
El índice de precios internos al por mayor (IPIM) de marzo registró un aumento de 3,4%, una aceleración de 2,4 puntos porcentuales respecto a febrero. El salto estuvo impulsado principalmente por el precio del petróleo crudo y gas, que subió 27,3% en el mes y explicó más de la mitad de la suba general. Según los datos oficiales, este repunte energético tuvo una incidencia de 2,02 puntos porcentuales sobre el índice global.
El detonante fue el conflicto en Medio Oriente, que interrumpió el suministro internacional y elevó la cotización del barril Brent más de 55% en lo que va del año. Este shock externo se trasladó de manera directa al mercado local, afectando tanto a la materia prima como a los productos refinados. Los productos primarios subieron 7,8% en marzo, mientras que los refinados —naftas y gasoil— aumentaron 6,6% en el mes y acumulan 10,1% en el año.
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Ese efecto todavía recorre la cadena de precios y podría seguir generando presión en los próximos meses.
En este contexto, la estrategia de YPF resultó decisiva. Mientras los precios mayoristas reflejaron el shock internacional, la petrolera estatal optó por no trasladar la suba a los surtidores durante 45 días. Según Daniel Montamat, exsecretario de Energía, el precio en los surtidores ya se ajustó a un Brent de USD 90, y buena parte del traslado del shock internacional se concretó con la suba del 23% en los combustibles de marzo. Montamat advirtió que, si el conflicto cede y el Brent baja, los precios locales no retrocederán rápidamente, ya que YPF mantiene una cuenta compensadora con las refinadoras que primero deberá equilibrar.
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En paralelo, los productos agropecuarios ofrecieron cierto alivio al índice mayorista, con una incidencia negativa de -0,40%. Los bienes importados subieron apenas 1,1% en marzo, lo que indica que el tipo de cambio no está generando presión adicional sobre los costos internos.

El IPIM mide la variación de los precios de los productos vendidos por los productores nacionales y los importadores en el mercado interno antes de impuestos, márgenes comerciales y transporte. Por eso, puede anticipar tendencias para el índice de precios al consumidor (IPC), aunque el traspaso no es automático ni lineal. Factores como la competencia, la regulación y decisiones empresariales pueden demorar o atenuar el impacto en los precios finales. Así, la suba del 3,4% en el IPIM podría reflejarse en las góndolas en los próximos meses, dependiendo de la dinámica de traslado a los precios minoristas.
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Montamat resaltó a Infobae que, “en una economía con equilibrio fiscal y sin emisión monetaria para cubrir gastos, estos shocks de precios relativos tienden a producirse de una vez y no a perpetuarse en el tiempo”. La incógnita, en tanto, es cuánto durará el conflicto internacional y hasta cuándo YPF y el resto de las petroleras que operan en el país podrán sostener la tregua en los surtidores durante el próximo tramo de 2026.
Estrategias de contención
Santiago Capdevila, analista económico enfocado en energía de la consultora Empiria, subrayó que, tanto el Gobierno, como YPF utilizan herramientas para demorar el traslado total del aumento internacional del crudo a los precios internos. “La actualización del impuesto a los combustibles viene postergándose y todo indica que esta política continuará en los próximos meses, como ocurrió el año pasado”, afirmó. Esta decisión, sumada al amortiguador de precios de YPF en los surtidores, permite contener el impacto inmediato, aunque a costa de resignar ingresos fiscales y mantener una brecha con el precio internacional.
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El resultado es una presión contenida que, si el conflicto y los precios globales se mantienen elevados, tenderá a trasladarse gradualmente a la cadena local.
Según el acuerdo que inició YPF, al que luego se sumaron otras petroleras, la diferencia se acumulará en una cuenta compensadora a saldar con el tiempo. Esto implica que, si la guerra se resuelve y el crudo baja, la nafta no descenderá de inmediato, ya que primero se cubrirán los montos no abonados anteriormente. El acuerdo tiene alcance nacional y está vigente desde el 1° de abril por 45 días. La medida, definida por YPF como un “amortiguador de precios”, responde al desplome del consumo en el interior del país.
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Capdevila precisó que el impacto del aumento internacional aún no llegó de forma completa al surtidor. “Hoy el traslado viene siendo parcial. Si el crudo representa cerca del 40% en el precio final, una suba de 28% debería traducirse en torno a un 11% teórico de aumento en la nafta. Pero en la práctica, el ajuste fue bastante menor, por lo que parte del shock permanece absorbido en la cadena y todavía no se trasladó al consumidor”, explicó.
De cara al corto plazo, anticipó que, si el conflicto en Medio Oriente persiste y los precios internacionales se mantienen elevados, es esperable que esa diferencia pendiente se traslade de manera paulatina a los precios locales. “No necesariamente todo junto, pero sí con presión constante a que los valores internos sigan ajustándose a medida que se normalice el pass-through”, agregó.
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Sectores más expuestos y presión sobre la producción
El aumento en el precio del crudo y los combustibles impacta de lleno en sectores clave de la economía argentina. Actividades como el transporte, la logística y la producción industrial enfrentan incrementos en sus costos operativos por la suba de la energía y los derivados del petróleo.
El agro, que en marzo actuó como contrapeso en el índice mayorista, también se vio afectado por los mayores costos de combustibles y fletes, que incidieron en la campaña y en la logística de exportación. De hecho, un conflicto interno entre transportistas, acopiadores y exportadores complicó la descarga de granos en los puertos para su exportación.
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En la industria manufacturera y los servicios, la presión sobre los insumos energéticos puede trasladarse a los precios de los bienes finales, especialmente en cadenas donde el combustible es un insumo relevante. La dinámica futura dependerá de cuánto margen tenga cada sector para absorber costos o trasladarlos a precios.
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