
El aumento acelerado de los precios del diésel y las señales de escasez de combustible comenzaron a encender alarmas en el transporte de mercancías en Europa.
Ante este escenario, la Organización Internacional del Transporte por Carretera (IRU) pidió a la Unión Europea una respuesta coordinada que permita estabilizar el mercado energético y evitar disrupciones en las cadenas logísticas del continente.
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La entidad advirtió que el contexto actual, marcado por tensiones en el suministro energético global, ya está generando presión sobre los operadores. En particular, las interrupciones en los flujos de energía marítima que atraviesan el estrecho de Ormuz comienzan a reflejarse en los precios internacionales del combustible y en las condiciones de abastecimiento en distintos países europeos.
Según explicó la organización, la situación exige medidas rápidas para asegurar la disponibilidad de diésel y evitar impactos mayores en el funcionamiento del transporte de mercancías.
Riesgos para el transporte y las cadenas de suministro
El transporte por carretera es uno de los pilares del sistema logístico europeo. Más del 90% de la flota de camiones de la Unión Europea funciona con diésel, lo que convierte al combustible en un insumo crítico para mantener en movimiento la distribución de bienes.
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En ese contexto, cualquier interrupción en el suministro puede tener efectos inmediatos en la operación de las redes logísticas. Desde la distribución mayorista hasta el abastecimiento de comercios y hogares, el transporte terrestre cumple un rol central en la circulación de mercancías dentro del mercado europeo.
Las primeras señales provenientes de operadores del sector indican que la disponibilidad de combustible ya comienza a mostrar tensiones en algunos mercados. En determinados Estados miembros se registraron episodios de racionamiento por parte de proveedores, mientras que en otros casos se detectan dificultades para garantizar el abastecimiento habitual.
A esto se suma un factor adicional: ante la percepción de escasez, algunos proveedores podrían priorizar otros usos energéticos, como el gasóleo destinado a calefacción, lo que podría limitar el volumen disponible para el transporte de mercancías.
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Propuestas para estabilizar el mercado energético
Frente a este escenario, la IRU planteó tres medidas prioritarias que, a su entender, permitirían amortiguar los efectos de la crisis en el sector del transporte y evitar un impacto mayor sobre la logística europea.
La primera de ellas consiste en coordinar la liberación de reservas estratégicas de petróleo en todos los Estados miembros de la Unión Europea. Esta medida, aplicada de manera conjunta, permitiría incrementar temporalmente la oferta de combustible y reducir la presión sobre los precios.

En segundo lugar, la organización solicitó habilitar una flexibilidad temporal en los impuestos especiales sobre los combustibles. Esta herramienta podría permitir a los países ajustar la carga fiscal durante el período de mayor volatilidad energética, con el objetivo de aliviar los costos operativos del transporte.
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Por último, la IRU pidió que se autoricen ayudas específicas para las empresas del sector que enfrenten situaciones de crisis. Estas medidas deberían enmarcarse dentro de los mecanismos previstos por la normativa europea sobre ayudas estatales y estar orientadas a sostener la continuidad operativa de los transportistas.
La organización también subrayó la necesidad de que estas decisiones se adopten de manera coordinada entre los países de la Unión Europea. En su análisis, las respuestas nacionales desalineadas podrían generar distorsiones en la competencia y afectar el funcionamiento del mercado único.
Costos operativos y presión sobre el sector
El combustible es uno de los principales componentes de la estructura de costos del transporte por carretera. En promedio, el diésel representa cerca de un tercio de los costos operativos, por lo que cualquier variación en su precio impacta directamente en la rentabilidad de las operaciones.
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Muchos transportistas trabajan con márgenes reducidos, que en algunos casos rondan el 2%. En ese contexto, un aumento sostenido del combustible puede generar dificultades para absorber los costos y afectar la capacidad operativa de parte del sector.
Desde la IRU señalan que una respuesta coordinada de la Unión Europea resulta clave para evitar distorsiones entre países y asegurar la continuidad de las redes logísticas y la distribución de mercancías en el bloque.
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