
El misterio sobre cómo los gatos logran girar en el aire para aterrizar de pie ha intrigado a científicos durante más de un siglo. Ahora, especialistas de la Universidad de Yamaguchi en Japón han identificado que la clave reside en la flexibilidad excepcional de la columna torácica, según detalla New Scientist.
La capacidad de estos felinos para reorientar su cuerpo en pleno aire y aterrizar sobre sus patas se debe a la columna torácica, ubicada en el centro de la espalda, que es mucho más flexible que otras regiones. Esta característica les permite girar primero la parte frontal y después la trasera, coordinando así el movimiento de forma precisa para minimizar lesiones y garantizar un aterrizaje seguro desde alturas notables.
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La habilidad de los gatos para aterrizar de pie ha sido objeto de análisis tanto para dueños de mascotas como para científicos. Desde el siglo XIX, los expertos han intentado descifrar el mecanismo mediante el cual estos animales logran estabilizarse en el aire. Aunque existen diferentes teorías, la explicación anatómica más reciente recalca la importancia singular de la columna torácica, destaca New Scientist.
El equipo encabezado por Yasuo Higurashi, de la Universidad de Yamaguchi, investigó la flexibilidad diferencial entre la columna torácica y la lumbar. Según explicó Higurashi, la región central de la columna presenta una movilidad notablemente mayor que la zona baja. Esta diferencia hace posible que los gatos segmenten su movimiento: antes de que la parte trasera reaccione, la frontal ya se ha reorientado.
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Modelos científicos sobre el aterrizaje de los gatos
Los intentos por explicar el fenómeno han derivado en tres modelos científicos principales. El primero, conocido como “movimiento de la cola”, propone que el gato utiliza su cola como propulsor para lograr el giro.
No obstante, pruebas demuestran que incluso gatos sin cola conservan la capacidad de girar en el aire, lo que resta fuerza a esta hipótesis. El físico Greg Gbur, de la Universidad de Carolina del Norte y autor de Falling Felines and Fundamental Physics, señaló a New Scientist que la función de la cola no resulta esencial, ya que los felinos sin ella logran igualmente el giro.
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Otro modelo, denominado “flexión y giro”, sugiere que el felino dobla su cuerpo casi hasta formar un ángulo recto, permitiendo que las patas delanteras y traseras giren de manera separada pero sincronizada.
El tercer enfoque es el “recogimiento y giro”. En este caso, los gatos estiran las patas traseras mientras mantienen las delanteras encogidas, rotando primero la parte delantera del cuerpo para luego reorientar la región trasera. Ninguno de los modelos logra explicar el proceso en su totalidad, pero cada uno aporta elementos relevantes para entender el complejo fenómeno.
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Gbur enfatizó a New Scientist que, aunque los físicos tienden a buscar modelos sencillos, la naturaleza prioriza la eficacia, independientemente de la simplicidad, destacando así la colaboración entre flexibilidad, secuencia de movimientos y particularidades de cada gato.
Descubrimientos recientes sobre la flexibilidad de la columna felina
Para profundizar en la explicación, el equipo japonés realizó dos experimentos. Primero, examinó la columna de cinco gatos fallecidos y comparó la rotación tolerada en las regiones torácica y lumbar sin causar fracturas.
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Los resultados demostraron que la columna torácica tenía un rango de movimiento tres veces superior al de la lumbar, permitiendo a los gatos movimientos independientes entre las dos mitades del cuerpo.
En la siguiente etapa, los investigadores utilizaron grabaciones de alta velocidad para analizar a dos gatos adultos cayendo desde una altura de un metro. Observaron que la parte delantera del cuerpo se reorientaba milisegundos antes que la trasera, validando así la hipótesis sobre la flexibilidad torácica.
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Este hallazgo llevó a Gbur a reconsiderar la importancia relativa de los modelos. Admitió a New Scientist que, tras ver la evidencia, otorgaba mayor relevancia al “recogimiento y giro”. Las imágenes de los experimentos confirmaron que la parte frontal se ajusta antes que la posterior.

Así, el análisis conjunto revela que el fenómeno resulta de una combinación de modelos y depende, principalmente, del comportamiento de la columna torácica frente a la lumbar. Esta nueva evidencia representa un avance en la comprensión del llamado “reflejo de enderezamiento” de los gatos domésticos.
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Curiosidades y preguntas abiertas sobre el giro de los gatos
Además del mecanismo anatómico, el estudio reveló un dato curioso: durante cada experimento, ambos gatos tendieron a girar hacia la derecha mientras caían. Uno de los animales lo hizo siempre en esa dirección y el otro en seis de ocho pruebas, según evaluó el equipo japonés.
El propio Gbur relató a New Scientist que en una de sus charlas, un asistente notó el mismo patrón al observar otros videos presentados al público. Señaló que, al menos de forma anecdótica, los gatos parecen mostrar una preferencia por girar hacia un lado específico, aunque la causa exacta permanece desconocida.
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Entre las hipótesis figura que podría deberse a asimetrías internas, como la disposición desigual de los órganos, que facilitarían el giro hacia un sentido. No obstante, la investigación no permite concluir aún la razón definitiva detrás de esa tendencia.
A pesar de los progresos, persisten interrogantes sobre detalles del movimiento durante la caída y sobre cómo podrían influir factores como raza o edad. Incluso los expertos coinciden en que cada felino puede elegir una estrategia propia para girar y aterrizar, lo que mantiene este comportamiento como un campo abierto para futuras investigaciones.
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