A 6 meses del Mundial de Qatar: cómo es el libro escrito para cambiar el fatídico resultado de la Final de Brasil 2014

José Eduardo Moreno publicó “Matar a Götze”, una especie de revancha literaria después de la caída de Argentina ante Alemania en el Maracaná.

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Matar a Gotze, un libro de José Eduardo Moreno
José Eduardo Moreno quiso torcer la historia de esa final perdida por Argentina.

La historia fría de las finales mundialistas dirá que el 13 de julio de 2014, en el Estadio Maracaná de Río de Janeiro, Alemania venció a la Argentina tras empatar 0-0 en los 90 minutos reglamentarios y con gol en tiempo suplementario del mediocampista Mario Götze, para alzar por cuarta vez la Copa del Mundo. Del resto, de todo lo demás, no dirá nada.

Con el tiempo la final se reducirá cada vez más a la estadística. No habrá rastros de la efervescencia de jugar ese partido en Río de Janeiro, Brasil, Latinoamérica. De la peregrinación sin precedentes de un país al que la geografía le permitió lo que la economía nunca, la chance de ser campeones del mundo después de 28 años y estar ahí para contarlo.

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Se hablará cada vez menos incluso de cuestiones propias del partido. La plancha en el área no cobrada a Gonzalo Higuaín que debió ser penal, el remate cruzado al palo de Lionel Messi que siempre entra menos ese día, o la decisión de picar la pelota de Rodrigo Palacio, cuando para tantos “era por abajo”. Y sin embargo un autor argentino pretendió cambiar las cosas.

“Tuvo que ver con una necesidad de procesar algo, todos los eventos traumáticos generan ahí una herida, algo que tiene que salir o sanar y transformarse en otra cosa”, le responde a Infobae Leamos José Eduardo Moreno, autor de Matar a Götze (Ediciones El Búho), una ficción en primera persona sobre un hincha argentino que vive por segunda vez el día de la final y se propone sabotearla a toda costa.

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Moreno, escritor, sociólogo, de 44 años, miró el partido solo en su casa de la infancia en Tres Arroyos. Recuerda esa tarde como una sucesión de imágenes tristes a las que no quiso volver hasta varios meses más tarde, cuando decidió que serían el escenario de su próximo libro.

“Fue re triste por todo lo que pasó. Yo particularmente me fui justo ese fin de semana a Tres Arroyos por cuestiones familiares y era un escenario difícil. Lo vi solo, en mi casa, con un clima medio depre, dolor, tristeza. Me había ilusionado mucho, soy especialmente sensible a los mundiales. Yo tenía ocho años en el ‘86, crecí con eso, para cualquier pibe de esa época Maradona era una deidad. Después vinieron los detractores de siempre”, cuenta.

En el año de aquel Mundial que se escurrió de las manos, Moreno ya había publicado dos libros, Operación medibacha (Planeta) y Código tripa gorda (Planeta, 2013), las primeras partes de una saga en torno al personaje de Denzel Washington Ferreira, un detective uruguayo, “espía de las Américas para salvaguardar el honor latinoamericano ante los imperialismos que lo acechan”. Denzel cumplía misiones de espionaje en medio de historias que mezclaban a por ejemplo Julian Assange con los ex presidentes Néstor Kirchner, Tabaré Vázquez y Lula da Silva. Para el final de ese año, sin embargo, una nueva idea ya había empezado a darle vueltas en la cabeza y nada tenía que ver con políticos, ni detectives.

Mario Götze fue el verdugo de la Argentina en el Maracaná.
Mario Götze fue el verdugo de la Argentina en el Maracaná.

“Creo que en el mundo futbolero hay una subfamilia mundialista, fanáticos de los mundiales”, explica el autor, que se incluye en este grupo y encuentra más de una coincidencia con el protagonista de su libro. Para enmarcarlo recurre en la charla con Infobae Leamos a una frase conocida, que parafrasea otra frase conocida de John Lennon, y que en su versión futbolera, reza: “La vida es eso que pasa entre Mundial y Mundial”.

