Flavio Mendoza, el creador y artífice de sus sueños, estrena La Cúpula: “Mi pasión es coleccionar espectáculos”

Con un escenario 360, una plataforma giratoria y una combinación de teatro, circo, tecnología y cine, el productor presenta su nuevo proyecto con un despliegue inédito en una entrevista a Teleshow

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Entrevista a Flavio Mendoza
Con un domo y una cúpula, Flavio Mendoza inaugura su nuevo espectáculo donde reúne todas sus pasiones: el teatro, el circo, la tecnología y el cine. "No quiero un rótulo para el show", afirmó (Gastón Taylor)

Desde cuadras a la redonda, una cúpula blanca se erige imponente entre el cielo gris del sur de la ciudad de Buenos Aires. A simple vista parece una carpa de circo, pero apenas se traspasa el estacionamiento del Casino Buenos Aires la estructura toma otro ritmo. Un domo da forma a La Cúpula, el nuevo sueño hecho realidad de Flavio Mendoza.

Se percibe un clima de fiesta, de trabajo, de guías metálicas que se arman a todo ritmo bajo la atenta mirada del artífice de la mega producción que combinará teatro, circo, música en vivo, tecnología y cine en un mismo espectáculo.

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Junto a su hijo Dionisio, Flavio recorre y muestra a Teleshow su proyecto que en agosto abrirá las puertas al público. Príncipe feliz príncipe dorado surge entre andamios y metales, en ese rincón inusual de la ciudad. Allí, entre operarios que ajustan guías y perfiles y voces que se mezclan con el ruido de herramientas, Flavio camina con paso firme, atento a cada detalle, a cada giro de grúa, a cada decisión de último momento. Dionisio, de ocho años, explora el lugar con la energía de quien acompaña a su padre en cada aventura, especialmente ahora, en vacaciones de invierno. En ese escenario, tan real y tan onírico a la vez, el arte y la familia se entrelazan como si nunca hubiesen estado separados.

Entrevista a Flavio Mendoza
En medio de una estructura que sostiene una carpa blanca, se destaca el domo con su cúpula, el centro del nuevo show de Flavio Mendoza

Flavio se detiene y mira la cúpula a medio terminar. Hay algo en su expresión que combina orgullo y vulnerabilidad, la certeza de quien conoce la dificultad de crear algo único y la emoción de estar cerca de lograrlo. La elección de ese espacio, lejos de los teatros tradicionales, responde a una necesidad profunda: el deseo de libertad, de no ponerle límites a la imaginación, de no encerrar sus sueños en una caja cuadrada, de no resignar una idea por una regla ajena. “Cuando logré un espacio propio, sentí que podía dar a la gente lo que tenía en la cabeza”, explica y comienza a compartir su nuevo espectáculo.

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—¿Qué esperás de este show, qué lo diferencia de tus otros proyectos?

—Es una megaproducción distinta, pero con algo que se repite: la escala, el sueño grande. Amo el teatro, pero muchas veces no deja hacer lo que uno imagina. El teatro limita, salvo que te dejen romper y después poner todo como estaba, y eso casi nunca pasa. Por eso la carpa. No es un circo, aunque tiene esa raíz. No tiene un rótulo porque no quiero que lo tenga. Quiero que el público entre y viva algo nuevo. No es mejor que nada, sino diferente a todo,

—¿Con qué se van a encontrar los espectadores?

—El hall de entrada no es solo un lugar de espera: es parte del espectáculo. Juegos, propuestas lúdicas para grandes y chicos, todo gratuito. El hall es gigante, y quiero que la experiencia empiece desde el primer paso.

Entrevista a Flavio Mendoza
En medio de una estructura que sostiene una carpa blanca, se destaca el domo con su cúpula, el centro del nuevo show de Flavio Mendoza

—Vi que la carpa es 360 y que tiene un escenario giratorio, algo muy novedoso

—Sí, es la primera vez que se monta una carpa colgante así, sin columnas que molesten la visión. El escenario gira, sube y baja, tiene curvas. Todo es última tecnología, no existió nada igual en el país. El techo se llena de imágenes, mapping total, todo lo diseñamos en familia. Hasta la reja de la entrada la pensamos nosotros. No hay nada comprado sin sentido, cada detalle tiene nuestra marca.

Cada respuesta de Flavio revela un proceso colectivo y, a la vez, profundamente personal. El espectáculo surge de una suma de talentos y afectos: la familia participa, se involucra, acompaña y apoya. En cada rincón de la carpa se siente esa energía de clan, de grupo que apuesta y se arriesga junto.

—¿Vas a participar en escena?

—No, esta vez no voy a estar sobre el escenario. Es que no puedo estar en todos lados. Tengo que viajar a China, armar cosas allá, después volver y trabajar en el show de verano. Este año van a estar tres megaespectáculos en distintos puntos del país: Ánima en Neuquén, La Cúpula en Córdoba, y uno nuevo en Mar del Plata. No doy abasto. Pero igual estoy en todo, en la producción, en las decisiones, en la familia.

Mientras Flavio responde, Dionisio acompaña a su tía por detrás, saluda y se pierde en el clima de trabajo y juego, una convivencia natural entre lo cotidiano y la excepción.

Entrevista a Flavio Mendoza
La estructura del domo que creó Flavio Mendoza, la trajo de Italia y en el país comenzó el proceso de ensamblado

—Siempre trabajás con tu familia, ¿es una necesidad para vos?

—Sin ellos no podría. Soy un desastre con los números. Mis tías, mis tíos, mis hermanas hacen todo lo que yo no sé hacer. Yo solo pido y sueño. Tener esta estructura en Argentina es engorroso, problemático, pero con ellos es posible.

