
Entre las ruinas de Largo di Torre Argentina, un antiguo espacio abierto que alberga la Curia de Pompeyo, lugar donde fue asesinado el otrora emperador romano Julio César, habita una pequeña colonia de gatos que se encuentran bajo el cuidado del Santuario de Gatos Torre Argentina.
En 1909, se demolieron edificios antiguos como parte de los planes de urbanización de la ciudad. Entre los escombros se hallaron restos de la Roma antigua. Tras 20 años de disputas entre múltiples dependencias de gobierno, se inauguró el “Foro Argentina” que, según información disponible en el sitio web del santuario felino, no hace referencia a la nación, sino a Argentoratum, una torre construida en el siglo XV por Johannes Burckhardt.
Las ruinas llamaron la atención de gatos callejeros y abandonados que deambulaban por la zona. El área protegida debajo del nivel de la calle ofrecía el espacio perfecto para refugiarse, por lo que pronto decenas de felinos hicieron del lugar su hogar.
Un lugar ancestral para los gatos desprotegidos

Desde aquel entonces, los animales fueron alimentados por mujeres amantes de los gatos, también conocidas como “gattare”.
Una de las “gattares” más famosas fue Anna Magnani, actriz italiana de cine y teatro ganadora de un Óscar, un Premio BAFTA y el Globo de Oro.
Ella trabajaba en el Teatro Argentina, cercano a las ruinas. Durante sus descansos visitaba a la colonia felina, les daba de comer y pasaba el rato a su lado hasta el día de su muerte en el año de 1972.
Fue hasta 1993 que dos mujeres (Lia y Silvia) se interesaron en ayudar a una persona que alimentaba, esterilizaba y castraba a todos los gatos de la colonia. Los gastos económicos eran tan grandes que estuvo al borde del colapso económico y emocional.
El trío de cuidadoras se dio cuenta de que la enorme población de, en aquel entonces, 90 gatos no paraba de crecer debido a la irresponsabilidad de las personas que abandonaban a sus mascotas, por lo que decidieron fundar el Santuario de Gatos Torre Argentina.

Los inicios del santuario no fueron muy buenos, pues en un comienzo los felinos se resguardaban en una especie de cueva debajo de la calle que contaba con una superficie de 100 metros cuadrados.
Para las cuidadoras, mantener a salvo a más de 90 gatos dentro de un espacio húmedo, de difícil acceso y sin electricidad ni agua corriente era todo un reto. El trió trabajó en estas condiciones durante un año y medio.
En 1995, una ciudadana de nombre Molga Salvalaggio puso a las cuidadoras en contacto con miembros de la Sociedad Anglo-Italiana para la Protección de los Animales (AISPA), quienes apoyaron material y moralmente a las mujeres. Les otorgaron recursos sobre cómo proteger a gatos callejeros y soluciones a sus problemas frecuentes.
Con este conocimiento, según información disponible en el sitio web del santuario, las mujeres se instruyeron acerca del cuidado felino e imitaron los modelos de protección ingleses. Recaudaron fondos al acercarse a los turistas que visitaban las ruinas.
Gracias a esto consiguieron el dinero que necesitaban y consiguieron el apoyo de un pequeño grupo de voluntarias de países como Italia, Francia, Alemania, Estados Unidos, Inglaterra, Brasil y Países Bajos. El rotundo éxito de su campaña no detuvo a las cuidadoras, pues pronto organizaron cenas, rifas y ventas en mercados para conseguir aún más dinero con el cual darle una mejor calidad de vida a los felinos.
Auge por la protección felina

La popularidad del santuario alcanzó uno de sus puntos más altos cuando Nelson, uno de los gatos de Torre Argentina, protagonizó un libro premiado escrito en 1999 por la voluntaria Deborah D’Alessandro.
Al día de hoy el refugio, considerado como el más antiguo de Roma, sigue siendo el hogar de decenas de gatos desamparados y en un lugar de promoción para la esterilización.
Los voluntarios y empleados de la organización inauguraron una cuenta de Instagram a través de la cual comparten fotografías y videos que sirven como el diario de aventuras de todos los gatos que tienen bajo su protección.
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