
En un escenario atravesado por cambios regulatorios, desafíos logísticos y fuertes variaciones entre importaciones y exportaciones, el comercio exterior argentino sigue apoyándose en operadores capaces de coordinar procesos cada vez más complejos. Para Claudia, Rosario continúa ocupando un rol estratégico dentro de esa dinámica, especialmente por su vínculo con los commodities y la actividad portuaria. “No sirve que el barco salga perfecto si después la mercadería no puede liberarse en destino”, advierte.
¿Cómo comenzó tu vínculo con el comercio exterior?
Comencé en el comercio exterior de una manera totalmente inesperada. En ese momento yo era docente de escuela primaria y además estudiaba la carrera de psicología, así que mi camino profesional parecía ir por otro lado. Pero un verano hubo en Rosario un curso de comercio exterior dictado por un despachante de aduana que venía de Buenos Aires.
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Me anoté casi de casualidad, sin conocer demasiado, y ahí descubrí algo que me atrapó por completo: entendí que eso era realmente lo que me apasionaba.
No tenía familiares ni conocidos vinculados al sector, así que todo fue completamente nuevo para mí. Sin embargo, desde el primer momento encontré algo que me fascinó: los barcos, la logística internacional, la posibilidad de traer mercadería desde el exterior y coordinar operaciones con distintos países. Todo ese mundo me despertó una curiosidad enorme y, casi sin darme cuenta, terminé apasionándome por el comercio exterior.
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Todavía me acuerdo del primer embarque que traje desde China. El barco tardó alrededor de 60 días en llegar y creo que, durante todo ese tiempo, no dormí tranquila ni una sola noche. Era una mezcla de ansiedad, responsabilidad y entusiasmo constante, porque cada etapa del proceso era nueva para mí y sentía que todo dependía de que esa operación saliera bien.
¿Qué fue lo que más te atrapó de la actividad?
Creo que fue un desafío permanente. Hace 30 años el comercio internacional era completamente distinto a lo que conocemos hoy. Actualmente, cualquiera puede comunicarse con China desde un celular en cuestión de segundos, pero en aquel momento todo era muchísimo más complejo: las comunicaciones eran lentas, la información no circulaba con facilidad y cada operación requería una enorme dosis de paciencia, seguimiento y aprendizaje constante.
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Coordinar un embarque, hablar con proveedores del exterior, cerrar una operación o simplemente lograr una comunicación fluida era todo un desafío. Y justamente eso era lo que más me apasionaba.
Además, el mundo del despacho aduanero estaba mucho más dominado por hombres que hoy. No era habitual encontrar tantas mujeres trabajando en el sector, así que también hubo un desafío personal muy importante: abrirme camino y ganarme mi lugar dentro de ese ambiente.
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Sin embargo, cada obstáculo fue también una motivación para seguir creciendo. Y lo más lindo es que, después de más de 30 años, sigo sintiendo exactamente la misma pasión por esta actividad que el primer día.
Rosario aparece muy vinculada al comercio exterior argentino. ¿Cómo describirías el rol de la ciudad?
Rosario tiene una relación muy profunda con el comercio exterior argentino. La ciudad y toda la región viven esta actividad de una manera muy intensa, porque gran parte de los commodities del país salen desde Rosario, San Lorenzo y Puerto San Martín.
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Todo ese cordón industrial y portuario es absolutamente clave para la economía argentina y para el movimiento del comercio internacional.
Además, tenemos una ubicación estratégica. Somos un punto central para la distribución hacia Córdoba y gran parte del norte argentino.
¿Cómo describirías el rol del despachante dentro de una operación agroexportadora?
El rol del despachante de aduana es mucho más integral y estratégico que solo “llenar papeles”. Coordinamos con la Aduana, SENASA, empresas de control y diversos actores que intervienen a lo largo de toda la operación. En el caso de las exportaciones agroindustriales, es necesario articular de manera simultánea la gestión de certificaciones fitosanitarias, certificados de origen, documentación comercial, controles y procesos de consolidación de carga.
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Todo ello debe desarrollarse de forma sincronizada para asegurar el correcto avance de la operación.
En las empresas de gran envergadura, que cuentan con un departamento interno de comercio exterior, nuestro trabajo suele ser más específico y focalizado en determinadas instancias del proceso.
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En cambio, las empresas medianas o pequeñas requieren, en muchos casos, un acompañamiento integral desde las etapas iniciales de la operación, lo que implica una participación más amplia en la planificación y ejecución de la misma.
¿Qué importancia tiene la logística dentro de ese proceso?
Es central. Nuestro enfoque es acompañar al cliente a lo largo de toda la cadena logística, no únicamente en la instancia del embarque. En este sentido, entendemos que el proceso debe gestionarse de manera integral, considerando cada etapa de la operación.
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Solemos expresar que no alcanza con que el embarque se realice correctamente si luego la mercadería no puede ser liberada en destino. Por ello, el objetivo es asegurar la coherencia y el cumplimiento de todos los requisitos tanto en origen como en destino, evitando contingencias que puedan afectar la operación en su conjunto.

Desde afuera suelen verse las largas filas de camiones durante la cosecha. ¿Cómo impacta eso sobre la operatoria?
Desde una perspectiva externa, suelen observarse las largas filas de camiones durante la época de cosecha. Ante esto, surge el interrogante sobre su impacto en la operatoria logística.
Este fenómeno tiene un impacto significativo tanto en la logística portuaria como en la circulación urbana y en las rutas de acceso. Durante las campañas agrícolas, el volumen de camiones se incrementa de manera considerable, generando una alta densidad de tránsito en determinados períodos.
Sin embargo, se trata de situaciones previstas dentro del esquema operativo. No implica que las terminales o los buques estén aguardando de manera improvisada la llegada de los camiones, sino que existe planificación previa y cronogramas de carga establecidos que ordenan la operatoria.
Lo que ocurre es que, en ciertos momentos del año, la actividad se concentra de forma muy intensa, lo que provoca picos de movimiento que se vuelven especialmente visibles y generan imágenes de congestión en accesos y zonas portuarias.
¿Cómo funciona la consolidación de grandes barcos graneleros?
Generalmente un mismo buque comparte cargas de distintos exportadores, aunque muchas veces el destino final o el comprador terminan siendo los mismos.
Estamos hablando de barcos que cargan decenas de miles de toneladas, así que distintos exportadores van consolidando sus partidas dentro de un mismo embarque.
¿Cómo viste la evolución reciente entre exportaciones e importaciones?
La sequía impactó muchísimo sobre las exportaciones agroindustriales. Hubo momentos donde prácticamente no había barcos porque no había cereal para cargar. En cambio, las importaciones nunca se frenaron completamente, aunque sí estuvieron afectadas por restricciones y regulaciones.
Hoy el mercado interno está más quieto y muchas empresas están frenando operaciones porque bajó el consumo. Pero el movimiento sigue existiendo y el comercio exterior continúa activo permanentemente.
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