Clasificación, controles y criterio técnico: el rol del despachante en operaciones complejas

María Isabel Mestre, despachante de aduana, analiza los desafíos de gestionar mercaderías diversas y la importancia de conocer en profundidad cada producto

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María Isabel Mestre es despachante
María Isabel Mestre es despachante de aduana (Foto: Movant Connection)

Al hablar sobre la dinámica del sector y la necesidad de adaptarse a contextos cambiantes, María comenta que “el comercio exterior es un cambio permanente y hay que ir accionando a eso”. En esta entrevista, analiza el impacto de la normativa, la diversidad de mercaderías y la importancia de anticiparse para evitar desvíos operativos.

¿Qué dificultades implica gestionar gran diversidad de productos en comercio exterior?

La principal dificultad es que no podés improvisar. Cada producto tiene su complejidad y lo primero que hay que conocer es exactamente qué es lo que se va a importar o exportar. Los usuarios tienen que poder explicarlo bien y uno tiene que saber clasificarlo correctamente, porque la clasificación arancelaria es la base de toda la operación. Si eso está mal, después vienen los problemas: intervenciones que no se previeron, costos que no se contemplaron o demoras innecesarias.

En ese proceso aparecen muchas intervenciones técnicas. ¿Cómo impacta eso en la operatoria diaria?

Impacta mucho. Yo hoy trabajo con insumos para alimentos, por ejemplo, y ahí tenés intervenciones de INAL, a veces de SENASA, en otros casos productos que son precursores químicos y requieren intervención del REPROCANN.

En productos químicos hay una enorme cantidad de normativas que hay que conocer. Si no las conocés, terminás haciendo errores que después generan un perjuicio grande. Por eso hay cosas que directamente no hago yo y se suelen derivar a terceros especializados, como seguridad eléctrica. No me puedo arriesgar a emitir algo que después no sirva.

¿Qué rol juega hoy la tecnología en el despacho aduanero?

Es fundamental. El sistema Malvina, que antes era el Sistema María, nos ayuda muchísimo. Ahí podés ver rápidamente si una mercadería tiene restricciones, si lleva intervenciones, si tiene algún derecho antidumping, si está alcanzada por algún régimen especial.

Antes había valores criterio que encarecían mucho las operaciones y si no se lo advertías al importador, el negocio no cerraba. Hoy muchas de esas trabas ya no están, pero igual hay que revisar todo con detalle.

¿Qué controles existen en los embalajes?

Todos los embalajes de madera en importación llevan control de SENASA. Siempre. Si viene un pallet o un cajón de madera, hay que hacer el trámite correspondiente, pagar el arancel y esperar si el sistema libera o pide inspección.

Cuando se requiere esa revisión, se abre el contenedor o se controla la carga para confirmar que no haya plagas. Es una disposición internacional, la “NIMF 15”, que rige desde hace muchos años. No es compleja, pero debe cumplirse en cada operación.

¿Ese control puede generar costos adicionales?

Sí, porque una inspección implica movimientos portuarios, turnos, tiempos y demás. No es grave, pero suma costos y demora la operatoria. Hay países, como India, donde prácticamente siempre sale con inspección. Entonces ya lo sabés de antemano y lo tenés que contemplar en la planificación logística.

¿Hay algún tipo de producto que te resulte especialmente desafiante?

Los químicos. Son los que más me gustan y también los más complejos. Tenés que analizar si son de origen natural o artificial, si corresponden a flora, si requieren intervención del Ministerio de Ambiente.

Hay productos de origen vegetal que no aparecen claramente en el sistema y hay que investigar el nombre botánico, el origen, si es cultivado o silvestre. Hubo épocas donde esto no se controlaba bien y quedaron contenedores frenados durante meses. Hoy quizás no se controla tanto, pero la normativa existe y no podés ignorarla.

Refiriéndose al comercio exterior, Isabel
Refiriéndose al comercio exterior, Isabel comenta que "cada producto tiene su complejidad y lo primero que hay que conocer es exactamente qué es lo que se va a importar o exportar" (Foto: Shutterstock)

También trabajás con operaciones dentro del Mercosur. ¿Qué cambia cuando hay acuerdos comerciales?

Desde el despacho, lo clave es el certificado de origen. Tiene que estar perfectamente emitido: datos de factura, CUIT, posición arancelaria, valores, texto correcto y demás. Con que un solo dato esté mal, deja de ser válido y el importador pierde la preferencia arancelaria.

Hoy, en el Mercosur, estos comprobantes son digitales y ya no circulan en papel, lo que agiliza los procesos, pero también exige un control previo mucho más riguroso.

Pensando en el contexto actual, ¿cómo ves el escenario para el comercio exterior?

Hay mucha expectativa. Se eliminaron muchas restricciones y eso ayudó a que las importaciones industriales crezcan. Pero también hay una recesión de consumo y eso es un riesgo. Si el mercado no se reactiva, todo se frena. De todos modos, hay esperanza de que el proceso continúe, que se termine de abrir el cepo y que el país pueda encontrar un equilibrio.

¿Ese equilibrio entre importar y exportar sigue siendo clave?

Totalmente. Si pretendemos ser un país exportador, también tenemos que importar. Nadie te compra si vos no comprás. El desafío es encontrar ese punto justo.

Hoy los costos logísticos son altos y el tipo de cambio no siempre acompaña para exportar, pero la expectativa es que eso se vaya acomodando. Nosotros estamos en el medio, entre la Aduana y las empresas, y necesitamos que el sistema funcione para que todos podamos trabajar.