Del contenedor marítimo al módulo habitacional: la logística detrás de la construcción patagónica

Marina Rojas, directora de finanzas de una empresa de construcción modular, explica cómo la logística y el abastecimiento de contenedores marítimos definen la operación de toda la industria patagónica

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Marina Rojas
Marina Rojas es directora de finanzas de una empresa de construcción modular (Foto: Movant Connection)

“El desafío llega después de ganar una licitación: las distancias que hay que cubrir, por ejemplo hasta San Juan o Catamarca, generan un costo”. Considerando eso, Marina resume el corazón de un negocio que empieza en contenedores marítimos reciclados y termina en campamentos petroleros y mineros de la Patagonia, donde la logística pesa tanto como el producto mismo.

¿Qué fue lo que te llevó a la construcción modular después de pasar por otros rubros?

Soy actuaria de formación, una carrera con mucha matemática aplicada a la economía. Pasé por seguros, seguridad vial y agropecuaria hasta llegar a la construcción, donde vi mucho potencial y decidí quedarme en el rubro definitivamente.

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Al mudarme al sur noté que era un nicho muy interesante. Con socios elegimos armar un proyecto propio enfocado en gas y minería, soluciones necesarias hoy en la Patagonia, donde la sustentabilidad, la eficiencia térmica y la durabilidad de los materiales son claves para el confort.

¿Por qué este tipo de soluciones habitacionales está tan en auge en el sector energético?

Ser proveedor de oil & gas o minería es un proceso largo y con mucho trámite, sobre todo con las empresas grandes. El año pasado, con la situación económica complicada, la demanda del consumidor final se frenó y todo empezó a fluir hacia el B2B, empresa con empresa.

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Eso coincidió con la cercanía a Vaca Muerta y con el auge de yacimientos mineros como Calcatreu o los de Jacobacci. Ser patagónico y conocer qué se necesita para tener confort en un campamento o una base operativa es una ventaja concreta a la hora de ofrecer soluciones.

¿Cuáles son los desafíos logísticos más grandes de la industria?

El desafío llega después de ganar una licitación: las distancias que hay que cubrir, por ejemplo hasta San Juan o Catamarca, generan un costo de traslado enorme. La opción que estamos evaluando es dar la posibilidad de retirar el producto en fábrica.

La idea es que ese costo, que es inmenso porque el país es muy grande, quede asociado a la logística y no al producto. Trasladar bienes de un lugar a otro es algo integral a cualquier actividad, y ahí está buena parte del desafío: llevar el conocimiento técnico y el desarrollo hasta donde el cliente lo necesita.

Transporte modular
"Un desafío interno es la distancia entre la administración, muchas veces centralizada en Buenos Aires, y la operación, que está en el campo o en el yacimiento", afirma Marina (Foto: Shutterstock)

¿Cómo es el proceso de abastecimiento de la materia prima principal?

El contenedor marítimo es el producto estrella, en especial los de mayor altura para lograr más confort en el ambiente. Se traen desde Buenos Aires, desde zonas como Avellaneda o Dock Sud, y conseguir la logística para abaratar costos, acompañando el traslado con alguna carga hacia el sur, no es sencillo.

Para el resto de los materiales, como aislación o aberturas, se buscan proveedores locales. Primero por la rapidez de respuesta ante cualquier inconveniente; segundo por la generación de empleo en la zona; y tercero porque esos proveedores suelen conseguir mejores acuerdos logísticos que los que se logran trayendo insumos desde Buenos Aires o del exterior.

¿Qué características tiene que tener un contenedor para dejar de ser un bien de comercio internacional y convertirse en materia prima para un módulo habitacional?

Tiene que estar fuera de uso, algo que ocurre después de unos 30 años de circulación y de completar los viajes marítimos correspondientes. En ese momento se da de baja el producto, se nacionaliza y se patenta por lotes, con los papeles correspondientes y su trazabilidad por número de serie.

La estructura del contenedor aguanta vientos de hasta 150 kilómetros por hora, resiste ambientes con salinidad y permite apilar hasta siete unidades sin perder resistencia. Si se traslada varias veces, mantiene su forma original y no se desalinean las aberturas, algo que todavía cuesta explicar frente a una petrolera o una minera acostumbrada a otro tipo de soluciones.

¿Ves posibilidades de que este tipo de industria se abra al mercado internacional?

La posibilidad de exportar está en el plan estratégico, sobre todo por la cercanía con Chile, que lo pide bastante. Las normativas todavía están en revisión, pero el paso más cercano sería el Cardenal Samoré, a través de Villa La Angostura, en Neuquén, y parece algo posible en el corto plazo.

Un desafío interno es la distancia entre la administración, muchas veces centralizada en Buenos Aires, y la operación, que está en el campo o en el yacimiento. Esa distancia hace que algunos proyectos se caigan por demoras. Por eso se ve más factible exportar el producto terminado que importar viviendas o partes desde otros países.

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