
En un país donde las reglas económicas cambian con frecuencia, hablar de educación financiera deja de ser un tema accesorio para convertirse en una necesidad cotidiana. “Ya sea que trabajes en logística o en el sector que sea, estos temas tienen que estar en tu mente sí o sí”, sostiene Camila, convencida de que aprender a gestionar el dinero no es solo para especialistas, sino una habilidad básica que atraviesa a todas las personas, sin importar la edad ni la profesión.
¿Por qué creés que es tan importante la educación financiera en Argentina?
Yo creo que es importante a nivel mundial, pero en Argentina especialmente porque hay muy poca educación financiera. Muchas veces se piensa que esto es algo que se aprende a los 18 o 20 años, pero en realidad empieza mucho antes. Desde los tres o cuatro años, cuando un chico ya entiende que quiere un caramelo o algo puntual, ahí empieza a aparecer la noción de valor.
Si uno aprende desde chico, el vínculo con el dinero se vuelve más natural. El problema es que, en general, el nivel de educación financiera es malo, no por algo puntual, sino porque no se enseña en los colegios, en las facultades ni en los trabajos. A mí me pasó estudiando una carrera económica: tenía matemáticas, estadísticas, contabilidad, pero nadie me enseñaba cuánto ahorrar o cómo organizar mis finanzas personales. Entonces pensé: si no me lo enseñan a mí, ¿qué le queda a un médico, un abogado o un docente?
¿Cómo creés que se puede mejorar esa situación?
Para mí la solución de fondo es empezar desde las bases. La educación financiera debería ser obligatoria en los colegios y, además, habría que capacitar a los docentes para enseñarla. Muchas veces se le pide a los padres que enseñen algo que ellos mismos nunca aprendieron.
Pero también es clave generar conciencia. No importa si tenés 30, 40 o 50 años: siempre es mejor aprender ahora que nunca. Y si tenés hijos, sobrinos o nietos, empezar a hablarles de inflación, de ahorro, de inversiones. Hoy se puede invertir desde los 13 años, así que nadie debería quedar afuera. Cuanto antes se aprende, más natural es el proceso.
Trabajás con capacitaciones de finanzas personales dentro de empresas. ¿Qué impacto ves ahí?
A nivel empresas es súper importante. Pensalo así: vos le pagás un sueldo a una persona, pero si esa persona no sabe administrar ese dinero, su nivel de estrés financiero va a impactar directamente en su rendimiento laboral. En cambio, si aprende a administrar, ahorrar e invertir, ese estrés baja y la persona trabaja mejor.
Además, teniendo en cuenta que muchas personas no recibieron educación financiera ni en su casa ni en el colegio, ofrecer este tipo de capacitaciones es un gran diferenciador para las empresas. Cada vez que las doy, los empleados quedan muy conformes, pero también quienes las organizan dentro de recursos humanos. Muchos terminan diciendo “aprendí un montón y esto me sirve a mí también”.

En sectores como la logística o los emprendimientos, ¿cómo se puede aplicar este aprendizaje?
Ya sea que trabajes en logística o en el sector que sea, estos temas tienen que estar en tu mente sí o sí. Lo laboral y lo personal están totalmente conectados. Si no sabés administrar tus finanzas personales, tampoco vas a poder manejar bien las de tu negocio. Muchas veces se cree que tener plata quieta es una buena idea, y no lo es. Aunque la vayas a usar en diez días para pagar sueldos o servicios, ese dinero puede estar en un fondo de bajo riesgo.
Pero lo primero es aprender con uno mismo y con poca plata. Mucha gente cree que esto no es para ellos porque no les gustan los números o porque creen que se necesita mucho dinero. En realidad, se puede empezar con montos muy chicos. Empezar con poco ayuda a perder el miedo.
También es clave planificar no solo lo previsto, sino lo no previsto. Armar fondos de emergencia, tanto personales como laborales, que cubran entre tres y seis meses de gastos. Eso evita decisiones desesperadas cuando algo no sale como se esperaba y puede marcar la diferencia entre sostener o no un negocio.
¿Qué herramientas existen hoy para aprender y organizarse mejor?
Hoy hay muchísima información, y eso puede jugar a favor o en contra. Lo importante es filtrar. Si alguien te asesora sobre inversiones o seguros, es clave verificar que tenga respaldo, que haya rendido exámenes, que esté regulado.
También hay mucho contenido gratuito. Muchos brokers ofrecen material educativo sin que tengas que abrir una cuenta. Es como hacer un curso, pero gratis. No hace falta estudiar una carrera para aprender a manejar el dinero.
A mí me apasiona llevar esto a lo simple: anotar gastos, ahorrar a principio de mes, no gastar más de lo que uno gana, que el resumen de la tarjeta no sea una sorpresa. Son hábitos básicos que nadie te enseña y que, una vez incorporados, hacen que ahorrar e invertir sea mucho más fácil.
¿Es posible invertir tanto a nivel local como internacional desde Argentina?
Sí, totalmente. A la hora de elegir una plataforma hay tres palabras clave: seguridad, rentabilidad y liquidez. Ver si está regulada, qué rentabilidad ofrece y qué tan fácil es disponer del dinero.
Si vas a usar esa plata en el corto plazo, quizás conviene algo local. Si es para el largo plazo, como una jubilación, puede tener sentido diversificar internacionalmente. Nada es perfecto, pero combinar herramientas locales e internacionales genera un equilibrio muy sano.
¿Recibís consultas de personas que viven fuera de Argentina?
Sí, muchísimas. Sobre todo de argentinos en otros países, pero también de personas de Colombia, España o Venezuela. Como el contenido está en español, llega a muchos lugares. Y los conceptos son universales: acciones, bonos, renta fija, renta variable. Eso aplica en cualquier país.
¿Qué es lo que más te apasiona de tu trabajo?
Lo que más me apasiona es ver cómo cambia la confianza de las personas. Gente que empezó con miedo, que creía que no era para ellos, y que con constancia logra ahorrar, invertir y tomar mejores decisiones. No es hacerse millonario en dos meses. Es ser constante.
Hay personas que después de años pudieron comprarse una casa, un auto o hacer un viaje, cuando antes estaban endeudadas con la tarjeta. Y eso pasa en todas las clases sociales. Ganar más no resuelve el problema si no sabés administrar lo que tenés.
No dejemos pasar más tiempo. Frenar, mirar los gastos, ordenar la tarjeta, saldar deudas y empezar a construir hábitos sanos hace una diferencia enorme. No se trata de tapar agujeros todo el tiempo, sino de sanar el problema de fondo. Aprender educación financiera transforma, y vale la pena.
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