Emiratos impulsa un atajo logístico para sostener sus exportaciones de petróleo

El nuevo oleoducto entre el oeste y el este del país apunta a evitar el estrecho de Ormuz y reforzar la continuidad operativa de las exportaciones energéticas en medio de la crisis regional

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El proyecto, actualmente en construcción, entraría en funcionamiento durante 2027 y forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la infraestructura energética, la seguridad logística (Foto: Shutterstock)
El proyecto, actualmente en construcción, entraría en funcionamiento durante 2027 y forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la infraestructura energética, la seguridad logística (Foto: Shutterstock)

La construcción de un nuevo oleoducto entre el oeste y el este de Emiratos Árabes Unidos empieza a consolidarse como una respuesta estratégica frente al bloqueo del estrecho de Ormuz, uno de los principales corredores marítimos para el comercio mundial de hidrocarburos. El proyecto apunta a reforzar la continuidad operativa de las exportaciones energéticas y reducir la dependencia de una ruta que atraviesa una de las zonas geopolíticas más sensibles del planeta.

Según informó la agencia oficial emiratí WAM, el nuevo ducto conectará distintas regiones del país hasta llegar a Fuyairah, sobre el golfo de Omán, permitiendo ampliar la capacidad de exportación sin necesidad de atravesar el estrecho controlado por Irán.

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El proyecto, actualmente en construcción, entraría en funcionamiento durante 2027 y forma parte de una estrategia más amplia para fortalecer la infraestructura energética, la seguridad logística y la capacidad operativa del país frente a escenarios de crisis.

El anuncio se produjo luego de una reunión del Comité Ejecutivo del Consejo de Administración de la petrolera estatal emiratí, donde las autoridades analizaron el avance de distintas obras vinculadas al abastecimiento energético y la expansión de la red de exportación. Desde el Gobierno remarcaron la necesidad de acelerar el desarrollo del oleoducto para responder a la creciente demanda global y garantizar la continuidad de los envíos internacionales, el abastecimiento energético y las operaciones de exportación de crudo.

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Un corredor clave para el comercio mundial

El estrecho de Ormuz se transformó en uno de los principales focos de preocupación para la logística global desde el inicio de la guerra entre Estados Unidos, Israel e Irán a fines de febrero. La escalada militar derivó en el cierre de facto de este corredor marítimo estratégico, afectando directamente el tránsito de buques petroleros, el comercio energético y las embarcaciones vinculadas al transporte internacional.

Por esta vía marítima circula aproximadamente el 20% del petróleo mundial, además de una parte relevante del comercio global de gas natural y productos petroquímicos. La interrupción del tráfico comenzó a impactar no solo en los precios internacionales de la energía, sino también en la planificación de las cadenas de suministro, las rutas marítimas y los costos logísticos asociados al transporte de hidrocarburos.

En este contexto, Emiratos intensificó sus llamados para reabrir el paso y advirtió sobre las consecuencias que podría generar una interrupción prolongada del corredor. Las autoridades emiratíes calificaron la reapertura del estrecho como una “necesidad colectiva” para preservar la estabilidad económica, evitar mayores disrupciones sobre el comercio marítimo y sostener la actividad de los mercados internacionales.

La situación también obligó a las compañías energéticas y operadores marítimos a rediseñar parte de sus operaciones. Algunas rutas comenzaron a extenderse hacia corredores alternativos, mientras crecieron los costos vinculados a seguros marítimos, tiempos de tránsito y disponibilidad de embarcaciones. El conflicto volvió a poner en evidencia la vulnerabilidad de determinados nodos estratégicos dentro de la red logística energética global.

Según los datos difundidos, la producción de la OPEP cayó cerca de un 34% desde el inicio del conflicto, mientras Emiratos registró una baja superior al 40% en sus niveles de bombeo respecto al período previo a la guerra (Foto: Shutterstock)
Según los datos difundidos, la producción de la OPEP cayó cerca de un 34% desde el inicio del conflicto, mientras Emiratos registró una baja superior al 40% en sus niveles de bombeo respecto al período previo a la guerra (Foto: Shutterstock)

Infraestructura energética y resiliencia logística

La expansión del nuevo oleoducto aparece así como parte de una estrategia de largo plazo para reducir la dependencia de pasos marítimos críticos y fortalecer la resiliencia operativa del país. El desarrollo de infraestructura terrestre vinculada al transporte de hidrocarburos gana cada vez más relevancia en un escenario donde los conflictos geopolíticos comienzan a alterar flujos comerciales, operaciones logísticas y cadenas internacionales de abastecimiento.

La terminal de Fuyairah, hacia donde se orientará buena parte de la nueva capacidad de exportación, ya ocupa un rol estratégico dentro del mapa energético regional. Su ubicación sobre el golfo de Omán le permite operar fuera del estrecho de Ormuz, ofreciendo una alternativa logística clave para mantener el abastecimiento regional, la continuidad operativa y los envíos hacia mercados asiáticos y otros destinos internacionales.

El impacto de la guerra también empezó a reflejarse sobre la producción petrolera regional. Según los datos difundidos, la producción de la OPEP cayó cerca de un 34% desde el inicio del conflicto, mientras Emiratos registró una baja superior al 40% en sus niveles de bombeo respecto al período previo a la guerra. En paralelo, Abu Dabi anunció su salida de la organización petrolera argumentando las fuertes perturbaciones operativas generadas en el golfo Pérsico, el mercado energético y las rutas marítimas regionales.

Más allá del escenario actual, la construcción de nuevas vías energéticas alternativas refleja cómo la infraestructura logística, la seguridad energética y la capacidad de adaptación operativa empiezan a consolidarse como factores estratégicos dentro del comercio global. La necesidad de garantizar abastecimiento, continuidad y menor exposición a conflictos regionales comienza a acelerar inversiones en corredores terrestres, terminales portuarias y sistemas de transporte vinculados a la energía.

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