
La escasez de conductores y la elevada informalidad en el transporte de cargas se consolidan como dos de los principales desafíos para la logística en Brasil. Dos informes difundidos en los últimos días por la Unión Internacional del Transporte por Carretera (IRU) y la Asociación Brasileña de Operadores Logísticos (ABOL) muestran que ambos fenómenos están estrechamente vinculados y ya generan consecuencias sobre la capacidad operativa, los costos y el funcionamiento de las cadenas de suministro.
Mientras los operadores logísticos advierten crecientes dificultades para cubrir vacantes y sostener sus operaciones, la IRU señala que una parte significativa del transporte de mercancías continúa desarrollándose fuera de los mecanismos formales, una situación que afecta la competitividad del sector, reduce la transparencia de las operaciones y deteriora las condiciones laborales de los camioneros.
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Una profesión que pierde atractivo
De acuerdo con la encuesta realizada por ABOL, el 88,9% de los operadores identifica la falta de mano de obra especializada como el principal obstáculo para ampliar o mantener sus plantillas, mientras que el 66,7% considera que el escaso atractivo de la profesión constituye otro de los grandes desafíos para el sector.
La organización también relevó que el impacto ya se refleja en la operatoria diaria. Para el 66,7% de las empresas consultadas, la escasez de conductores afecta moderadamente sus operaciones, mientras que otro 22,2% reporta consecuencias significativas. Entre los principales efectos aparecen mayores tiempos para cubrir vacantes (77,8%), incrementos en los costos operativos (66,7%) y dificultades para responder a la demanda y mantener la capacidad logística (44,4%).
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La informalidad agrava el problema
Desde la IRU advierten que la informalidad constituye uno de los factores que explican por qué la profesión resulta cada vez menos atractiva. Según un estudio citado por la organización, alrededor del 43% del transporte de mercancías por carretera en Brasil opera fuera de los mecanismos formales, una situación que repercute sobre la competencia, la trazabilidad y las condiciones laborales.
La organización sostiene que cuando una operación no se encuentra formalmente registrada, los conductores pueden carecer de comprobantes de ingresos o de trabajo, tener un acceso limitado a la protección social y desempeñarse en condiciones más precarias. Como consecuencia, la actividad pierde capacidad para atraer y retener nuevos profesionales.
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El estudio también muestra una diferencia significativa en los ingresos. Según datos de la Asociación de Administradores de Pagos Electrónicos de Fletes (AMPEF), los camioneros que trabajan en el sector informal perciben, en promedio, un 34% menos que quienes desarrollan su actividad dentro del mercado formal.

Impacto sobre toda la cadena logística
La preocupación trasciende al transporte propiamente dicho. La IRU recuerda que aproximadamente el 60% de las cargas que se movilizan en Brasil viajan por carretera, por lo que cualquier distorsión en ese segmento termina trasladándose al resto de la cadena logística, afectando tarifas de flete, operadores, conductores y abastecimiento.
Uno de los ejemplos señalados por la organización es el aumento del precio del diésel registrado desde el inicio del conflicto en Medio Oriente. Mientras las empresas que operan formalmente deben trasladar el incremento de sus costos regulatorios, fiscales y operativos a las tarifas de transporte, parte del mercado informal no enfrenta las mismas obligaciones, generando un escenario de competencia desigual.
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Tecnología y mayor trazabilidad
Frente a este escenario, tanto la IRU como ABOL coinciden en que la tecnología tendrá un papel cada vez más relevante para fortalecer la eficiencia y la transparencia del transporte de cargas, aunque destacan que estas herramientas no sustituyen el rol de los conductores.
Por un lado, la IRU destaca el avance de los pagos electrónicos de fletes, los mecanismos de trazabilidad y la obligatoriedad del Código de Identificación de la Operación de Transporte, junto con nuevos controles en la contratación de fletes. Según la organización, estas herramientas permiten generar registros más claros de las operaciones, reducir el uso de efectivo y aumentar la seguridad de los conductores.
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En paralelo, ABOL señala que durante los próximos dos años los operadores logísticos priorizarán inversiones en planificación de rutas, telemetría, monitoreo de flotas, inteligencia artificial y automatización de procesos para mejorar la productividad y apoyar la toma de decisiones operativas.
Un desafío para todo el sector
Más allá de las herramientas tecnológicas, ambas organizaciones coinciden en que la solución también pasa por mejorar las condiciones laborales y fortalecer la profesionalización del transporte. ABOL sostiene que será necesario ampliar la capacitación, invertir en infraestructura para áreas de descanso y promover políticas que incrementen el atractivo de la profesión.
La IRU, por su parte, considera que reducir la informalidad no depende únicamente de una mayor fiscalización, sino también de generar condiciones que faciliten la formalización de los operadores. Según la organización, avanzar hacia un entorno operativo más transparente permitiría fortalecer a las empresas que cumplen las normas, mejorar la trazabilidad de las operaciones y contribuir a que la actividad resulte más atractiva para los futuros conductores.
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