
Al referirse a la responsabilidad de su trabajo, Diego comenta que “el producto final tiene que ser seguro, y eso no se negocia”. En esta entrevista, comparte su visión sobre la gestión de suministro, organización de pedidos y distribución a nivel nacional, dentro de un entorno con alta demanda operativa y transformaciones continuas.
¿Cómo describirías la actualidad del sector del juguete en Argentina?
La realidad del sector es bastante cambiante. Es una industria muy estacional y eso condiciona todo. Hay meses en los que el movimiento es muy fuerte, como junio y julio por el Día del Niño, y noviembre y diciembre por las fiestas. En esos períodos la demanda se dispara y la logística trabaja al límite. Después hay otros meses más tranquilos, donde la actividad baja y hay que reacomodarse.
El año pasado en particular fue complejo. Hay incertidumbre, caída en algunos momentos del consumo y eso obliga a ajustar procesos. Pero la idea siempre es seguir empujando, sostener la producción nacional y ver cómo adaptarse para seguir creciendo dentro de un contexto difícil.
¿Qué particularidades tiene la logística en la industria del juguete?
La principal es la estacionalidad. Toda la planificación gira alrededor de esos picos de demanda. En logística y preparación de pedidos, el fuerte se concentra en pocos meses, y eso implica organizar muy bien los recursos.
En esos momentos necesitamos reforzar el equipo de depósito, contar con personal polifuncional que pueda hacer conteos, preparar pedidos, mover mercadería y demás.
El juguetero hoy pide con plazos muy cortos. En muchos casos, en una semana hay que preparar y despachar pedidos grandes, con volúmenes importantes, y enviarlos a distintos puntos del país.
Eso exige mucha velocidad, coordinación y control. No hay margen para errores porque el producto tiene que llegar en tiempo y forma.
¿Qué distingue a la logística del juguete frente a otros sectores industriales?
La inmediatez. En una pyme, la logística abarca todo el proceso, no es un rol fragmentado. Arranca desde la compra de un insumo, el seguimiento con el proveedor, el ingreso al depósito, el control de stock, el armado del producto y la preparación final del pedido.
Es un trabajo de punta a punta. Muy distinto a lo que pasa en industrias más grandes o multinacionales, donde cada área tiene un rol muy específico. Acá tocás todos los procesos, y en momentos de alta demanda, en una o dos semanas tenés que sacar prácticamente todo.
¿Cómo se gestiona el stock en una industria con tantas piezas distintas?
Es uno de los mayores desafíos. Trabajamos con piezas chicas, grandes, componentes que parecen menores pero que son clave. Si falta una sola pieza, el producto no se puede terminar.
En esos casos hay que coordinar con el área de inyección para producir la pieza que falta. Por eso el control de inventario es crítico. Tenemos que ser muy finos en los conteos, en el registro del stock y en la rotación, para evitar tiempos muertos.
Creer que algo está disponible y descubrir que no lo está genera demoras que impactan directamente en la entrega final. La logística del juguete es una cadena donde todo está interconectado.
¿Es una industria muy regulada?
Sí, totalmente. Todos los años hay que hacer certificaciones, especialmente en juguetes para bebés. No pueden tener contaminantes, hay controles muy estrictos porque son productos que van directo a niños.
También está el tema de las piezas chicas. Aunque el packaging indique +6 o +10 años, igual hay que cumplir con normas muy exigentes. Eso suma complejidad a la logística y al abastecimiento, pero también es parte de la responsabilidad del sector. El producto final tiene que ser seguro, y eso no se negocia.

¿Cómo se planifica una campaña cuando el cliente compra a último momento?
Es uno de los puntos más difíciles. El juguetero suele esperar hasta último momento. En diciembre, por ejemplo, empiezan a llegar pedidos de todo el país con urgencia.
Eso obliga a tener mucha agilidad en la preparación de pedidos, en los despachos y en la coordinación con los transportes. No podés permitirte que una entrega se retrase un día.
Además, hay destinos complejos como shoppings o grandes cadenas. En centros comerciales, por ejemplo, solo se puede entregar hasta cierta hora. Hay que pedir turno, coordinar con el transporte, llegar a tiempo. Si no, perdés el día.
En supermercados e hipermercados pasa algo similar. Se entregan grandes volúmenes y los tiempos de descarga no siempre coinciden con los de uno. Podés pasar horas esperando para poder entregar.
A veces no lo pensás en el día a día, pero cuando frenás un poco te das cuenta de que detrás de cada pedido hay un chico esperando un juguete, una familia, un momento especial.
No es solo logística. Es tiempo compartido, es armar un juguete, es algo generacional. Esa idea le da un sentido distinto al trabajo, sobre todo cuando terminan las semanas más duras.
Para cerrar, ¿qué balance hacés del trabajo logístico en esta industria?
Es un trabajo intenso, exigente y muy dinámico. La logística del juguete combina planificación, velocidad, control y mucha coordinación. No hay margen para improvisar.
Pero también es muy gratificante. Cuando todo sale bien y el producto llega a destino, sabés que cumpliste. Y eso, en una industria como esta, tiene un valor especial.
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