
Al describir el rol de Rosario en el comercio exterior, María destaca que “el puerto facilita muchísimo; las cargas llegan y en la misma semana ya están liberadas”. En esta entrevista, analiza por qué la ciudad se consolidó como un nodo estratégico, cómo opera la logística desde el interior y qué oportunidades están surgiendo para empresas de todo el país.
¿Cómo describís la actualidad del comercio exterior y los desafíos que ves desde Rosario?
La realidad es que Rosario tiene mucho movimiento. Lo bueno es que contamos con el puerto y con el aeropuerto, que se está desarrollando para recibir más volumen de carga. Hace poquito incorporaron el sistema de exportación simplificada para quienes recién empiezan y eso abrió muchas puertas.
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También tenemos varios depósitos fiscales donde ingresan las cargas consolidadas, y en el puerto se manejan los contenedores completos. Así que, para estar en el interior, tenemos todo: marítimo, aéreo y terrestre, con un flujo enorme de empresas que traen insumos y que hoy se animan mucho más que antes.
¿Cómo es gestionar operaciones de comercio exterior desde el interior del país?
Es totalmente posible y, te diría, cada vez más conveniente. Durante mucho tiempo muchos empresarios tenían miedo de importar porque pensaban que la mercadería iba a quedar retenida. Entonces traían “una cajita” para probar. Hoy no: traen contenedores completos.
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Eso pasa porque Rosario tiene muy buenos accesos, las autopistas funcionan bien, y los depósitos fiscales están ubicados en toda la circunvalación, no en el centro, que sería imposible para tránsito pesado. Todo está pensado para que el camión llegue, descargue y salga sin demoras. Eso hace que el interior tenga una ventaja enorme.
¿Qué industrias están moviendo más cargas hoy?
Muchísimo lo que es construcción, industria metalúrgica, autopartes y también productos alimenticios. Y después algo que se nota muchísimo: la mayor parte viene de China, por un tema de costos. Ahí conseguís lo que necesites, en la medida que quieras y hasta podés traerlo con tu propia marca y el packaging personalizado. También hay movimiento desde países limítrofes y desde Estados Unidos, pero el porcentaje más alto sigue siendo China.
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En términos de accesibilidad e infraestructura, ¿cómo está Rosario para recibir cargas?
Muy bien. Los accesos están todos preparados para tránsito pesado. Los depósitos fiscales están alrededor de la circunvalación, entonces los camiones no entran al centro, que sería un caos. El depósito fiscal del puerto está sobre la costa, y después están los otros depósitos sobre autopistas y accesos rápidos. Eso permite que todo sea mucho más ágil, que el flujo sea constante y que no haya embudos como en otras ciudades más saturadas.

En los últimos meses se habla mucho de la hidrovía. ¿Ese desarrollo impacta en tu trabajo?
Sí, muchísimo. Hace poquito hubo un encuentro grande en la Bolsa de Comercio por todo lo que es la hidrovía, el puerto, las obras que se están haciendo y las nuevas licitaciones para mejorar muelles y operaciones fluviales.
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Es una zona que no para de crecer. Incluso hubo una exportación de litio desde Rosario. Cuando vas por la costa ves barcazas llenas de contenedores todo el tiempo, barcos enormes entrando y saliendo, petroleros, cerealeros… de todo. Todo eso empuja más movimiento y más oportunidades para quienes importan y exportan.
¿Qué importancia tiene el puerto de Rosario para las provincias del norte argentino?
Es clave. Si una empresa del NOA tiene que operar todo por Buenos Aires, los costos terrestres son altísimos. De Buenos Aires a Rosario ya se eleva muchísimo el costo, así que imaginate hasta el norte.
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En cambio, si la carga ingresa por Rosario, que además es más ágil, los costos bajan muchísimo. Y no solo por distancia, sino por tiempos de liberación: una carga que llega un lunes, si sale canal rojo o naranja, dentro de la misma semana vos ya la podés tener en tu depósito. En Buenos Aires eso puede tardar bastante más, y cada día es costo. Por eso muchos eligen operar por acá.
¿La ciudad también funciona como punto para otras regiones, no solo el norte?
Sí. Muchísimo para Córdoba, por ejemplo. También hay cargas que llegan acá y después van a lugares más lejanos, como Esquel. Y aun así les conviene por la agilidad. Al final del día, eso repercute en el precio final del producto, que es lo que mira cualquier empresario. Si liberás rápido, almacenás menos y evitás demoras, todo eso baja costos y te hace más competitivo.
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¿Cómo ves el crecimiento actual del sector?
Lo veo muy positivo. Hace un tiempo era todo más burocrático y mucha gente no se animaba. Ahora está mucho más facilitado. Antes el miedo era quedar retenido en la aduana, no saber qué hacer o dónde vender.
Hoy hay más organismos apoyando, más capacitaciones y más acompañamiento. Rosario tiene una Cámara de Comercio Exterior que trabaja muchísimo y hace capacitaciones personalizadas. Eso da seguridad para empezar a exportar y entender todo el proceso: estudios de mercado, costeo, packaging, certificaciones. Y es clave, porque tenemos productos argentinos de muy buena calidad que afuera interesan mucho.
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¿Una reflexión final sobre tu recorrido y el sector?
Sí, que yo arranqué en el área contable, sin saber nada de comercio exterior. Lo descubrí de casualidad. Y resultó ser mi pasión. Me encanta estar en contacto con distintos países, crear negocios, unir compradores con vendedores, trabajar con productos y también con servicios. Las oportunidades son infinitas. Argentina está bien vista afuera, sobre todo en alimentos. Y cuando cerrás una operación, es una satisfacción enorme para todos.
También me pasa que hoy me contactan clientes nuevos que quieren empezar desde cero, pero ya no con miedo: vienen decididos a importar contenedores completos. Y eso habla del crecimiento que estamos viendo. El comercio internacional es dinámico, cambia todo el tiempo y nunca te aburrís. Para mí, es un mundo que da para mucho más.
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