis.

Una mujer con cabello oscuro y rasgos latinos se cubre el rostro con las manos mientras un puño cerrado impacta una mesa de madera oscura.
La represión en Nicaragua desmanteló las redes comunitarias que apoyaban a mujeres ante la violencia de género y los femicidios.(Imagen Ilustrativa Infobae)

Luz, una mujer indígena miskita exiliada en Costa Rica, relató en el informe cómo el desplazamiento agravó su marginación. Dijo que quedó aislada por el idioma, la falta de ingresos propios y la desaparición total de sus redes familiares de apoyo.

Su testimonio condensó esa lógica de postergación personal: “Yo estoy para mis hijos, todo el tiempo estoy para ellos, digamos así. Y no, para mí misma no tengo tiempo. Yo de día y noche estoy para mis hijos”.

El exilio trasladó la carga al espacio doméstico

Chilo, otra madre entrevistada por CETCAM, describió el desgaste subjetivo que produjo la combinación entre violencia política y sobrecarga de trabajo doméstico. Dijo que el autocuidado se volvió una meta difícil, aunque empezó a nombrarlo como una forma de resistencia.

Creo que no tomo mucho tiempo para mí. Pero podría decirse que estoy comenzando, al menos apalabrarlo, reconocer que necesito tener tiempo para mí y recuperarme”, afirmó.

El informe también registró los vacíos institucionales que enfrentaron quienes huyeron del país. Violeta contó que la solidaridad comunitaria chocó con obstáculos burocráticos internacionales cuando intentó proteger a familias desplazadas en condición irregular.

Vista trasera de una mujer latina de mediana edad con el cabello recogido y delantal, apoyada en el mostrador de una cocina con utensilios y ollas.
El exilio trasladó la carga del cuidado y el trabajo doméstico exclusivamente a las mujeres, aumentando la sobrecarga y el desgaste subjetivo. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Esta crisis se agudiza drásticamente cuando las mujeres intentan generar ingresos económicos en los países de destino, cayendo en dinámicas de abandono personal severo.

El informe detalla que el período de máxima sobrecarga para Nydia Elisa correspondió a un emprendimiento gastronómico que sostuvo tras su exilio.

​“Yo no me daba cuenta lo abandonadísima que estaba, porque funcionaba en automático. Era despertarme, bañarme, ir a cocinar, pasar ahí 10 horas, salir, ducharme, empijamarme, ver al niño, las cositas de la casa y repeat, volver a empezar. Yo ni me peinaba, porque yo decía, aparte, debo tener el pelo metido en esa gorra de cocina. El abandono fue total y yo no me daba cuenta en esos momentos… eso es impresionante”, expresó.

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