
Al referirse a los cambios que atraviesan las cadenas de abastecimiento, Mariana comenta que “la logística ya no es solo un tema operativo, sino una variable estratégica que define competitividad”. En esta entrevista, analiza la disrupción del contexto internacional, el impacto de la geopolítica y la tecnología en la toma de decisiones empresariales.
¿Cómo describís estos más de 25 años leyendo contextos internacionales?
Fue fascinante. Pasó de todo. La gran diferencia entre los años anteriores y lo que vivimos hoy es que el orden mundial que conocíamos, con reglas claras y una lógica de globalización cooperativa, se rompió. Durante mucho tiempo, el mundo no mostraba tanta disrupción como Argentina, que siempre tuvo ciclos de subas y bajas.
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En los últimos años eso cambió. La geopolítica pasó a ser la nueva globalización. Hoy hablamos de fragmentación del mundo, proteccionismo, política industrial y tecnología como ejes centrales. Todo eso genera una volatilidad que obliga a repensar cómo se toman decisiones empresariales.
¿Qué cambió en la forma de leer el mundo actual?
Hoy el mundo se entiende como un sistema de alineamientos permanentes. Países y bloques se reconfiguran en función de intereses estratégicos. Tenés disputas claras entre Estados Unidos y China, con otros actores que también juegan su rol.
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Para las empresas argentinas esto es clave, porque Argentina empieza a integrarse al mundo de una manera distinta. Históricamente, el país tenía una lógica más cerrada y coyuntural. Hoy aparece algo bastante inédito: empezar a hablar de largo plazo, algo que antes no estaba en la agenda cotidiana de las decisiones empresariales.
¿Sentís que temas que parecían resueltos volvieron a ponerse en discusión?
Totalmente. Hoy vemos cómo se redefinen las reglas de juego globales, incluso el rol de organismos internacionales que antes ordenaban el comercio y la transparencia. Eso genera un nuevo escenario que exige una arquitectura de negocios distinta.
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Además, la velocidad del cambio hace que la decodificación del contexto sea más compleja. No alcanza con entender qué está pasando, hay que hacerlo rápido y traducirlo en decisiones concretas.
¿Cómo perciben las empresas argentinas este nuevo contexto?
Están empezando a ver una nueva normalidad. Hay una macro más previsible que todavía necesita validarse, pero que permite ampliar la conversación. Ya no se decide solo desde la defensiva ni pensando en la crisis inmediata.
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Hoy empieza a aparecer una lógica de gestión de mediano y largo plazo. Siguen existiendo riesgos y variables a mirar, pero ya no se espera un shock permanente. Eso cambia la manera en que se planifica y se toman decisiones dentro de las organizaciones.
El empresario argentino está acostumbrado a gestionar crisis. Ese perfil de piloto de tormenta fue útil durante muchos años, pero hoy se vuelve un atributo negativo si se queda solo en la resistencia.
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El mundo actual necesita líderes capaces de leer el cambio global, entender dónde juega su empresa y cómo crecer en ese contexto. Hoy se observa un cambio en el perfil de los CEOs, porque la lógica defensiva ya no alcanza para competir en un escenario de apertura e integración.

¿Qué implica ese cambio de mindset en el liderazgo?
Es fundamental que el mindset del CEO cambie y que ese cambio se traslade a la cultura de la organización. Las transiciones energéticas, tecnológicas, demográficas y sociales operan todas al mismo tiempo y redefinen las reglas.
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Si el liderazgo no está alineado con esa realidad, el cambio no sucede. Además, tiene que ser rápido. Quedarse atrás en innovación hoy implica perder oportunidades. El desafío es enorme, pero también lo es el potencial de crecimiento.
¿Cómo se vincula todo esto con las cadenas de abastecimiento?
El abastecimiento tiene un rol claramente estratégico. Si uno piensa en cómo Argentina puede crecer en este mundo que cambia, ese crecimiento viene de la mano del sector externo. Los sectores que mejor están posicionados son los que están conectados con la exportación, como la minería y la energía, y para crecer necesitan necesariamente logística de exportación.
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No alcanza con invertir en explorar o explotar mejor un recurso natural si después no se puede distribuir, transportar y vender al mundo. Ahí la logística se vuelve un factor central para que la ecuación del negocio cierre y para que las inversiones tengan retorno. Muchas veces el problema no está en la producción, sino en esa última parte de la cadena que termina siendo el eslabón más débil.
Además, hoy entran en juego la trazabilidad, la tecnología y mayores exigencias de seguridad, en un contexto donde el mundo discute productividad y eficiencia de manera permanente. La logística ya no es solo un tema operativo, sino una variable estratégica que define competitividad.
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Argentina tiene una oportunidad enorme, pero necesita acompañarla con infraestructura y gestión. Todo lo que conecta al país con las cadenas globales de valor es un vector de crecimiento que no se puede descuidar si se quiere escalar y sostener una inserción internacional más sólida.
También participás en espacios sobre el rol de la mujer en las organizaciones. ¿Es un tema superado?
No, no es un tema superado. Hubo avances, pero todavía falta. La diversidad no es solo una cuestión de género, sino de productividad y calidad en la toma de decisiones.
Los equipos diversos aportan miradas complementarias. Hoy está claro que los distintos estilos de liderazgo suman valor. El desafío es seguir impulsando esa agenda, aunque a veces pierda espacio en la discusión pública.
¿Cómo ves el avance tecnológico en este contexto?
Me parece fascinante. La tecnología es un habilitador de negocios enorme. La inteligencia artificial no reemplaza la toma de decisiones, sino que la potencia. Permite trabajar mejor, más rápido y con más información.
Claro que hay cambios en los roles y en la estructura del trabajo, pero el balance es positivo. La verdadera ventaja competitiva surge de combinar inteligencia humana y tecnológica.
¿Qué lugar ocupa Argentina en este mundo que se reconfigura?
Argentina tiene una oportunidad inédita. El mundo demanda recursos, talento y estabilidad. El país ofrece una zona de paz, capacidades humanas y recursos estratégicos. Pero es una ventana que no dura para siempre.
Integrarse al mundo con pragmatismo, sostener relaciones comerciales diversas y leer bien el contexto es clave. Hoy las empresas ya no miran solo la coyuntura: conviven una agenda de corto plazo con una de largo. Eso es nuevo y marca un cambio profundo en la forma de pensar el futuro.
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