
Claudio Javier Villamide -condenado hoy por la tragedia del ARA San Juan- se declaró inocente, cuestionó que la fiscalía no hubiera precisado cuál era la conducta concreta que le reprochaba y aseguró que el proceso significó, en los hechos, un juicio contra la Armada Argentina y el ejercicio del comando en el mar.
Lo hizo este miércoles durante la instancia de las últimas palabras, inmediatamente antes de que los magistrados del Tribunal Oral Federal de Santa Cruz, con sede en Río Gallegos, se retiraran a deliberar para dictar el veredicto por el hundimiento del ARA San Juan.
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Dos horas después, Villamide fue condenado por mayoría a tres años de prisión de ejecución condicional por incumplimiento de los deberes de funcionario público en concurso ideal con estrago culposo agravado por el resultado muerte. Los otros tres acusados -Luis Enrique López Mazzeo, Héctor Aníbal Alonso y Hugo Miguel Correa- fueron absueltos por unanimidad.
Al momento de los hechos del 15 de noviembre de 2017, Villamide tenía el grado de capitán de navío, contaba con serias posibilidades de ascender a contralmirante y se desempeñaba como comandante de la Fuerza de Submarinos. Desde ese cargo tenía bajo su responsabilidad el control operativo y el alistamiento general de las tres unidades submarinas con las que contaba entonces la Armada: el ARA Salta, el ARA San Juan y el ARA Santa Cruz.
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Era, además, el superior directo de Pedro Martín Fernández, comandante del ARA San Juan, capitán de fragata al momento del naufragio y ascendido post mortem al grado de capitán de navío.
Villamide fue destituido de la Armada en marzo de 2021 por decisión de un Consejo de Guerra realizado por orden del Ministerio de Defensa y en el ámbito del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Armadas. La sanción implicó la pérdida de su grado, de su estado militar y del derecho a utilizar el uniforme.
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El juicio comenzó el 3 de marzo y se extendió durante más de 30 jornadas, en las que declararon cerca de 100 testigos, entre expertos submarinistas, ex comandantes, oficiales y suboficiales de la Marina. El objetivo central debate fue evaluar el estado material del submarino antes de que zarpara el 25 de octubre de 2017 desde la Base Naval Mar del Plata rumbo a Ushuaia.
Durante las audiencias se analizaron las tareas de mantenimiento pendientes, las pruebas realizadas antes de la partida, las condiciones de operatividad del submarino y la eventual incidencia de esos factores en la tragedia.
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El ARA San Juan implosionó el 15 de noviembre de 2017, a las 10.52, después de que alrededor de las 22 del día anterior se produjera un ingreso de agua de mar a través del sistema de ventilación, que alcanzó el tanque de baterías de proa. En su última comunicación con el comando en tierra, transmitida a las 7.19, el buque informó que se dirigiría a plano de seguridad para descansar del temporal que había atravesado en superficie y luego realizar el control de daños.
Qué dijo Villamide
“Buenos días, señores miembros del tribunal”, comenzó Villamide, antes de anticipar que no volvería sobre todos los aspectos discutidos durante el debate.
Ante los jueces Mario Gabriel Reynaldi, Luis Giménez y Enrique Baronetto, afirmó: “No voy a referirme, porque que ya se ha hablado cuantiosamente, sobre lo acontecido, sobre las responsabilidades, sobre la injerencia de la política; simplemente voy a decir, tal cual el día que me senté en mi declaración indagatoria, que soy inocente. Y al día de hoy, no entiendo claramente por qué me han acusado por el naufragio del submarino”.
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El ex comandante indicó que durante el proceso no se había precisado cuál era el comportamiento concreto que se le atribuía ni de qué manera habría contribuido al desenlace.
“No sé, y no me han podido indicar taxativamente, qué es lo que hice mal y cuál fue el incumplimiento a mis deberes que ocasionó la pérdida del control del buque, su ida a pique y su naufragio. Ingresé a la Armada a los 19 años de edad, cumplí y me eduqué y me instruí y me capacité de acuerdo a todos los requerimientos que me puso la Armada. Y me desempeñé cumpliendo los reglamentos y los procedimientos navales de la manera que la Armada esperaba de mí. Por esa razón, es lo que digo que no entiendo claramente por qué estoy aquí”, expresó.
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Villamide dirigió entonces sus cuestionamientos hacia la acusación formulada por el Ministerio Público Fiscal.
“La fiscalía nunca me indicó claramente la acusación: leí más de una vez el requerimiento de elevación a juicio y no lo podía entender técnicamente. Al día de hoy, no sabemos por qué se fue el buque, pero, sin embargo, nos acusan”, expresó.
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También recordó que declaró en indagatoria en tres oportunidades y aseguró que siempre estuvo dispuesto a responder las preguntas de los acusadores.