En el relato en primera persona, Churchill, el hincha argentino que oficia de personaje central, decide emborracharse en Río de Janeiro tras la derrota de la Selección ante Alemania. Para eso, toma sin ayuda de nadie una botella de 750 cm3 de un vino de 40 pesos, Maradona Malbec, que reservaba para el festejo. Con todo ya perdido, decide ahogar penas. Cuando despierta, en un imprevisto giro espacio-temporal, se encuentra por segunda vez viviendo la mañana de la Final y esta vez se propone cambiar la historia.

El título Matar a Götze contiene la que podría haber sido una de todas las soluciones posibles para que Argentina evitara esa derrota. Es que, más allá de todas las variables que podrían torcer el destino de esa Final en el Maracaná, en la cabeza del subcampeón, desde ese día, hay un verdugo con nombre y apellido. Si el delantero alemán no hubiera estado ahí, la historia podría ser otra.

“El título plantea matarlo para que no nos haga el gol y no por haberlo hecho”, aclara Moreno. En la portada de su libro, Mario Götze aparece en el visor de un francotirador. Y es que en la subjetividad irracional del hincha, el mediocampista alemán fue el principal obstáculo entre la realidad y la fantasía de ver a la Argentina conquistar la Copa del Mundo. A pesar de eso, lo que se cuenta no es la historia de un crimen.

Lo que el personaje de Churchill hace es lo que cualquiera en su lugar habría intentado hacer, y lo que Moreno hace es volver verosímil lo inverosímil. El protagonista sortea obstáculos, roba credenciales, se cuela en el Maracaná e intenta llegar a los jugadores, al cuerpo técnico, advertir a Higuaín, contarle algo de lo que puede pasar al técnico argentino, Alejandro Sabella. Una fantasía deportiva que entretiene y avanza con ritmo de película de acción.

- ¡¿Qué pasó Camacho?!

- Un boludo en un Volkswagen se incrustó contra la esquina. Se hizo mondongo.

- ¡¡¿Otro más?!!

- ¿Por qué otro más?

- Si ayer a la mañana chocó uno… a esta hora…¿Cómo quedaron estos?

- Que se yo, parece que se la dieron fuerte.

- A ver, dejame ver…

- ¡¡La puta que la parió!!

- ¿Qué pasa Churchill?

- ¡¡Es igual al de ayer!!

- ¿De qué hablás Churchill?

- ¡El choque de ayer pelotudo! ¡¿No te acordás!?

- ¿Qué choque?

- ¡Ves que estás limado! Ayer, a la mañana, cuando nos levantamos…

- …

- No me mires con esa cara de pelotudo.

- ¿Ayer?

- ¡Sí, cuando nos levantamos! ¿No te acordás, que nos tomamos unos mates, yo me fui al baño y chocaron? Que yo te pregunté desde el baño. Igual que hoy…

- Me parece que estás tomando de la mala, Churchill.

- Me parece que tenés el cerebro tan quemado Camacho que no te acordás ni lo que pasó ayer.

- Que buena peli esa…

- ¿De verdad no te acordás?

Con ese ida y vuelta, el diálogo como uno de los puntos fuertes del relato, Moreno avanza en una propuesta diferente, fresca, una historia imposible sobre un hecho de la realidad como un partido de fútbol y no cualquier partido de fútbol sino la final de un Mundial. Un evento compartido con el lector, que ya vio eso que le van a contar, pero al que le proponen otra versión de las cosas.

“Yo creo que el diálogo les da ritmo a los textos, les da agilidad. Me resulta muy divertido pensar cómo hablarían determinadas personas en determinadas situaciones y llevarlo un poco al llano, a lo coloquial. Imaginarme a los presidentes medio en bolas, que en algún nivel debe existir, momentos en que esos tipos hablan como no hablan en publico”, desarrolla Moreno, que eligió además para el libro la primera persona porque la creyó “la mejor manera de involucrar al lector o la lectora”.

