
El insomnio, un trastorno que afecta a millones de personas en todo el mundo, no solo compromete la calidad de vida de quienes lo padecen, sino que también puede derivar en graves problemas de salud física y mental.
Según un estudio realizado por la Clínica de Trastornos del Sueño (CTS) de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), el uso inadecuado de medicamentos para tratar este padecimiento es una práctica alarmantemente común, con consecuencias que van desde la dependencia hasta el desarrollo de enfermedades crónicas.
De acuerdo con la investigación, publicada en la revista científica Pharmacy, el 92 % de los pacientes analizados en la CTS recurría a medicamentos de forma no recomendada.
Entre los hallazgos más preocupantes, se identificó que el 47 % de los participantes utilizaba fármacos inapropiados para su condición, mientras que el 43 % los consumía durante periodos más prolongados de lo indicado, lo que incrementa significativamente el riesgo de dependencia y efectos secundarios.
El impacto del insomnio en la población

El insomnio afecta a cerca del 20 % de la población mundial, según datos citados por la CTS. Sin embargo, esta cifra se disparó al 40 % durante la pandemia de COVID-19, un periodo marcado por altos niveles de estrés y alteraciones en los hábitos de vida.
En México, casi la mitad de los pacientes que acuden a la clínica lo hacen por problemas relacionados con este trastorno, según explicó Rafael Santana Miranda, responsable de la CTS y académico de la Facultad de Medicina de la UNAM.
El especialista señaló que más de un tercio de las personas en edad productiva no duerme lo suficiente, lo que no solo se relaciona con trastornos del sueño, sino también con factores como largas jornadas laborales, turnos rotativos y extensos tiempos de traslado. Estas condiciones contribuyen a una mala higiene del sueño, agravando el problema.
El insomnio puede clasificarse en dos tipos principales: agudo, que es temporal y suele estar relacionado con eventos específicos, y crónico, que persiste durante más de tres meses.
Este último tiene un impacto significativo en la salud, ya que incrementa el riesgo de desarrollar comorbilidades como ansiedad, depresión y enfermedades cardiovasculares o metabólicas.
El uso indebido de medicamentos

El estudio de la CTS reveló que las benzodiacepinas, como el clonazepam y el alprazolam, son los medicamentos más utilizados por los pacientes con insomnio, representando el 65 % de los casos. Otros fármacos empleados incluyen el zolpidem (21 %), neuromoduladores como la pregabalina y la carbamazepina (8 %), y antipsicóticos como la quetiapina y la olanzapina (6 %).
El uso prolongado de benzodiacepinas es especialmente preocupante debido a sus efectos adversos, que incluyen dependencia, tolerancia, síndrome de abstinencia, problemas de memoria y somnolencia diurna severa.
En adultos mayores, estos medicamentos también aumentan el riesgo de caídas. Por otro lado, el empleo de antipsicóticos sin indicación médica está en aumento, lo que agrava el problema. Estos fármacos pueden causar efectos secundarios como aumento de peso, trastornos metabólicos y problemas respiratorios, que en lugar de aliviar el insomnio, pueden empeorarlo.
Ulises Jiménez Correa, investigador de la CTS y coautor del estudio, destacó que la automedicación, las prescripciones inadecuadas y la falta de acceso a especialistas en trastornos del sueño son factores clave que contribuyen al uso irracional de estos medicamentos.
Consecuencias para la salud y la sociedad
El manejo inadecuado del insomnio tiene repercusiones que van más allá del individuo. Según los especialistas de la CTS, este trastorno mal tratado puede derivar en enfermedades crónicas como obesidad, diabetes e hipertensión. Además, los efectos secundarios de los medicamentos mal recetados pueden llevar a hospitalizaciones, generando costos médicos significativos.
En el ámbito laboral y académico, el insomnio afecta la productividad debido a la fatiga crónica y los problemas de concentración. También incrementa el riesgo de accidentes laborales y de tránsito. Dormir menos de seis horas por noche, por ejemplo, triplica la probabilidad de sufrir percances automovilísticos, según explicó Santana Miranda.
Los especialistas de la CTS subrayan que el tratamiento más efectivo para el insomnio no es el uso indiscriminado de fármacos, sino la terapia psicológica.
La terapia incluye estrategias para mejorar la higiene del sueño, como establecer horarios regulares para dormir, evitar el uso de pantallas antes de acostarse, reducir el consumo de cafeína y alcohol por las noches, y crear un ambiente propicio para el descanso.
Además, es fundamental tratar las condiciones médicas subyacentes que puedan estar contribuyendo al insomnio.
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