Estudio revela que guardar objetos y juguetes de la infancia se asocia con síntomas de resiliencia

Un objeto querido puede ser clave para enfrentar momentos complejos y fortalecer la adaptación emocional

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(Imagen Ilustrativa Infobae)
Un vínculo con recuerdos del pasado permite desarrollar recursos internos útiles ante retos actuales. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Aunque muchas personas pueden ser criticadas por conservar objetos de su infancia, lo cierto es que este acto puede ser un rasgo positivo.

Así lo revela un grupo de investigadores asiáticos quienes encontraron que los adultos que deciden conservar juguetes de su infancia presentan mayor resiliencia frente a situaciones complicadas, al tener una mejor capacidad de adaptación emocional en circunstancias adversas.

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Este fenómeno, aunque suele provocar críticas debido a la percepción social de que se trata de un acto infantil, tiene sustento en la psicología actual y se relaciona con el desarrollo de mecanismos de regulación emocional desde etapas tempranas.

Dos niñas sentadas en un tapete multicolor, una con trenzas y la otra con cabello rizado, jugando con varias muñecas en un interior iluminado.
Un reciente estudio asiático asocia la conservación de juguetes de la infancia en adultos con niveles más altos de resiliencia psicológica. (Imagen Ilustrativa Infobae)

Conservar objetos de apego infantiles se asocia con mayores niveles de resiliencia, según estudio científico

El estudio titulado “Exploring the Relationship Between Transitional Object Attachment and Emotion Regulation in College Students”, conducido por cuatro especialistas asiáticos y publicado en PubMed Central, identifica que conservar juguetes de la infancia—ya sean peluches, mantas o muñecos favoritos—puede asociarse con una mayor fortaleza psicológica al llegar a la adultez.

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La resiliencia se define como la capacidad de adaptarse, recuperarse y mantener el equilibrio emocional ante traumas, cambios importantes o estrés, sin que esto lleve a un deterioro psicológico permanente.

Dicho proceso incluye el uso de recursos internos y externos que permiten al adulto mantenerse funcional y preservando la salud mental incluso en escenarios difíciles.

En particular, los juguetes u objetos utilizados en la infancia como figuras de apego cumplen funciones concretas en la transición hacia la independencia emocional.

Estos elementos acompañan al menor durante momentos de ansiedad, cambio o cuando necesita consuelo, formando así una base de apoyo emocional natural que influye en la forma en que gestionará emociones complejas en etapas adultas.

Tres niños sentados en un tren: uno con auriculares y un león de peluche mirando por la ventana, otro leyendo un libro y un bebé con un conejo.
La resiliencia se describe como la capacidad de adaptarse y equilibrar emociones frente a cambios, traumas o altos niveles de estrés. (Imagen Ilustrativa Infobae)

La ciencia contradice la creencia de que conservar juguetes es un acto infantil

Mientras que conservar juguetes infantiles suele verse socialmente como señal de inmadurez, la investigación mencionada sostiene que quienes mantienen estos objetos tienden a ser más resilientes y a emplear estrategias emocionales efectivas frente a dificultades.

Entre los beneficios atribuidos a los juguetes de apego que permanecen en la adultez están la capacidad de enfrentar experiencias difíciles y la posibilidad de salir fortalecido empleando recursos aprendidos desde el juego y el vínculo afectivo con los objetos.

Dentro de los aspectos destacados por la investigación figura que estos juguetes representan símbolos de seguridad y compañía.

Al conservarlos en la edad adulta, algunos individuos logran recurrir simbólicamente a esos apoyos emocionales cuando atraviesan circunstancias estresantes.

Este hallazgo sugiere que el significado interno del objeto va más allá del acto de guardarlo: convierte al juguete en un vehículo para la regulación emocional, reforzando destrezas que en la vida adulta contribuyen a mantener la estabilidad mental y el bienestar psicológico.

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