
Al describir los desafíos logísticos de la minería en altura, Santiago afirma que “tenés que estar preparado para dar solución inmediata”. En esta conversación, repasa las etapas del abastecimiento minero, las particularidades del transporte en zonas extremas y la importancia de trabajar con mano de obra local.
¿Cuáles son los insumos que se movilizan para abastecer a la industria minera?
Hay distintas etapas para llevar insumos a los proyectos mineros. Una etapa más temprana es la de exploración, donde son pocas las cantidades: geólogos, algo de personal en el proyecto, y alguna que otra maquinaria pesada.
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Pero sin dudas el desafío más grande es la etapa constructiva. Ahí sí, movemos maquinaria pesada, tenemos desafíos de subir grúas de 60 toneladas a 4500 metros de altura. Y después todo lo consumible: combustible, gas licuado de petróleo, los módulos habitacionales para armar los campamentos.
Después viene una tercera etapa que es la de producción, donde los volúmenes bajan y el desafío pasa a ser llegar a tiempo con los insumos críticos. En el caso del litio, por ejemplo, cal y algunos productos químicos.
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¿Qué tipo de transporte se utiliza para estas operaciones?
Todos. Básicamente tenés carretones para todo lo que es maquinaria pesada. Lo que cambia, a diferencia de otros rubros, es la expertise del transporte. Los choferes, las habilitaciones, los caminos, los tiempos.
Tenés de todo: carretones, camiones tanque para combustible, semirremolques, chasis, camiones más chicos, camionetas, y también guías, que son muy importantes en la Puna.
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¿Cómo fue la evolución de la demanda logística en los últimos años?
Hubo años de mucho movimiento, sobre todo en los últimos cuatro o cinco con el famoso “boom” del litio. Fue algo muy importante para todos los que trabajan en la Puna.
El valor de la tonelada de litio estaba en 80 mil dólares, y eso generó una fuerte inversión. Los análisis de inversión daban muy positivo. Hoy estamos en otra situación, con el litio rondando los 9 mil, y muchos proyectos que superaron la etapa de exploración y permisos están en “stand by”, esperando algún cambio macro para seguir.
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Como logística, la etapa constructiva es la que más movimiento tiene. Ahora estamos a la espera de que en un mediano plazo, de dos o tres años, se estabilicen los valores del litio cerca de los 15 o 16 mil, como dicen los especialistas.
¿Qué implica logísticamente la etapa de construcción?
Es donde más se mueve todo. Se arman campamentos mineros, por ejemplo, para mil, tres mil o cinco mil personas. Entonces hay mucho movimiento de módulos, todo lo que es construcción en sí: cemento para las bases, bases de hormigón, postes para iluminación. También galpones para almacenar mercadería.
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Hay proyectos que deciden armar su planta arriba, en el propio proyecto, y eso implica estructuras importantes. También está el tema de los paneles solares y los parques solares. Se construye todo eso, se activa el proyecto y ahí arranca la etapa de producción. Y muchas veces en paralelo se hace una segunda o tercera fase: ampliar la planta, la producción, el campamento y demás.

¿Hay diferencias entre la minería del norte y del sur del país?
Básicamente, en el sur tenés un alto porcentaje de rutas asfaltadas en buen estado. Además, el valor del combustible suele ser un poco menor que en el norte, lo cual afecta los costos. El balance de masa quizá no es tan bueno como en el norte, porque no tenés tanta carga para el retorno.
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En cuanto al tipo de minería, la industria metalífera en el sur es más estable, no tiene los picos de movimiento que vemos en el norte. En el norte tenés muchísimos desafíos: nevadas que bloquean caminos, lluvias que rompen puentes, cortes de ruta, etc. Ahí se pone a prueba la especialización de cada empresa, cómo se adapta para cumplir igual.
¿Qué desafíos enfrentan a esa altitud?
El tema de la altura es clave. A veces se apunan las personas, a veces los camiones. Cuando dicen que se “apuna” un camión, en realidad pierde potencia, se recalientan los frenos. El disco de freno es vital, se sobrecalienta muy fácil. También se pueden romper. Son máquinas.
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Entonces, tenés que estar preparado para dar soluciones inmediatas: subir con un taller móvil, llevar lo que se necesite y tenerlo a disposición. No hay margen de espera. También hay puntos estratégicos donde hay salitas para atención básica.
¿Es importante contar con mano de obra local?
Sí, súper importante. La gente que nació ahí, que conoce el terreno, es la que mejor puede ayudarte en distintas situaciones. Uno tiene que ser muy respetuoso de ese know how. Hay que apoyarse mucho en la gente local, porque son los que realmente conocen el lugar. El valor de la Puna con los locales es superimportante.
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Es importante que las empresas que prestamos servicios en la Puna tengamos conciencia de la parte social. El desarrollo de los proveedores locales es clave. Más allá de que existan cámaras o herramientas, la estrategia tiene que ser apoyar eso. Contratar lo que se pueda localmente y ayudar a que crezcan junto con la industria minera.
¿Cómo afecta el clima a las operaciones?
En el sur no hay tantos altibajos con el clima. Pero en San Juan, por ejemplo, los inviernos son más duros y puede bajar mucho la actividad. En la Puna, las nevadas activan planes de contingencia, o paran alguna minera por bloqueo. Pero se soluciona y se sigue. Lo mismo ocurre con las lluvias en verano: se rompen caminos, se cortan accesos y demás.
Hay que buscar rutas alternativas. Pero no suele frenarse todo. Son proyectos de producción continua o de construcción que siguen.
¿Cómo se preparan para enfrentar esas condiciones?
Los proyectos mineros son exigentes. A veces te piden que lleves cadenas para nieve, por ejemplo. También que tengas hidrogrúas para sacar camiones enterrados, porque a veces el camino está bien, pero está blando y el camión se hunde. Uno no puede esperar que otra empresa suba a 4500 metros a darte una mano. Tenés que tener lo necesario.
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