
El retrato que mostró a María Antonieta casi desnuda ante toda Francia generó un escándalo sin precedentes en el Salón de París de 1783: la pintora Élisabeth Vigée Le Brun la había representado con un simple vestido de muselina de algodón —una prenda prácticamente idéntica a la ropa interior de la época—, sin maquillaje y con el cabello sin empolvar. La obra fue retirada en cuestión de días.
El cuadro, conocido como Marie Antoinette en robe de mousseline, mostraba a la reina con una robe en chemise —también llamada chemise à la reine—, una prenda de origen criollo que servía de bata informal al levantarse por la mañana. El vestido había sido diseñado por la modista Rose Bertin, favorita de la reina y una de las figuras más influyentes de la moda parisiense del momento, según recoge Artnet News. Vigée Le Brun ya se había retratado a sí misma con una variación de esta prenda en 1782, pero lo que resultaba aceptable para una pintora burguesa era inadmisible para la soberana de Francia.
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La ropa interior de la reina escandalizó al público del Salón de París
El vestido cometía, a ojos de la sociedad versallesca, dos pecados graves e igualmente imperdonables. El primero era estético: la robe en chemise consistía en una prenda suelta de algodón blanco, sin corpiño ni falda estructurada, con mangas abullonadas hasta el codo y volantes en el escote, ceñida únicamente por una faja en la cintura natural. Según la historiadora de la moda Phyllis Tortora, citada por el Fashion History Timeline del Fashion Institute of Technology de Nueva York, la prenda “se asemejaba a la chemise interior de la época, pero, a diferencia de esta, tenía cintura y una falda suave y fruncida”. Su semejanza con un camisón de dormir era innegable, y los visitantes del Salón consideraron que se presentaba a la reina —hija de emperadores, señora de Versalles— en ropa interior.
El segundo pecado era político. La muselina empleada procedía de las Indias británicas, un tejido importado que nada tenía que ver con la seda de Lyon, pilar de la industria textil francesa. Para una reina que ya arrastraba el sobrenombre de L’Autrichienne —la austriaca, término que sus detractores pronunciaban como insulto y que algunos hacían sonar deliberadamente parecido a autruche, “avestruz”—, aparecer vestida con tela importada en un retrato oficial equivalía a una declaración de antipatriotismo. Un crítico de la época llegó a proponer, según recoge Artnet News, que el cuadro se titulara “Francia vestida de Austria, reducida a cubrirse con paja”.
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Vigée Le Brun pintó más de 30 retratos de la reina a lo largo de su carrera
La pintora, nacida en París en 1755, era por entonces una de las artistas más solicitadas de la aristocracia francesa. Su catálogo superaría con el tiempo las 800 obras, de las cuales unos 600 son retratos, en su gran mayoría de damas de la alta nobleza. El mismo año del escándalo, 1783, la propia María Antonieta intervino para que Vigée Le Brun fuera admitida en la Academia Real de Pintura y Escultura (Académie Royale de Peinture et de Sculpture), según documenta el Fashion History Timeline del FIT. La pintora presentó como obra de recepción La Paz trayendo la Abundancia, conservada hoy en el Museo del Louvre de París.
El estilo de Vigée Le Brun se distinguía del rococó recargado que dominaba la corte: sus modelos aparecían en poses naturales, con atributos sencillos —una flor, una cesta, un fondo de paisaje— que evocaban la vida privada más que el aparato ceremonial. La historiadora del arte Mary Sheriff apuntó que el retrato escandaloso “fue leído como indicativo del deseo de la reina de escapar de ser francesa, de introducir lo extranjero en el corazón del reino”, según recoge Artnet News. Ese enfoque, que encantaba a la propia María Antonieta, fue precisamente el que desencadenó la crisis de 1783.
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El cuadro fue retirado del Salón y sustituido por una versión más convencional
Tras la retirada del retrato, Vigée Le Brun tuvo que ejecutar a toda prisa una segunda versión destinada a ocupar su lugar antes de que cerrara el Salón. En esta nueva obra, conocida como Marie Antoinette à la rose, la reina aparece en la misma postura con una rosa en la mano —símbolo de su linaje Habsburgo, según señala Artnet News—, pero ataviada con un elegante vestido de seda azul grisáceo adornado con encaje y un lazo, collar de perlas y pulseras a juego, y un elaborado peinado coronado por un sombrero con tres plumas vistosas. El tejido elegido, la seda francesa de Lyon, corregía implícitamente el mensaje político del primer retrato. La presentación de esta segunda versión fue recibida con gran éxito, se realizaron varias réplicas y su exhibición impulsó notablemente los precios de las obras de la artista, de acuerdo con el Barnebys Magazine. El original se ha perdido, pero una copia se conserva en el Palacio de Versalles.
El escándalo no frenó la trayectoria de la prenda. La robe en chemise acabaría convirtiéndose en la moda dominante en Francia a finales del siglo XVIII: las damas de la corte no tardaron en hacer cola para posar vestidas de muselina a imitación de su soberana, y en 1784 la duquesa de Devonshire Georgiana Cavendish llevó uno de estos vestidos a un concierto en Inglaterra, donde la moda se extendió con igual rapidez, según documenta el Fashion History Timeline del FIT. Vigée Le Brun, por su parte, huyó de Francia en 1789 con el estallido de la Revolución y pasó los trece años siguientes recorriendo las cortes de Europa.
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