
En un escenario atravesado por cambios regulatorios, desafíos logísticos y fuertes variaciones entre importaciones y exportaciones, el comercio exterior argentino sigue apoyándose en operadores capaces de coordinar procesos cada vez más complejos. Para Claudia, Rosario continúa ocupando un rol estratégico dentro de esa dinámica, especialmente por su vínculo con los commodities y la actividad portuaria. “No sirve que el barco salga perfecto si después la mercadería no puede liberarse en destino”, advierte.
¿Cómo comenzó tu vínculo con el comercio exterior?
Fue algo completamente inesperado. Yo era docente de primaria y estudiaba psicología, así que mi vida iba por otro lado. Un verano apareció un curso de comercio exterior en Rosario que daba un despachante que venía de Buenos Aires. Lo hice casi de casualidad y ahí descubrí que era lo que realmente me apasionaba.
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Terminé la carrera de psicología, pero me recibí antes de despachante de aduana porque rendí libre en Buenos Aires en el año 92. Y desde ese momento me dediqué de lleno al comercio exterior.
No tenía familiares ni conocidos en el sector. Pero encontré algo que me fascinó inmediatamente: los barcos, la logística internacional, la posibilidad de traer mercadería desde el exterior y coordinar operaciones con otros países.
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Me acuerdo del primer embarque que traje desde China. El barco tardó alrededor de 60 días y creo que durante esos dos meses no dormí tranquila ni una sola noche.
¿Qué fue lo que más te atrapó de la actividad?
Creo que fue un desafío permanente. Hace 30 años el comercio internacional era completamente distinto. Hoy cualquiera se comunica con China desde un celular. En ese momento todo era muchísimo más complejo.
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Coordinar un embarque, hablar con proveedores del exterior, cerrar una operación o simplemente lograr una comunicación fluida era todo un desafío. Y eso me apasionaba.
Además, el mundo del despacho aduanero estaba mucho más dominado por hombres. No era habitual encontrar tantas mujeres en el sector como hoy. Entonces también hubo un desafío personal en abrirme camino dentro de ese ambiente. Después de más de 30 años sigo sintiendo la misma pasión por esta actividad.
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Rosario aparece muy vinculada al comercio exterior argentino. ¿Cómo describirías el rol de la ciudad?
Rosario vive el comercio exterior de una manera muy fuerte. Gran parte de los commodities salen desde Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín. Todo ese cordón industrial es clave para la Argentina.
Además, tenemos una ubicación estratégica. Somos un punto central para la distribución hacia Córdoba y gran parte del norte argentino.
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Primero, el movimiento estaba mucho más concentrado en commodities, pero con el paso de los años empezaron a crecer también las cargas generales. Hoy el puerto recibe mercadería de distintos orígenes y exporta hacia múltiples destinos. Creo que Rosario todavía tiene muchísimo potencial para crecer más.
¿Cómo describirías el rol del despachante dentro de una operación agroexportadora?
Muchas veces desde afuera se piensa que el despachante solamente hace documentación o permisos, pero en realidad el trabajo es muchísimo más amplio.
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Nosotros coordinamos con Aduana, con SENASA, con empresas de control y con distintos actores que intervienen durante toda la operación. En exportaciones agroindustriales, por ejemplo, hay que coordinar certificaciones fitosanitarias, certificados de origen, documentación comercial, controles y consolidaciones. Todo eso tiene que funcionar de manera sincronizada.
Hay empresas grandes que ya tienen su departamento interno de comercio exterior y ahí nuestro trabajo queda más focalizado. Pero muchas empresas medianas o pequeñas necesitan acompañamiento desde el inicio de la operación.
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En esos casos participamos incluso desde el armado de costos y la planificación logística para que puedan cotizar correctamente una exportación.
¿Qué importancia tiene la logística dentro de ese proceso?
Es central. Nosotros siempre intentamos acompañar al cliente en toda la cadena logística, no solamente en el embarque. Yo siempre digo algo: no sirve que el barco salga perfecto si después la mercadería no puede liberarse en destino.
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Lo importante es que el cliente del exterior tenga toda la documentación correcta y pueda desaduanar la carga sin problemas. Porque si falta un documento o algo llega fuera de tiempo, toda la operación se complica. Por eso digo que nuestro trabajo no termina cuando zarpa el barco. El objetivo real es que la mercadería llegue y pueda liberarse correctamente.

Con las importaciones pasa exactamente lo mismo. Primero analizamos reglamentos técnicos, intervenciones, certificaciones y requisitos. Porque el negocio no es simplemente importar: el negocio es que la mercadería llegue y salga correctamente.
Desde afuera suelen verse las largas filas de camiones durante la cosecha. ¿Cómo impacta eso sobre la operatoria?
Impacta muchísimo sobre toda la logística portuaria y también sobre la ciudad y las rutas. Durante las campañas agrícolas la circulación de camiones es enorme.
Igualmente, son situaciones previstas. No es que los barcos están esperando improvisadamente la llegada de los camiones. Las terminales ya trabajan con planificación y con cronogramas de carga.
Lo que ocurre es que en determinados momentos se concentra muchísimo movimiento y eso termina generando imágenes muy visibles de congestión.
¿Cómo funciona la consolidación de grandes barcos graneleros?
Generalmente un mismo buque comparte cargas de distintos exportadores, aunque muchas veces el destino final o el comprador terminan siendo los mismos.
Estamos hablando de barcos que cargan decenas de miles de toneladas, así que distintos exportadores van consolidando sus partidas dentro de un mismo embarque.
Antes de la pandemia y de la sequía eso era mucho más frecuente. Había muchísimos barcos operando constantemente. Después todo eso cayó muchísimo porque directamente no había producción suficiente para exportar.
¿Cómo viste la evolución reciente entre exportaciones e importaciones?
La sequía impactó muchísimo sobre las exportaciones agroindustriales. Hubo momentos donde prácticamente no había barcos porque no había cereal para cargar. En cambio, las importaciones nunca se frenaron completamente, aunque sí estuvieron afectadas por restricciones y regulaciones.
Hoy el mercado interno está más quieto y muchas empresas están frenando operaciones porque bajó el consumo. Pero el movimiento sigue existiendo y el comercio exterior continúa activo permanentemente.
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