Al referirse a los desafíos de su sector, Sofía comenta que “afianzar relaciones internacionales lleva tiempo y previsibilidad”. En esta entrevista, analiza cómo operan hoy las empresas de Venado Tuerto, en la provincia argentina de Santa Fe, las diferencias entre importar y exportar y el impacto de la logística en la competitividad.
¿Cómo se conecta una ciudad como Venado Tuerto con el mundo?
Depende del origen y del tipo de mercadería. Desde países limítrofes, como Brasil, llega por transporte terrestre. Desde China, que es el principal origen de importaciones, puede ingresar por Rosario o Buenos Aires.
También existe la posibilidad de nacionalizar directamente en Venado Tuerto, ya que hace algunos años contamos con Aduana propia, lo que favoreció mucho la operatoria regional. En cargas consolidadas, muchas veces ingresan por Montevideo y luego se trasladan por vía terrestre.
¿Hay sectores que se destaquen en esta demanda?
En mi caso es bastante abarcativo y tiene que ver con la zona geográfica donde trabajo. En la región hay muchas empresas del rubro agroindustrial, pero no es exclusivo.
Cada empresa importa en función de su actividad y de sus necesidades. No diría que hay un único rubro dominante, aunque sí se repite bastante la importación de bienes de capital.
¿Notás más movimiento en importaciones que en exportaciones?
Hoy sí. Si bien hay empresas que se vuelcan a exportar, la mayoría de las consultas están del lado de la importación. Muchas compañías necesitan importar insumos que antes conseguían en el mercado interno o incorporar bienes de capital para optimizar procesos. El comercio exterior aparece como una herramienta para ganar eficiencia, y eso es un dato muy relevante.
¿Cómo comparás los procesos de importación y exportación?
Son caminos distintos. La exportación suele ser más larga porque implica generar demanda en el exterior, construir confianza, lograr que prueben el producto, que el precio sea competitivo. Es un proceso que requiere paciencia, pero es muy satisfactorio cuando se concreta una venta internacional.
La importación, en muchos casos, es más directa para encontrar proveedores, aunque tiene desafíos propios, sobre todo en certificaciones según el producto.
¿Qué rol juegan las certificaciones en la importación?
Depende mucho del producto. Hay bienes que requieren certificaciones específicas, como seguridad eléctrica, y ahí el proceso se vuelve más complejo. Otros productos no las necesitan y el camino es más corto. Pero es clave analizar esto desde el inicio para evitar demoras o problemas posteriores.
¿Qué peso tienen los socios estratégicos en una operación?
Son fundamentales. Tanto en importación como en exportación es clave trabajar con ellos: logística, despachantes de aduana, asesores. Acompañan todo el proceso y muchas veces marcan la diferencia. El importador o exportador no está solo, es un trabajo conjunto.
¿Cómo crees que impacta la logística en la competitividad?
Impacta muchísimo. Siempre se analizan distintas alternativas de transporte, tanto internacional como interno. En el interior del país, los costos de fletes internos muchas veces no se consideran y tienen una incidencia muy alta. También influyen los puertos, los tiempos, las distancias y la variabilidad de precios, que puede cambiar a lo largo del año por temporadas altas o por factores externos como cuestiones geopolíticas.
Hablás mucho de “democratización del comercio exterior”. ¿A qué te referís con ese concepto?
Me refiero a que hoy esa brecha histórica entre grandes empresas y el comercio exterior se está reduciendo. Antes era muy común que se pensara que importar o exportar era solo para compañías grandes. Hoy hay más empresas, incluso personas físicas, que se interesan, que analizan la viabilidad y que se animan a registrarse como importadores o exportadores.
No es algo inmediato, requiere análisis y pasos previos, pero esas consultas que antes no existían hoy son cada vez más habituales.
¿Ese interés se da en un contexto particular del país?
Sí, claramente. Hay una realidad coyuntural que influye. Existen algunas flexibilizaciones en comercio exterior que, sin ser totales, permiten una mayor apertura. Además, muchas empresas se ven en la necesidad de internacionalizarse, sobre todo del lado de las importaciones.
Hoy gran parte de las consultas están vinculadas a importar para ser más competitivos, para acceder a insumos o bienes de capital que permitan mejorar eficiencia productiva.

Pasando a tu rol docente, ¿qué percepción tienen los estudiantes sobre el comercio exterior?
Muchas veces llegan con ideas preconcebidas. Les digo desde el inicio que no se van a pasar viajando en avión. Ese es un mito.
Hoy gran parte del trabajo se hace desde una computadora. El gran desafío es achicar la brecha entre el mundo académico y el laboral. La carrera tiene mucha normativa y teoría, y cuesta trasladarla a la práctica diaria. Ahí tenemos un rol clave los docentes.
¿Qué expectativas tenés sobre el desarrollo del sector en Argentina?
Creo que hay oportunidades de crecimiento, pero todavía necesitamos estabilidad. Venimos de años de mucha inestabilidad operativa, con restricciones que afectaron tanto importaciones como exportaciones.
Afianzar relaciones internacionales lleva tiempo y previsibilidad. Del lado de la importación, el cepo cambiario sigue siendo una traba importante que condiciona el flujo comercial.
¿Qué rol le asignás a los vínculos personales en el comercio exterior?
Un rol fundamental. El comercio exterior es un trabajo en equipo entre clientes, proveedores, forwarders, despachantes y consultores.
La confianza y las relaciones humanas son clave porque hablamos de operaciones de mediano y largo plazo. Tener contactos, personas con quienes consultar y apoyarse en el día a día hace toda la diferencia.
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