El avance de la inteligencia artificial cambió la manera de aprender, trabajar y recordar información. Este proceso, que se observa en escuelas, universidades y ambientes laborales, genera oportunidades, pero también despierta preguntas sobre los efectos en la mente.
¿Cuáles son los verdaderos riesgos de depender de la tecnología para resolver problemas cotidianos? ¿Puede haber un costo cognitivo real? Estas dudas formaron parte del diálogo en Infobae Talks Insights AI, donde la periodista Agostina Scioli entrevistó al biólogo e investigador del CONICET, Dr. Fabricio Ballarini.
Con un doctorado y un postdoctorado en la UBA, actualmente dirige el Departamento de Ciencias de la Vida del ITBA y el Laboratorio de Neurociencia Traslacional en la Facultad de Medicina (UBA). Además, realiza divulgación científica en medios digitales y televisión, y es autor del libro Rec.
El cerebro trabaja menos al usar tecnología
Como sucede con otras transformaciones tecnológicas, la neurociencia busca entender cómo se modifican la exigencia mental, la atención y la memoria frente al uso intensivo de estas herramientas digitales. La comodidad de delegar funciones en la IA renueva el debate sobre sus inquietantes efectos en los procesos de aprendizaje.
Durante la última edición de Infobae Talks, Ballarini relató los resultados de un estudio reciente: “Hace poco salió un preprint, que es un trabajo científico sin revisión de pares, revelando el análisis de tres grupos de personas que desarrollaron un texto: unos usaron Google; otros, ChatGPT y el resto, ninguna de estas herramientas. De esta manera, se evaluó qué conectividad o qué regiones del cerebro se le activaba a cada equipo.
Según el entrevistado, el relevamiento detectó que las personas que usaban menos tecnología requerían de una mayor demanda cognitiva. En cambio, quienes utilizaron más herramientas reportaron un menor nivel de exigencia.
Para Ballarini, la tendencia a delegar tareas en herramientas digitales no es nueva: “El uso del celular, el GPS o la tecnología en general atrofia algunas funciones: las cuestiones atencionales, la memoria. Si yo deposito todo en una herramienta de este tipo, mi cerebro va a trabajar menos”.
Aprender a regular el vínculo con la IA y mantener el pensamiento crítico
Ballarini remarcó la importancia de tener un enfoque equilibrado: “Está bien perderle el miedo de las cosas. Sin embargo, también hay que tener pensamiento crítico y hacerse buenas preguntas”. Ante la masividad de inteligencia artificial y aplicaciones, el experto planteó que la clave está en el uso responsable de la herramienta.
Otro punto central en el que hizo foco el entrevistado fue en cómo van a evolucionar las funciones de los humanos: “La gran pregunta es: en el momento en que le cedemos una tarea a la tecnología, ¿qué voy a hacer yo? Esa es la gran pregunta que nos tenemos que hacer”.
Consultado por Agostina Scioli sobre los posibles efectos a largo plazo, Ballarini aclaró que potencialmente existiría un costo cognitivo. Sobre todo, en los entornos educativos. “Hay una hipótesis de que las personas que se relacionan tanto con un chatbot podrían tener como un tipo de atrofia o vagancia cognitiva, pero es una idea que hay que ponerla a prueba. No estamos seguros de eso”, manifestó.
El propio investigador aconsejó no apresurar conclusiones: “Hay que tomarlo con pinzas, porque es una publicación con un grupo chiquitito de personas y no hay que establecer una teoría a partir de un solo trabajo”.
Memoria, aprendizaje y futuro del rol humano
En Infobae Talks IA, Ballarini también comentó antiguos estudios sobre la memoria: “Los que tienen la goma y borran se acuerdan un montonazo, porque inconscientemente la noción es: si no lo recuerdo, lo pierdo. Los que escriben en computadora es como si no tuviesen registro”.
No obstante, señaló que el posible impacto de la inteligencia artificial puede variar según el momento vital o el entorno de uso. Afirmó que quizás no es lo mismo para un adulto que para un joven o para funciones laborales.
Al final del diálogo, el profesional reflexionó sobre la adaptación cultural y el papel de la humanidad ante el avance digital: “Estamos eligiendo cederle a la tecnología muchas funciones y no entendemos muy bien si ese rol nos va a significar algún favor o le estaremos siguiendo el juego a una herramienta casi como en una película futurista”.
Frente a este panorama, la conclusión de Ballarini fue contundente. Para él, la clave está en preguntar, regular el uso de la IA y sumar información. Pero, sobre todo, en no tener miedo: cuanto mayor sea la cantidad de datos, mejor será la adopción a la inteligencia artificial.
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