“A mí me interpela una buena idea, cuando miro una buena serie, una buena película o leo un libro”, dice y reconoce que hay algo por ejemplo de El día de la marmota, el film de 1993 donde Phil Connors (Bill Murray) despierta una y otra vez el mismo 2 de febrero. A eso se vienen a sumar las influencias de dos de los autores que mejor entrelazaron realidad, ficción y la fibra sensible del fútbol:. Roberto Fontanarrosa y Osvaldo Soriano.

Osvaldo Soriano es una de las más grandes influencias del autor.
Osvaldo Soriano es una de las más grandes influencias del autor.

“No soy nada original en ese sentido, Fontanarrosa y Soriano en mi juventud fueron mis primeras lecturas. Me encantaron, me atraparon y por ese lado, con esa mirada del mundo, con ese lenguaje, con esa sensibilidad, creo que soy una mezcla de eso y de otras cosas. Después de Brasil sin duda somos el país más futbolero y a nivel literario y estilístico empiezan a aparecer esas voces también. Y sí, realmente esos tipos fueron los que mejor contaron un picadito en un descampado”, define. No agota en los relatos de fútbol la influencia sino que trae a la conversación Triste, solitario y final, la primera novela de Soriano, una historia de detectives.

“Lo que yo tomo de ahí es ese juego con la realidad, esa entrega de los Oscars en la que está Chaplin, ese jugar con personajes reales”, dice, acerca de un recurso que hizo suyo en todos sus libros, pero sobre todo en Matar a Götze, porque a lo largo de esas 154 páginas transita un evento reciente, conocido y compartido. La primera dificultad con la que se encontró tuvo incluso que ver con eso. Con una herida que todavía estaba abierta en los lectores. “Me encontré con resistencias para leerlo. Lo entiendo porque a mí escribirlo me costó, tuve que volver a ver la final y fue doloroso. Muy doloroso. Y a la gente le pasó lo mismo, no tenían ganas de revivir eso”, comparte.

“Quería jugar con lo verosímil y lo inverosímil, una vez que se creen lo primero, quería que el resto resultara posible”, dice Moreno, sobre ese pedido grande que le hace al lector, el de animarse a jugar el juego que le propone. Es por eso que el bucle temporal es casi lo único que no podría haber ocurrido en su historia. Tanto así que sobre la reacción que más abunda en los lectores de Matar a Götze, está la de “compartir lo que habrían hecho ellos si hubieran estado frente a los obstáculos con los que se encuentra el protagonista”.

“Bernard Shaw ha declarado que toda labor intelectual es humorística”, sentencia Jorge Luis Borges en el prólogo de 1954 de Historia universal de la infamia, donde refiere pocas líneas después sobre los 16 cuentos que contiene el libro y juegan con el barro de crímenes reales a los que les da una nueva forma: “Son el irresponsable juego de un tímido que no se animó a escribir cuentos y que se distrajo en falsear y tergiversar (sin justificación estética alguna vez) ajenas historias”.

“Yo empecé a escribir desde el humor. Con el correr de los libros eso empezó a tener un peso menor, seguí queriendo que estuviera presente porque a mí me gusta, sobre todo con Operación Medibacha, que es casi una sumatoria de chistes. Después, en los otros eso ya no es tan así aunque el formato es similar. En el medio iba prestando atención a cuestiones estilísticas”, explica Moreno sobre su propio proceso, casero, que comenzó en un intento por romper con una “forma académica de escribir”, vinculada a sus trabajos como profesor. El ejercicio se terminó convirtiendo en una saga detectivesca de tres libros, los dos primeros publicados por Planeta y el tercero, por El Búho.

En este 2022 mundialista, en la previa de una Copa del Mundo que se va a jugar en el atípico mes de noviembre, Moreno piensa en Matar a Götze como el libro que necesitó escribir después del que pudo ser el Mundial perfecto y no lo fue. Un libro que si pudiera volver en el tiempo y cambiar la historia, elegiría no haber tenido que escribir. “Fue muy desde lo catártico, desde el hincha, desde lo sentimental. La literatura te permite eso, modificar cosas que la vida no”, dice.

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