
Saber cuánto va a costar una mercadería puesta en el depósito, con todos los extracostos incluidos, es el punto de partida de cualquier decisión de importación. Patricia llegó a esa conclusión después de trabajar en los dos lados del sector y decidir integrar aduana y logística en una sola operación. Como ella misma dice: “me gusta que el importador tenga un presupuesto exacto con todas esas variables incluidas”.
¿Cómo fue el recorrido que te llevó a convertirte en despachante de aduana independiente?
Cuando empecé a estudiar, tuve la posibilidad de trabajar en una oficina de despachante. No tenía bien en claro si eso era lo que me iba a gustar o si prefería estar del otro lado, en una empresa importadora y exportadora. Así que pasé por los dos: primero trabajé con un despachante y después me fui a uno de sus clientes que necesitaba alguien para comercio exterior, donde estuve tres años.
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Pude ver bien los dos lados: lo que hacía el despachante y lo que era estar del otro lado, brindando la información que él necesitaba. En un momento sentí que podía hacerlo sola, que donde estaba iba a tener un techo y yo quería no tener techo en lo que me gustaba hacer. Así que me largué, puse mi oficina y arranqué.
Al principio es muy difícil porque no tenés clientes y tenés que ofrecer algo intangible. No es como un producto que mandás una muestra. Para ofrecerlo tenés que contar lo que sos, a qué te dedicás, cómo los podés ayudar. Cuando el servicio es bueno, los importadores se recomiendan entre sí. El camino fue de boca en boca.
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¿En qué momento decidiste sumar la parte logística a tu trabajo?
Mucho del trabajo del despachante tiene que ver con la logística: desde el momento en que el cliente dice que tiene la mercadería lista y la tiene que traer, vos le conseguís un forwarder que cotice bien. En un momento me pregunté: si también estudié eso, ¿por qué no entrar? Hubo gente del rubro que me ayudó a entender cómo arrancar, y me encantó.
Cuando podés ofrecer un servicio completo, en algún punto los tiempos los manejás vos. El importador, antes de comprar algo, necesita saber cuánto le va a costar ese producto puesto en su depósito, con todos los extracostos que puede haber en la logística. Y eso, cuando sos despachante y forwarder al mismo tiempo, lo sabés.
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¿Qué implica darle a un cliente ese presupuesto completo?
Primero hay que saber qué producto es para clasificarlo bien y saber qué derechos va a pagar, si tiene alguna intervención vigente. Por ejemplo, la seguridad eléctrica sigue existiendo: cuando declarás en el sistema hoy no ponés el número de certificado, pero sí tenés que indicar si viene con certificado extranjero, nacional o si está exceptuado.
Es importante aclararle al importador que eso lo tiene que tener, porque no puede salir a vender un producto eléctrico sin un certificado aprobado. Lo que cambió es que la responsabilidad ahora es netamente del importador. Hay muchos productos que van con un QR: si lo escaneás, podés verificar si ese producto es confiable. Está bueno que los importadores lo sepan.
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Después están los extracostos de la logística que por ahí parecen sencillos, pero cuando los sumás ya no da el mismo número: si sale canal rojo, si tenés que devolver el contenedor vacío en una terminal que requiere turno y no podés entregarlo ese mismo día, el camión te cobra guardar el contenedor. Me gusta tener todas esas variables incluidas.
Y hoy la importación está mucho más abierta, entonces la competencia que tiene tu producto ya no son dos o tres que lo traían: ahora pueden ser quince o veinte. Tu producto tiene que ser bueno y a un precio accesible para que te elijan.
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¿Qué tipo de situaciones son las que más te enganchan del trabajo?
Las que más me gustan son cuando alguien se queda sin stock y hay que salir a buscarlo cuanto antes. Ahí hay que activar todo. Está bueno en ese momento saber que los proveedores que elegiste te van a acompañar, que cuando los necesites van a estar.
Me pasó hace poco con un producto que había que traer urgente o se paraba una planta. Fueron horas insistiéndole al proveedor que mandara la documentación, coordinando el transporte en el otro país, chequeando que el aeropuerto no tuviera demoras, reservando el espacio en el avión y viendo si la mercadería podía ir en pasajero o en carguero, porque pasajeros hay todos los días pero cargueros no. Esa adrenalina es lo que me gusta del comercio exterior.
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¿Cómo te imaginás que se puede acercar mejor a los jóvenes a este mundo profesional?
Yo todos los años voy a un colegio y le cuento a los chicos de quinto año a qué me dedico: qué hace un despachante de aduana, qué hace un forwarder, qué podés hacer como licenciado en comercio internacional. Una de las preguntas que más hacen es cuánto se gana. Y lo que siempre les digo es que lo que vas a ganar depende de vos, de cuál es tu meta.
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