
“El comercio exterior es una de las pocas profesiones donde tantos actores tienen que funcionar como una sinfónica”, resume Fernando al describir la complejidad operativa que atraviesan las empresas del interior argentino. Desde Córdoba y Santa Fe, el especialista analiza cómo cambian la logística, la coordinación aduanera y los tiempos de operación cuando se trabaja lejos de los puertos, en un contexto donde las pymes buscan nuevas alternativas para ganar competitividad y sostener sus exportaciones.
¿Qué particularidades tiene hacer comercio exterior desde el interior del país?
Siempre digo que hacer comercio exterior desde el interior tiene un toque diferente a la operación de una capital como Buenos Aires, más teniendo en cuenta que ahí está el principal puerto del país. En Córdoba, por ejemplo, que es una aduana mediterránea, sin acceso directo al puerto, el día a día es distinto. Desde la coordinación de un contenedor hasta el proceso final, la metodología cambia. No quiere decir que sea mejor o peor: simplemente son operaciones diferentes. Nosotros estamos en lo que llamamos “el interior del interior”, y eso obliga a generar otro tipo de gestión y cercanía con el cliente.
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¿Cómo evolucionó la infraestructura aduanera en esas regiones?
Hace más de veinte años empezó un proceso de desregulación que permitió generar más lugares operativos, más depósitos fiscales y más aduanas de registro. Hoy una empresa de San Francisco quiere hacer aduana en San Francisco y la de Rafaela quiere resolver todo ahí mismo. Eso genera un ida y vuelta mucho más cercano con los clientes y ayuda a mejorar costos y tiempos. El objetivo es que la operación salga perfecta y que el comercio exterior sea más eficiente para las empresas del interior.
Hablabas de la dinámica del comercio exterior. ¿Por qué la definís así?
Porque es una de las pocas profesiones donde intervienen tantos actores que tienen que funcionar como una sinfónica. En algún punto de la cadena puede aparecer una equivocación, una demora o una traba que genera un extracosto o un problema operativo. Y ahí necesitás una reacción rápida para solucionar el inconveniente y seguir avanzando.
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Cuando todo sale bien parece fácil y muchas veces no se ve el trabajo detrás. Pero cuando aparece un problema, ahí se nota la expertise del despachante, del transporte aduanero y de toda la coordinación operativa. Nosotros estamos permanentemente en el frente de batalla solucionando cuestiones operativas para que la operación pueda terminar correctamente.

También desarrollaron una alternativa logística terrestre con Perú. ¿Cómo surgió?
Detectamos una necesidad en empresas del interior que exportaban pequeños volúmenes a Perú. Muchas veces eran tres, cuatro o cinco pallets que tenían que bajar hasta Buenos Aires para consolidarse ahí. Nosotros estamos a unos 650 kilómetros del puerto y eso generaba un costo FOB elevado para cargas chicas. Además, saliendo por el Atlántico la mercadería podía tardar unos 30 días en llegar.
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Primero analizamos consolidar por Chile vía Pacífico y ahí el tiempo de tránsito bajaba a unos 20 o 22 días. Después empezamos a estudiar hacerlo 100% terrestre y encontramos un operador peruano con experiencia en transporte internacional. Así nació este servicio consolidado terrestre que ya lleva varios años funcionando y hoy tiene puntos de consolidación en distintas ciudades del interior. Es otra manera de hacer logística y de interactuar comercialmente entre Argentina y Perú.
¿Qué ventajas tiene esa alternativa?
Mientras más al norte estamos, más competitivo se vuelve el servicio. Son herramientas opcionales que permiten ahorrar tiempo y costos. Cada empresa analiza qué le conviene porque cada operación es única e irrepetible. Aunque exportes siempre el mismo producto, siempre aparece un factor externo: una demora, un transbordo, un paro, un piquete o cualquier situación que cambia la planificación original. Ahí es donde se ve el verdadero valor agregado de toda la cadena logística y aduanera.
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¿Cómo ves hoy la dinámica entre importación y exportación en Argentina?
Hoy claramente se están generando más operaciones de importación que de exportación. Hay fabricantes que están buscando importar insumos para ser más competitivos o complementar sus líneas de producción. También volvió el importador que había quedado frenado por todas las restricciones anteriores y aparece el “importador curioso”, que quizás nunca operó pero quiere empezar a hacerlo.
Siempre digo que importar es más fácil que vender afuera. Nosotros históricamente tuvimos más exportaciones que importaciones, pero hoy el escenario está cambiando. Igual seguimos trabajando mucho desde las cámaras de comercio exterior para generar herramientas que ayuden tanto al importador como al exportador.
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¿Qué rol cumplen las cámaras y las instituciones en ese proceso?
Las cámaras trabajan mucho en la facilitación del comercio internacional. La idea es mejorar procesos sin generar un costo fiscal adicional para el Estado. Muchas veces no se trata de quitar controles, sino de hacer los trámites más ágiles y digitales. Ese camino ya se viene recorriendo y ayuda muchísimo a flexibilizar la operación.
Además, las cámaras conocen el territorio. Saben qué empresa tiene potencial exportador y qué herramientas necesita. Ahí se articula mucho entre lo público y privado para acompañar a las pymes en su proceso de internacionalización.
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¿Qué sectores productivos del interior están más vinculados al comercio internacional?
En Córdoba y Santa Fe hay una diversidad enorme. Tenés lácteos, autopartes, motopartes, maquinaria agrícola, textil, alimentos, packaging, tecnología aplicada a envases y muchos otros rubros. Hay sectores muy exportadores, como la leche en polvo o la maquinaria agrícola, pero prácticamente todos tienen algún vínculo con el comercio internacional.
La pyme argentina generalmente empieza exportando a países limítrofes o, como mucho, de México hacia abajo. Después aparecen nichos muy específicos que exportan a cualquier parte del mundo. El potencial existe, pero muchas veces faltan continuidad y políticas de largo plazo.
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¿Qué hace falta para potenciar esas exportaciones?
Hace falta trabajar con una mirada de largo plazo. Más allá de quién gobierne, tenemos que ir todos en la misma dirección y sostener políticas que permitan mejorar competitividad, generar herramientas y abrir oportunidades. Cuando cada cuatro años cambia completamente el rumbo económico, todo el proceso se vuelve más difícil.
También es importante acompañar a las pymes para que pierdan el miedo a exportar. Muchas creen que el comercio internacional es solamente para grandes empresas y no es así. Hay herramientas, programas y misiones comerciales que ayudan muchísimo, pero todavía falta divulgarlas más y acercarlas al territorio.
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