
Detrás de cada exportación de litio existe una operación que involucra rutas de montaña, condiciones climáticas extremas, controles de calidad y una coordinación constante entre distintos actores. Marcelo conoce ese escenario desde hace décadas. “En 1997 fue la primera exportación de cloruro de litio y a partir de ahí quedamos siempre en el rubro de la minería”, afirma, al recordar los comienzos de una actividad que hoy ocupa un lugar estratégico para Argentina.
¿Cómo comenzó tu vínculo con la minería y, en particular, con la industria del litio?
Mi inicio como despachante de aduana fue a partir de una propuesta de una despachante de Salta, en 1992. Empezamos trabajando muy vinculados al norte argentino, principalmente con la exportación de legumbres.
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En 1994 comenzamos a trabajar con la primera empresa minera dedicada al litio. Ese año participamos en la llegada de la primera planta y en el desarrollo inicial de la producción en la cordillera. En 1997 realizamos la primera exportación de cloruro de litio y desde entonces quedamos vinculados al sector minero.
Durante muchos años convivieron dos grandes actividades: la minería, principalmente vinculada al litio y los boratos, y la exportación de legumbres. Ambas estaban muy relacionadas con el norte argentino y con distintas alternativas logísticas para llegar a los mercados internacionales.
¿Qué factores se tienen en cuenta para decidir si una exportación sale por Chile o por Buenos Aires?
En realidad, esa decisión generalmente la toma la empresa exportadora. Lo que siempre se buscó fue mantener abiertas las dos alternativas logísticas.
Hubo momentos en los que era más conveniente exportar por los puertos chilenos debido a los costos. Sin embargo, la cordillera presentaba desafíos importantes. Las nevadas podían cerrar los pasos fronterizos durante semanas y obligar a redireccionar toda la operación hacia el Puerto de Buenos Aires.
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También hubo situaciones como huelgas portuarias en Chile que llevaron a utilizar exclusivamente Buenos Aires durante varios meses. Mantener ambas opciones abiertas permitía asegurar el flujo constante del producto.

¿Qué cuidados especiales requiere la exportación de litio?
La preparación de la exportación evolucionó muchísimo. Hoy el producto se trabaja prácticamente como si fuera un artículo de lujo.
El carbonato y el cloruro de litio son insumos que luego se utilizan en procesos industriales de alta exigencia. Por eso la limpieza es fundamental. Los bolsones tienen que salir impecables. Si una bolsa blanca presenta manchas de óxido o grasa, directamente no puede exportarse.
También se cuidan mucho aspectos vinculados al almacenamiento, la manipulación con montacargas y el tiempo de permanencia en depósitos fiscales. Todo el proceso exige un nivel de calidad y limpieza muy superior al que existía años atrás.
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Como despachante, ¿qué importancia tiene conocer en detalle toda la operación logística?
Aunque nuestra responsabilidad principal es la parte documental y normativa, considero muy importante conocer todo el proceso.
A lo largo de los años recorrí depósitos fiscales, supervisé embarques, viajé a la cordillera y conocí personalmente los lugares donde operan nuestros clientes. Eso permite entender mejor los problemas y anticipar posibles inconvenientes.
Si vemos un bolsón manchado o una carga mal estibada, aunque no sea nuestra responsabilidad directa, sabemos por experiencia que puede generar inconvenientes. Entonces intervenimos y colaboramos para corregirlo. Todo nuestro trabajo está orientado a acompañar al cliente.
¿Qué aporta conocer personalmente los lugares donde se desarrolla la actividad minera?
Para mí es fundamental. No me gusta quedarme únicamente con lo que me cuentan o con lo que puedo ver por Internet.
Cuando trabajamos en la cordillera viajo, conozco los caminos, el clima, las ventajas y las dificultades de cada lugar. Entender cómo es operar con temperaturas bajo cero, con lluvia o a más de 4.000 metros de altura ayuda muchísimo a comprender las necesidades logísticas de cada operación.
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La Puna es exigente. Quienes vivimos en Buenos Aires estamos prácticamente al nivel del mar y cuando subimos a esas alturas sentimos el impacto. Conocer esas condiciones permite entender mejor qué se puede hacer y qué limitaciones existen.
¿Cómo impacta el contexto geopolítico actual en una actividad como la minería?
No tengo todos los elementos para hacer un análisis comercial profundo porque nuestro trabajo está más enfocado en la parte logística y aduanera.
Lo que sí vemos es que se han incrementado los costos de transporte y que algunos recorridos marítimos se volvieron más complejos debido a los conflictos internacionales. Ese es el principal impacto que observamos desde nuestra actividad.
En términos de infraestructura y logística local, Argentina sigue teniendo desafíos propios, pero no hemos visto cambios significativos más allá de los aumentos de costos.
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Después de tantos años en la actividad, ¿qué reflexión te gustaría compartir?
Hay dos cosas que considero fundamentales. La primera es conocer personalmente los lugares donde se trabaja. Muchos colegas me dicen que me voy a pasear a la cordillera, pero para mí es importante recorrer los lugares operativos, hablar con la gente, conocer los depósitos, la Aduana y entender cómo funciona cada operación.
La segunda es el trabajo en equipo. Estoy convencido de que nadie puede hacerlo todo solo. Me toca estar al frente de un equipo, pero los resultados se logran porque hay muchas personas comprometidas detrás.
Lo vimos incluso en nuestro proceso de certificación ISO 9001. Descubrimos que muchos procedimientos ya estaban incorporados en la forma de trabajar del equipo. Eso demuestra que cuando las personas comparten objetivos y trabajan coordinadamente, las cosas funcionan mucho mejor.
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Para mí, el trabajo en equipo es indispensable. No hay manera de supervisar ni hacer absolutamente todo de forma individual.
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