
Al referirse a su trabajo, Gabriel comenta que operar comercio exterior implica “participar en toda la logística, desde la compra hasta que la mercadería llega al cliente”. En esta entrevista repasa su formación, explica qué representa trabajar desde Córdoba y detalla cómo la apertura actual cambia el rol del despachante y la dinámica.
¿Qué te llevó a buscar una formación más amplia que la estrictamente necesaria para ejercer?
En mi caso, arranqué en otro camino: soy profesor de educación física. Nada que ver con lo que terminó siendo mi profesión. Pero al tratarse de una empresa familiar, surgió la continuidad y mi padre me propuso estudiar comercio exterior.
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Antes, la profesión se habilitaba únicamente mediante un examen ante la AFIP. Después aparecieron carreras terciarias, como la que cursé en la Cámara de Comercio Exterior de Córdoba: Técnico en Comercio Exterior y Marketing Internacional. Era una formación de cuatro años que te brindaba toda la base técnica y luego rendías un examen práctico para poder actuar como despachante y agente de transporte aduanero.
Para mí, todo suma. La formación docente, lo técnico, lo de marketing, todo aporta a la profesionalización que considero esencial en este trabajo.
¿Qué representa ser despachante en Córdoba?
Es representar a tu provincia. Córdoba es un polo industrial y comercial, está en el centro del país y ha crecido muchísimo. Pero tiene una particularidad decisiva: es mediterránea.
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Eso significa que toda mercadería que ingresa por vía marítima o terrestre entra por frontera. Salvo lo que llega por vía aérea, todo lo demás debe ingresar a través de un puerto o un paso fronterizo y desde ahí hacer un tránsito aduanero.
No es un costo extra, porque incluso si nacionalizás en frontera igual vas a tener un flete interno hasta Córdoba. La diferencia es que se agrega un eslabón logístico que hay que coordinar bien. Durante años trabajamos como provincia para que operar desde el interior sea posible, ágil y sin trabas. No queremos quedar relegados frente a Buenos Aires.
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¿Cuáles son hoy las vías más usadas para conectar Córdoba con el comercio exterior?
Rosario es fundamental, tanto para exportar como para ingresar mercadería en tránsito. Muchas empresas ya usan ese puerto para evitar la complejidad de Buenos Aires.
Con total sinceridad: tratamos de evitar el puerto de Buenos Aires cuando podemos. El volumen es enorme, las terminales son muy complejas y el sistema suele ser difícil para quienes operamos desde el interior. Hoy mejoró con las desregulaciones, pero igualmente se trabaja mucho vía Uruguay y vía Chile.
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La figura del despachante suele asociarse a “trámites”. ¿Qué tan real es esa idea?
Depende de qué despachante quieras ser. Si querés limitarte a trámites, podés hacerlo: recibís un papel, documentás y punto. Pero un despachante profesional participa desde el inicio de la operación.
El cliente te dice: “quiero comprar esto en China”, y ahí empieza el trabajo real: contactar al proveedor, revisar documentos, coordinar transportes, hacer seguimiento de la carga: dónde está, por dónde viene, cuándo llega, preparar la logística de arribo al puerto, definir el depósito fiscal y recién después hacer el despacho.
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Una operación puede llevar meses. No es recibir documentación y ya. Es acompañar toda la logística y dar aviso de cualquier problema que surja. La satisfacción es cuando todo sale bien desde origen hasta que el cliente tiene la mercadería en sus manos.

Con tu experiencia, ¿cómo describirías el momento actual del sector?
He atravesado de todo: etapas muy cerradas, etapas de apertura, momentos con muchísimas intervenciones y otros más fluidos. Hoy la desregulación es fundamental.
No es que no haya controles: los hay, pero son más transparentes. Lo que hay que evitar son las dobles certificaciones sin sentido.
Si un producto ya tiene una certificación europea reconocida, ¿por qué pedirle otra acá? Eso antes generaba que solo algunos pudieran importar, porque tenían estructura para asumir esos procesos. Eso derivaba en monopolios y en mercados muy cerrados. Hoy, si cumplís los requisitos, podés importar.
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¿Qué estás observando en materia de exportaciones?
El volumen exportable creció y también las consultas. La exportación siempre tuvo menos trabas que la importación. Estamos viendo interés en productos con valor agregado: artesanías, manufacturas, alimentos trabajados. Exportar granos está bien, pero sería ideal exportar productos elaborados. Eso genera trabajo y abre mercados nuevos.
Convertir materia prima en un alimento consumible hace mucha diferencia en empleo y competitividad.
¿Cómo ves la logística internacional desde Argentina?
Nuestro país está lejos del mundo. Si mirás el mapa, estamos al fondo. Eso hace que todo flete internacional sea más costoso: un contenedor tiene que venir cargado y volver cargado. Si vuelve vacío, es un flete muerto, y eso encarece todo.
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Muchas veces los contenedores quedan varados en Brasil o Uruguay esperando que alguna naviera los levante. Y eso afecta tiempos, costos y previsibilidad. En el transporte terrestre pasa lo mismo: traer un camión al interior sin carga de retorno lo hace carísimo. La distancia afecta la competitividad.
¿Qué reflexión final te gustaría dejar?
Creo mucho en la apertura del comercio exterior. No me gustan las regulaciones excesivas. Prefiero competir por calidad, servicio y profesionalización. Si el mercado es más libre, todos tenemos más oportunidades y el consumidor final termina beneficiado.
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Y quiero remarcar algo: ser despachante no es ser un tramitador. Acompañamos toda la operación, desde el proveedor en origen hasta la entrega final. Esa es la parte más importante del trabajo: que todo fluya y que el cliente reciba la mercadería sin complicaciones.
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