
“En comercio exterior cada día es una sorpresa”, afirma Norma al describir la dinámica del sector. En esta entrevista, repasa los cambios recientes en la importación de maquinaria, el impacto de la desregulación sobre la industria nacional y los desafíos cotidianos de quienes trabajan con operaciones complejas y normativas cambiantes.
¿Qué aspectos se tienen en cuenta al momento de gestionar la importación de maquinarias industriales?
Lo primero es pedirle al cliente la folletería y el manual de la máquina. Eso nos da el contexto para posicionar correctamente la nomenclatura arancelaria y saber qué derechos e impuestos va a pagar. También hay que preguntar si la máquina es para uso propio o para reventa, porque eso modifica lo que corresponde pagar.
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Una vez definida la posición, pedimos la factura proforma, la forma de pago y detalles sobre el embarque: si será marítimo, aéreo o terrestre; si la máquina viene armada o desarmada; y cómo va a estar embalada. Todo eso nos permite ayudar al usuario a planificar mejor.
¿Qué particularidades logísticas suelen presentar este tipo de productos?
Muchas veces las maquinarias vienen desarmadas por su peso o volumen, así que hay que saber exactamente cómo vienen. Evaluamos si el embarque será en un contenedor de 20, de 40, en un flat rack, open top o suelta. Eso permite coordinar bien los costos y las necesidades del importador.
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¿Qué cambios hubo recientemente en las normativas vinculadas a estas industrias?
Se derogaron muchas certificaciones que antes eran obligatorias, sobre todo en los capítulos 84 al 90. Había posiciones arancelarias que, para importar maquinaria usada, requerían certificados previos al embarque.
Ahora ya no se piden más muchos de esos requisitos. Algunos pasaron a estar bajo la órbita de la Secretaría de Industria, como la seguridad eléctrica o el uso idóneo. Y otros directamente se derogaron. Por ejemplo, el CIBU, que era clave para maquinaria usada, ya no existe. Hoy lo único que se pide es una declaración jurada.
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¿Cómo afecta esta apertura a la industria nacional?
Muchísimo. Con estas nuevas condiciones, entra maquinaria usada a bajo costo que compite directamente con lo nacional. Antes, con los certificados, al menos se consultaba si la industria local podía ofrecer algo similar. Ahora ya no.
Eso termina afectando fuentes de trabajo, sobre todo en sectores que fabrican maquinaria agrícola o equipos de producción nacional. Aunque no haya muchas fábricas, las que existen sienten el impacto. Es una forma de ir perdiendo empleo técnico y capacidad local.
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Desde tu experiencia, ¿cómo ves el crecimiento de la importación de maquinaria en Argentina?
Está creciendo, sin dudas. Ya no hay tanto control. Por ejemplo, antes importar neumáticos requería el certificado CHAS del INTI. Era caro y engorroso, pero garantizaba cierta seguridad. Ahora ya no se necesita.
Se va a llenar el mercado con productos sin tanto respaldo. Quizás con una declaración jurada o un QR, por si lo pide la Secretaría de Industria. Pero el CHAS y el CIBU están derogados. Hubiese sido mejor reemplazar esas exigencias por un control más flexible, pero que igual garantice seguridad. No directamente eliminarlos.
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Además de los neumáticos, lo mismo pasó con lámparas, cinturones de seguridad y otros productos sensibles. Argentina es cíclica: una resolución aparece, y a los tres meses la cambian. Estamos acostumbrados a eso.
Sería más lógico aceptar certificaciones del exterior que estén homologadas, como las europeas o de normas IRAM. Pero que haya algo, que se vea que hay un control. No se trata de trabar, sino de ordenar.
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Tu primera carrera fue Analista de Sistemas. ¿Sentís que eso favoreció a tu rol como despachante?
Sí, totalmente. No ejercí formalmente en sistemas, pero me dio estructura y una lógica de control que aplico todos los días. El análisis de datos, los organigramas, te ayudan a ordenar. Y eso es clave en el comercio exterior.
¿Qué expectativas tenés para el futuro del comercio exterior argentino?
Me apasiona este trabajo, pero espero que haya un mejor control. No me refiero a más trabas, sino a un control equilibrado.
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Mi expectativa es que haya reglas más claras y parejas para todos: clientes, despachantes, operadores logísticos y también para esos privados que hoy manejan mucho. Que todos ganen.
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