“Declaré tres veces en este tribunal, y me puse a disposición de la fiscalía y de las querellas para que me preguntaran, y nunca me preguntaron nada, con excepción del Dr. Tagliapietra. Nunca me preguntaron nada, pero sí me acusan”, planteó.
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A partir de allí, Villamide sostuvo que el proceso había excedido el análisis de las conductas individuales de los cuatro imputados y se había convertido en un cuestionamiento más amplio contra la institución.
“De alguna manera, aunque se ha dicho que no, esto es un juicio a la Armada, porque a nosotros nos han preparado, y cumplimos procedimientos. Lo mismo fue en ese momento: más aún, más nos apegamos a ellos porque nos indicaban lo que específicamente debíamos hacer, y así lo hicimos. Aquí se está cuestionando a los reglamentos y a la Armada misma. Es un ataque directo al ejercicio del comando en el mar”, afirmó.
El ex jefe naval reivindicó la formación recibida y remarcó que quienes eligen la carrera militar aceptan desde el comienzo los riesgos y las exigencias propias de la profesión.
“Nuestra profesión ha sido siempre riesgosa y todos nosotros, cuando ingresamos a la Armada, así lo aceptamos. Siempre lo supimos y siempre convivimos con eso. Siempre supimos que íbamos a estar ausentes en momentos importantes para nuestras familias, y así lo aceptamos, porque es parte de este trabajo”, señaló.
Para ejemplificarlo, se refirió a un despliegue reciente de militares argentinos en el exterior.
“¿Creen ustedes que hace dos semanas, cuando aconteció el terremoto en Venezuela, los infantes de marina que están desplegados ahí se imaginaron siquiera que iban a estar en este momento en Venezuela, que ellos no iban a tener circunstancias familiares que debieron resignar? Sin embargo, allí fueron, a otro país y a servir, simplemente porque se los ordenaron, resignando a sus familias y sus cuestiones”, expresó.
Dirigiéndose a los representantes del Ministerio Público Fiscal y de las querellas, añadió: “Y gracias a Dios que esto es así; gracias a Dios que hay gente que todavía quiere servir. ¿Se imaginan ustedes lo que sería para nuestra sociedad si no existieran? Como ustedes sirven, también”.

La destitución y el impacto familiar
Villamide dedicó otro tramo de sus últimas palabras a describir las consecuencias que la investigación, el proceso disciplinario y la exposición pública tuvieron en su vida profesional y personal.
“Este proceso, de 8 años y medio, en particular para mí tuvo un impacto altísimo, no solo por mi destitución, la pérdida de mi grado, de mi estado militar, de mi derecho a usar el uniforme -que ni siquiera me lo pude poner en el casamiento de mi hija-, la pérdida del derecho a mi haber luego de 38 años de servicio; la asignación de una pensión a mi mujer del 75% de mi haber, teniendo un hijo en edad escolar; la pérdida de mi obra social en el medio de la pandemia cuando me encontraba bajo atención médica, sin hablar de la afectación a mi imagen, a mi prestigio por la condena social que se recibió, porque ustedes saben que se habló de todo”, enumeró.
Sin embargo, destacó que durante el juicio los jueces pudieron oír directamente a los especialistas de la fuerza naval.
“Pero por primera vez escucharon a los submarinistas acá. Acá los escucharon y opinaron y ustedes vieron la prueba. Y opinaron como opinábamos nosotros”, afirmó.
El ex comandante aseguró que el impacto no se limitó a su situación personal, sino que alcanzó a todos los integrantes de su familia.
“Este perjuicio, además, no solo me impactó a mí, alcanzó a mi familia. Y la verdad que eso no está en el contrato social que uno acepta con la Armada cuando decide servir. Mi familia en persona lo recibió. Mi mujer, que trabaja en la Armada, mi hijo, que está en la Armada, e incluso mi hijo menor de edad, que en la escuela tuvo que soportar comentarios y padecer observaciones infundadas de profesores que no sabían que él estaba ahí”, señaló.
A partir de esa experiencia, dijo, comenzó a preguntarse si valía la pena prestar servicio en las Fuerzas Armadas.
“Entonces, irremediablemente uno se pregunta a esta altura si vale la pena servir a la Nación, si vale la pena ingresar a la Armada o a las Fuerzas Armadas de la Nación sabiendo que uno va a tener siempre un sueldo bajo, va a estar ausente, va a trabajar las 24 horas del día los 365 días del año en una actividad riesgosa, muchas veces ingrata desde el punto de vista familiar por las ausencias y lo que uno resigna, donde hay guardias permanentes, impagas, donde prima la necesidad del servicio por la necesidad personal”, expresó.
