
El uso del cloro en la limpieza del hogar es una práctica común en millones de hogares, especialmente en países de México, donde se le asocia con desinfección profunda y eliminación de gérmenes. Sin embargo, cuando se trata de lavar los trastes, el uso de cloro puede levantar ciertas dudas sobre su seguridad, tanto para la salud humana como para el medio ambiente.
El cloro, en su forma comercial como hipoclorito de sodio, es un desinfectante efectivo que se utiliza para eliminar bacterias, virus y otros microorganismos.
Su efectividad lo ha convertido en un producto recomendado para desinfectar superficies, sanitarios, utensilios de cocina e incluso frutas y verduras —siempre en concentraciones adecuadas y enjuagado posterior. Sin embargo, usar cloro directamente para lavar platos, vasos y cubiertos puede no ser del todo recomendable, si no se siguen ciertas precauciones.
De acuerdo con organismos como la Organización Mundial de la Salud (OMS) y centros de control de enfermedades, el cloro no debe sustituir al jabón o detergente común para lavar los trastes.

Los residuos de alimentos y grasas deben removerse con agua caliente y jabón, ya que el cloro por sí solo no tiene propiedades detergentes. Además, si no se enjuaga correctamente, pueden quedar residuos tóxicos en los utensilios, los cuales podrían transferirse a los alimentos y representar un riesgo para la salud a mediano o largo plazo.
El principal riesgo de usar cloro en exceso o de manera inadecuada en utensilios de cocina es la ingesta accidental de compuestos clorados, los cuales pueden irritar la mucosa gastrointestinal, provocar vómito o diarrea, e incluso generar reacciones alérgicas en personas sensibles.
Además, la mezcla del cloro con otros productos de limpieza —como vinagre o amoníaco— puede generar vapores tóxicos, como el cloro gaseoso, que irrita ojos, garganta y pulmones.
En este sentido, lo recomendable es, que, si se desea desinfectar los trastes con cloro, se utilice una solución diluida, por ejemplo, una cucharadita de cloro por cada litro de agua, y se sumerjan los utensilios previamente lavados durante unos minutos.

Posteriormente, se debe realizar un enjuague abundante con agua potable para eliminar cualquier rastro de la sustancia. Esta práctica puede ser útil en situaciones donde se requiere un control sanitario estricto, como durante brotes de enfermedades infecciosas, pero no debe convertirse en una rutina diaria sin necesidad.
Para la limpieza habitual del hogar, la mayoría de los expertos en salud y microbiología coinciden en que el agua caliente y el detergente son suficientes para garantizar una correcta higiene de los utensilios de cocina.
En casos donde se desea una desinfección adicional —por ejemplo, al manipular alimentos crudos como carne o pescado— existen productos especializados que no dejan residuos nocivos y son más seguros para el contacto con alimentos.
En conclusión, aunque el cloro es un desinfectante efectivo, su uso para lavar los trastes debe ser cuidadoso y esporádico, siguiendo medidas de dilución adecuadas y asegurando un enjuague exhaustivo. Abusar de este químico puede representar un riesgo innecesario para la salud y el bienestar familiar. Como regla general, una buena limpieza con agua caliente y jabón es suficiente para mantener platos y cubiertos libres de contaminantes en el día a día.
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