
La demanda global de soja incrementa año a año y la Argentina es uno de los mayores productores de este cultivo a nivel mundial. Para seguir conquistando y reteniendo mercados es necesario que lo haga bajo un marco de responsabilidad sin comprometer al medioambiente ni a la sociedad.
Garruchos Agropecuaria tiene más de 20 años de trayectoria y -en línea con esta forma de hacer negocios- logró la certificación como productor responsable con el estándar CRS (Certified Responsible Soya) para sus campos agrícolas San Francisco, La Magdalena y San Jerónimo, ubicados en las provincias de Córdoba y Buenos Aires.
El principal objetivo de esta certificación es garantizar cadenas de suministro gestionadas responsablemente y orientadas a la mejora continua. A partir de esta primera experiencia, que demandó de un gran trabajo en equipo, la compañía deberá renovar su certificado año a año, recibiendo auditorías exhaustivas que buscan evidenciar su compromiso con el medio ambiente y la comunidad en la que se desarrollan.

Para obtener la certificación es necesario cumplir con siete principios vinculados directamente con el medioambiente, la producción y la comunidad.
Es conocido que la soja se comercializa a granel, pero a pesar de esto se debe poder justificar el origen y proceso productivo del grano por lo que el primero de estos indicadores es la trazabilidad, ya que la soja certificada debe entrar en el mercado de una manera medible desde que se siembra la semilla hasta que se cosecha.
Por otra parte, los productores que apliquen a esta norma deben cumplir, sin excepción, todas las normativas legales y regulaciones vigentes, como también cumplir con los requerimientos detallados en el estándar de CRS, por eso el segundo requerimiento de la certificación es el cumplimiento legal.
Es fundamental para lograr este estándar que la compañía productora asegure las condiciones laborales seguras y justas a todos sus empleados. Este principio contempla que las personas que trabajan en la compañía, ya sea colaboradores o contratistas, cuenten con una remuneración acorde a las tareas realizadas, que se respeten sus derechos, prohíbe el trabajo infantil o precarizado y busca promover ambientes de trabajo libres de violencia.

Además para lograr la certificación es imprescindible poder demostrar la tenencia y el derecho legal sobre la tierra y no deben existir reclamos sin resolver entre el campo y otros grupos.
El quinto principio apunta a limitar los posibles impactos negativos sobre la tierra donde se produce soja y sobre la biodiversidad del establecimiento en el que se encuentre la producción. Esto incluye cero deforestación y cero conversión de paisajes naturales a campos productivos. Este punto busca proteger la fauna y la flora nativa. Además, se encuentra prohibida la quema de residuos de cualquier tipo.
Otro punto importante es la responsabilidad social por lo que la empresa certificante debe tener canales de comunicación abiertos a la comunidad, como un teléfono o mail de contacto en la web y entradas a los campos, para mantener un diálogo fluido y bidireccional. De esta manera, se busca que cualquiera pueda presentar reclamos, quejas o propuestas que deben ser atendidas. Todo debe ser documentado y resuelto en un tiempo prudente.

De esta manera, Garruchos busca impulsar un programa de relación con la comunidad e implementar programas o acciones concretas según las necesidades de los habitantes de las zonas en dónde se encuentran presentes sus operaciones.
Por último, el principio de buenas prácticas agrícolas evalúa el uso y manejo adecuado de los productos fitosanitarios, el buen estado y mantenimiento de la maquinaria agrícola, el adecuado manejo de residuos, las pautas de seguridad alimentaria y busca relevar que las prácticas productivas no afecten a las comunidades vecinas.
En el caso de Garruchos, los establecimientos agrícolas trabajan con agricultura de precisión, utilizando la última tecnología para medir los nutrientes en el suelo y reponer lo necesario para evitar su deterioro.

“CRS es una certificación voluntaria que asegura la responsabilidad del productor de soja a lo largo de todo el ciclo del cultivo, pero también con el medio ambiente y la comunidad. Para nosotros, fue un proceso desafiante, que nos dejó muchos aprendizajes como equipo de trabajo”, aseguró Toia Rudderforth, jefa de medio ambiente y auditoría de Garruchos Agropecuaria.
La certificación CRS es parte del desarrollo de la compañía holandesa Cefetra, que abastece de materias primas agrícolas a la industria alimentaria y de combustibles desde hace más de 120 años. El principal objetivo de esta certificación es garantizar cadenas de suministro gestionadas responsablemente y orientadas a la mejora continua.
Garruchos Agropecuaria es la compañía de agronegocios de Insud, con más de 20 años de trayectoria en la producción de carne, leche y granos y tiene establecimientos productivos en cinco provincias argentinas.
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