Y agregó: “Se pretende que demos la vida por la Patria, y, sin embargo, ante la ocurrencia de un hecho trágico, luctuoso, lo primero que se hace es arrojarnos a la arena mediática y judicial para satisfacer la necesidad social de encontrar culpables”.
El mensaje a los familiares
El ex oficial también dirigió parte de su intervención a las familias de los 44 tripulantes y recordó las oportunidades en las que, después de la desaparición, expresó personalmente sus condolencias.
“A los familiares les he expresado las veces que tuve oportunidad, el 6 y 7 de diciembre de 2017, que participé en el parte diario, y también en la Comisión Bicameral, mi más profundo dolor y pésame por la pérdida sufrida. Sé que no hay nada que pueda llenar el dolor ante la ausencia de sus seres queridos, nada que yo pueda decir”, manifestó.
Luego, explicó que conocía personalmente a gran parte de la dotación y que había compartido navegaciones y actividades con muchos de sus integrantes.
“Pero sí quiero que sepan que ellos fueron compañeros nuestros: yo navegué con muchos de ellos, tal cual comentó el señor capitán Alonso; compartí navegaciones, cumpleaños, ejercitaciones, trabajos; yo conocía a la mayoría de los suboficiales y a más de la mitad de la Plana Mayor; ¿cómo no vamos a tener dolor?”, preguntó.
Villamide reconoció que el dolor de los integrantes de la fuerza era distinto del atravesado por los familiares, aunque reivindicó el vínculo cercano que existe entre los submarinistas.
“Naturalmente, es distinto, es cierto, no puedo estar en el lugar de ellos y no voy a sentir lo mismo, pero nosotros perdimos camaradas, compañeros de trabajo en un trabajo distinto a otros, donde realmente existe un vínculo cercano”, reconoció.
Después, volvió sobre la ausencia de preguntas durante sus declaraciones.
“Ojalá me hubieran preguntado, porque creo que hubiera podido dar satisfacción a las dudas que ustedes hubieran tenido”, les dijo a los representantes de la fiscalía y de las querellas.
“Mis submarinistas”
En otro momento de su exposición, Villamide describió la imagen que conservaba de los 44 integrantes de la dotación.
“Yo les voy a decir cuál es mi percepción de mi tripulación: la tripulación del submarino ARA San Juan era orgullosa por la tarea que hacía. Por ser submarinistas. Ellos demostraron incansablemente el cariño que tenían por su buque y el trabajo permanente que realizaban por mantenerlo en la mejor condición posible. De alta idoneidad y calidad profesional. Mi absoluto reconocimiento a ellos”, expresó.
El ex comandante rechazó que los tripulantes hubieran tenido temor de embarcarse o de navegar en inmersión.
“Mis submarinistas, los submarinistas argentinos, no eran personas o jóvenes con miedo a embarcar e irse a inmersión: todo lo contrario, siempre fueron orgullosos de lo que hacían. Siempre se mostraron entusiasmados con navegar, y mucho más con la ida a Ushuaia”, manifestó.
Villamide retomó entonces la pregunta que había formulado sobre la vocación de servicio y dio su respuesta.
“Planteada la pregunta que me he hecho antes: si vale la pena servir a la Patria: sin duda, sin duda vale la pena, a pesar de lo que nos toque”, afirmó.
Antes de concluir, pidió a los magistrados que tuvieran especialmente en cuenta los testimonios de los submarinistas que declararon durante el debate oral, ya que “ellos han explicado tal cual lo ven, lo aprendieron y los usos y costumbres, cómo se evaluaba una unidad y cómo percibían el estado del submarino. Ustedes los han escuchado; ellos son los únicos del país que han ejercido esta actividad”.
El homenaje final a la dotación
En el cierre de sus últimas palabras, Villamide reflexionó sobre la dureza de la carrera militar y rindió homenaje al comandante Pedro Fernández y a los otros 43 tripulantes.
“El señor capitán Fernández, junto a toda su tripulación, desde el señor capitán Bergallo hasta el cabo más moderno de la dotación, el cabo Niz, han honrado las más altas tradiciones brownianas y de la Armada Argentina: el submarino San Juan constituye hoy un hito en las profundidades que demarca el límite a todo el mundo de nuestra soberanía marítima. Muchas gracias”, concluyó.
Después de escuchar la intervención de Villamide y de los otros tres acusados, los magistrados del Tribunal Oral Federal de Santa Cruz se retiraron a deliberar.
Dos horas más tarde, lo condenaron por mayoría a tres años de prisión en suspenso, le impusieron una inhabilitación especial para ejercer cargos públicos por el doble del tiempo de la condena y fijaron una serie de reglas de conducta durante tres años.
Los fundamentos de la sentencia serán dados a conocer el próximo 21 de agosto.
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