
En un contexto donde la tecnología avanza a un ritmo cada vez más acelerado, las organizaciones enfrentan el desafío de pasar de la adopción a la aplicación concreta. “Hace un año hablábamos de IA generativa y hoy ya hablamos de agentes, y la diferencia es sustancial”, precisa Agustín. A partir de esta transformación, la conversación se desplaza hacia el uso estratégico, la definición de casos de uso y el impacto real en los modelos de negocio.
¿Qué cambios destacás en el último tiempo dentro de la industria tecnológica?
La verdad es que yo vivo en una industria en la que pasa de todo todo el tiempo. Es una industria que está constantemente innovando, evolucionando y agregando valor. Si me pongo a pensar, hace un año hablábamos de IA generativa y hoy ya hablamos de agentes, y la diferencia es sustancial.
Al principio la IA era más tradicional, había que entrenarla. Después explotó la IA generativa y hoy los agentes ya tienen la capacidad de tomar acciones y evolucionar. Eso cambia completamente el valor que aportan. En paralelo, la automatización, la robotización y la computación cuántica también avanzaron muchísimo. Es una industria que eficientiza y genera valor para todas las demás.
¿Qué tipo de proyectos están generando mayor impacto en las organizaciones?
Hoy la tecnología está aportando valor principalmente en tres dimensiones: la velocidad, la eficiencia y la calidad.
Velocidad para llegar a los clientes, para entender el negocio, para tomar decisiones. Eficiencia, que es un tema global. Y calidad en el valor que se entrega, tanto en modelos B2C como B2B. Esos son los factores donde hoy se ve el mayor impacto.
¿Cómo se combina la tecnología con la creatividad en las personas y las organizaciones?
Hoy vemos dos velocidades distintas. Por un lado, las personas consumimos cada vez más tecnología, la usamos más y la entendemos mejor. Esa adopción viene creciendo muy fuerte y eso es positivo porque permite sacarle provecho en el día a día.
Por otro lado, las organizaciones están entendiendo dónde realmente agrega valor. El consumo de tecnología en una empresa es distinto porque hay procesos, estructuras y datos que obligan a pensar bien el caso de uso. Las personas lo usan todos los días; las empresas lo adoptan con un enfoque más estratégico.
¿Qué dinámicas observás en los espacios de intercambio entre empresas y actores del sector?
Hoy hablamos mucho de ecosistema. La tecnología habilita espacios de cooperación donde se comparte lo que cada uno está haciendo.
Yo creo que eso es positivo. Independientemente de la industria, compartir y entender al otro genera valor para todos. Hay una lógica de colaboración donde trabajás con clientes, proveedores y hasta competidores. Y como empresas de tecnología tenemos también la responsabilidad de educar y ayudar a que las organizaciones se adapten más rápido.

¿Qué clima percibís en el contexto actual, especialmente en Argentina?
El clima es absolutamente colaborativo. Obviamente existe la competencia, pero hay mucha apertura para compartir, escuchar y aprender.
Se da un intercambio muy positivo entre los distintos actores. Me parece que es todo lo que está bien, con una lógica de intercambio constante.
¿Dónde creés que va a estar la diferenciación entre organizaciones?
Hoy el gran diferencial es la velocidad: la velocidad para entender, para adoptar y para aplicar la tecnología.
Pero también es clave entender para qué usarla. En el mundo empresarial es fundamental tener una hoja de ruta clara, definir bien los casos de uso y entender el impacto. Muchas iniciativas no funcionan como se esperaba justamente por no definir bien eso.
Por eso recomendamos empezar con casos internos, cuidar la seguridad, tener un buen gobierno de datos y trabajar con modelos adecuados. Y también considerar la ética en el desarrollo de estas soluciones.
¿Cómo ves la evolución de la región en materia tecnológica?
En Latinoamérica la evolución es bastante homogénea. La IA, la automatización y la ciberseguridad están avanzando en todos los países.
Puede haber diferencias según las industrias predominantes en cada país, pero en general todos están evolucionando. Y hay algo clave: la información. Sin una buena base de datos, es muy difícil sacarle valor a la tecnología.
¿Qué lugar ocupa la ciberseguridad en este contexto de mayor adopción tecnológica?
La seguridad es esencial. Para tener seguridad hay que entender, hay que educar.
A medida que crece la tecnología, crecen también los riesgos. Por eso es fundamental que las organizaciones trabajen en la securitización desde el inicio. Es un tema de todos los días y no se puede descuidar.
Incluso pensando en tecnologías futuras como la computación cuántica, ya se están desarrollando soluciones para garantizar protección. Es un tema que siempre va a requerir atención constante.
¿Qué recomendaciones darías para adaptarse a estos cambios tecnológicos?
Creo que lo más importante es el autoaprendizaje. Yo mismo aprendo todos los días.
La mejor manera es meterse, probar, interactuar con la tecnología. Eso te permite entender cómo aplicarla y qué valor te puede dar. Hoy es más simple porque estas herramientas entienden el lenguaje.
La clave es la curiosidad, usar la tecnología en lo que te interesa y aprender desde ahí. Eso genera interés y te permite ir profundizando.
¿Qué reflexión te gustaría dejar?
A mí siempre me gusta decir que la tecnología marca la cancha, pero las personas definen cómo jugar y a dónde quieren llegar.
Todo depende de cómo nos relacionemos con estas herramientas, de cuánto las usemos y del valor que les saquemos. Y esto recién empieza: van a venir muchas más tecnologías y vamos a estar cada vez más cerca de ellas.
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