La conversación avanza y la palabra “diferente” aparece una y otra vez. Flavio la usa para describir lo que busca, pero también para definir lo que ya encontró: un modo de hacer, una manera de pensar el arte, una relación con el público que excede lo comercial. Para él, la excelencia es la meta, el motor, el deseo.

—¿Por qué seguir invirtiendo tanto, en vez de apostar por fórmulas probadas?

Porque creo que Argentina da para más. No hay techo. Hay mucha gente talentosa acá. Yo no produzco para ganar, primero busco la excelencia y después que eso me devuelva algo. Es mi pasión. Otros ganan más, pero yo invierto mucho. Es como quien colecciona autos, a mí me gusta coleccionar espectáculos. Me mantiene vivo.

Su mirada se ilumina cuando habla de Dionisio. La paternidad es un capítulo aparte, pero atraviesa todo.

—Quiero que mi hijo vea lo que hago, que entienda la pasión. Que no se quede quieto. Yo era bailarín y si me quedaba quieto, hoy estaría dando clase en una escuela de danza. No me quedé, armé escuelas, armé espectáculos, genero competencias, aunque no den nada, porque creo que hay que hacerlo.

—¿Dionisio tiene inclinación artística?

—Juega al fútbol, sufrió mucho con el Mundial, ¡y yo con él!. Hace acrobacia, canta. No le exijo que sea artista. Le digo que aproveche, que entrene, que disfrute, que aprenda, pero que no sienta presión. Si después no quiere, está bien. Lo importante es que sea feliz.

Llega el tema del mundial y la emoción se hace visible. Flavio cuenta que Dionisio ama a Celia, la mamá de Messi, y que la familia de Leo los recibió con cariño.

Entrevista a Flavio Mendoza
Flavio Mendoza ideó el nuevo espectáculo, La Cúpula, donde puso en marcha una mega producción de arte y diseño (Gaston Taylor)

—Terminó el partido con Inglaterra y él me pidió que le escribiera a Celia, que le diga que aunque perdiéramos en la final, nosotros los amamos igual. Messi es así, generoso, humilde. Su familia tiene gestos que te muestra el tipo de gente que es.

—¿Qué sentiste con las críticas a los argentinos que surgieron con este Mundial?

—No les doy bolilla. No le presto atención a eso. Siempre hay gente buena y mala en todas partes. No hay que meter a todos en la misma bolsa. Las redes agrandan todo, los haters solo están para molestar.

—Volviendo a Dionisio, ¿cómo fue tu deseo de ser papá?

-Mi hermana me impulsó. Primero quise acomodar a mi familia, que mi mamá estuviera bien. Y recién después pensé en mí. No es fácil ser papá solo. Es una responsabilidad gigante, el amor más grande. Lo busqué, lo quise, y cuando sentí que podía, lo hice.

—¿Cómo es la crianza siendo un papá solo?

—Tiene ventajas y desventajas, ¿no? Como todo. Pero a veces cuando veo los quilombos de los padres separados con los hijos, yo digo: “Uy, qué suerte que soy papá solo, que todas las decisiones las tomo yo”. Las buenas y las malas. Y él va a tener una vida sana en ese aspecto. Sana mentalmente. No va a sufrir esa cosa de los padres separados, que un día estoy con uno y otro con el otro. Nunca quise eso. Hasta cuando estuve en pareja y hubo propuesta, seguí pensando igual. Porque cuando estás en el idilio, en el amor eterno, vos decís ”sí, quiero tener veinte hijos" y después decís no, porque hay una personita y hay que ser responsable.

—Qué bueno que tenés eso tan claro.

—Bueno, yo fui papá de más grande también. Cuando te pasa la edad también creo que te pasan muchas cosas. Tenés más experiencia y no tenés esa cosa más alocada de decir “bueno, vamos con todo ahora”. Yo creo que para mí ser padre y madre hay que buscarlo, tenés que quererlo. Es una gran responsabilidad ser papá o mamá.

—¿Cómo te llevás con los límites?

—Soy de poner límites. Dionisio, por ejemplo, no sabe lo que es el celular. No lo toca. A veces vamos en un viaje largo y él ni siquiera me pide para hacer un jueguito, porque sabe que el celular es de adulto. Tiene limitada su tablet donde ve un rato las cosas de niños. Hay cosas que le limité porque no quiero que las vea. Si bien yo le explico todo, porque no es que le digo que nacimos de un repollo. Jamás. Pero no me gusta tanto el teléfono porque puede generar adicción. Me parece que no está bueno. Está bueno el deporte. Entonces soy de ponerle límites en esas cosas, pero nunca tuve que poner un límite donde él me hizo un berrinche. Jamás me hizo un berrinche.

—¿Cómo es Dionisio?

—Es sensible. Y es muy generoso. Da todo, todo lo que tiene lo da. Eso me parece maravilloso. En mi casa casi no hay un juguete, porque todos los dio. Y todos los años yo le digo que hay que regalar cosas, pero si es por él regala todo. A veces me quedo con algún juguete de recuerdo, porque me da lástima, pero a él ni siquiera le importa. Él es de regalar todo. Si viene un compañero o una compañera y le dice que le gusta tal cosa, Dionisio viene y me pregunta: “Ay, papá, lo quiere, ¿se lo doy?”. Y yo lo apruebo. Entonces, eso es muy lindo de él. Muy lindo.

La entrevista termina y Flavio posa para la sesión de fotos. No escatima gestos, sus movimientos encienden la tarde. La cúpula, todavía desnuda, promete convertirse en refugio de fantasía y asombro. En ese espacio, la pasión por crear y el impulso por innovar encuentran su mejor escenario. Flavio Mendoza ha regresado. Príncipe feliz, príncipe dorado y la expresión del artista en estado puro.

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