Mayak, el Chernóbil secreto: la explosión química que durante 30 años no existió para el mundo y contaminó los Urales soviéticos

Una falla en el sistema de refrigeración provocó el estallido de un depósito con residuos altamente radiactivos en la Unión Soviética. Ocurrió el 29 de septiembre de 1957

Planta nuclear Mayak Unión soviética
una reacción química provocó una explosión de una potencia estimada en decenas de toneladas de TNT en Mayak
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El cielo de los Urales comenzó a cambiar aquella tarde del 29 de septiembre de 1957. En una zona que prácticamente no figuraba en los mapas, una enorme explosión sacudió el complejo de Mayak, una instalación secreta de la Unión Soviética dedicada a producir plutonio para su programa nuclear. No había sido una bomba atómica. Pero lo que salió despedido de aquel tanque enterrado sería suficiente para contaminar durante décadas una extensa región y convertir el episodio en uno de los peores accidentes radiológicos de la historia.

Dentro del depósito había decenas de toneladas de residuos altamente radiactivos. El sistema encargado de mantenerlos refrigerados dejó de funcionar y el problema no fue solucionado. Durante meses, el calor se acumuló. El agua se evaporó. Los residuos se concentraron y, finalmente, una reacción química provocó una explosión de una potencia estimada en decenas de toneladas de TNT.

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La tapa de hormigón del tanque salió despedida. Una parte de los materiales radiactivos quedó depositada alrededor de la planta, pero otra fue arrastrada por el viento hacia el noreste. Durante las horas siguientes se formó una extensa franja de contaminación que sería conocida como la East Urals Radioactive Trace, el Rastro Radiactivo de los Urales Orientales. Lo que siguió fue todavía más inquietante que la explosión: durante décadas, prácticamente nadie fuera de la Unión Soviética supo que aquello había sucedido.

Una ciudad que no existía

Mayak no era una planta nuclear convencional. Había nacido en los primeros años de la carrera atómica soviética, cuando Moscú necesitaba producir rápidamente plutonio para fabricar sus primeras armas nucleares. El lugar elegido estaba en los Urales, lejos de las grandes ciudades y rodeado de bosques.

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La planta de Mayak estaba en los Urales, lejos de las grandes ciudades y rodeado de bosques
La planta de Mayak estaba en los Urales, lejos de las grandes ciudades y rodeado de bosques

La localidad vinculada al complejo tampoco era una ciudad cualquiera. Se la conocía como Cheliábinsk-40 y posteriormente como Cheliábinsk-65. Era una ciudad cerrada, destinada a trabajadores de la instalación y sometida a un estricto secreto de Estado. No aparecía en los mapas convencionales. Por eso el accidente terminó recibiendo el nombre de Kyshtym, un lugar cercano que sí figuraba en los mapas.

La planta fue construida a toda velocidad. La prioridad era producir plutonio para la bomba soviética, no desarrollar un sistema seguro y sofisticado para administrar los enormes volúmenes de residuos que ese proceso generaba. Los desechos líquidos altamente radiactivos eran almacenados en grandes tanques subterráneos. Uno de ellos tenía una capacidad de unos 300 metros cúbicos y contenía aproximadamente entre 70 y 80 toneladas de residuos. El sistema de refrigeración había sufrido una avería y, en lugar de reparar el problema, se decidió continuar utilizando el depósito. Fue una decisión que terminó teniendo consecuencias devastadoras.

El tanque que comenzó a calentarse

Los residuos almacenados no eran simplemente basura industrial. Después del reprocesamiento del combustible nuclear quedaban mezclas que contenían sustancias extremadamente radiactivas. Sin refrigeración suficiente, el líquido comenzó a perder agua por evaporación. Los componentes químicos se fueron concentrando y acumulando calor. El proceso continuó durante meses sin que se adoptara una solución adecuada.

Hasta que llegó el 29 de septiembre. La explosión no fue una detonación nuclear, sino química, provocada por la acumulación de calor y la reacción de los compuestos presentes en los residuos. Pero la diferencia técnica poco significó para quienes vivían alrededor del complejo.

Planta nuclear Mayak Unión soviética
El accidente liberó alrededor de 740 petabecquereles –unidad de medida de la radioactividad- de material nuclear

El accidente liberó alrededor de 740 petabecquereles –unidad de medida de la radioactividad- de material nuclear, de los cuales una parte considerable quedó depositada cerca de la planta y otra fue transportada por el viento. La contaminación se extendió a lo largo de cientos de kilómetros.

La nube avanzó hacia el noreste y dejó una huella irregular sobre los campos, bosques, pueblos y cursos de agua. En total, la zona contaminada llegó a abarcar miles de kilómetros cuadrados. Los habitantes de la región, sin embargo, no recibieron una explicación acorde con lo que estaba ocurriendo.

La tragedia que nadie debía contar

El secreto era parte de la estructura del sistema. Mayak estaba relacionado directamente con la producción de material para armas nucleares soviéticas. Reconocer públicamente que allí había ocurrido un accidente de semejante magnitud hubiera significado admitir fallas en uno de los sectores más sensibles del aparato militar.

Por eso la población recibió información limitada. Algunos de los primeros asentamientos afectados fueron evacuados entre días y semanas después del accidente. Otros tardaron mucho más. Los habitantes fueron trasladados, sus casas destruidas y, en algunos lugares, los animales sacrificados y enterrados para impedir que continuaran incorporando sustancias radiactivas a través del suelo y los alimentos.

Los primeros equipos enviados a trabajar en la zona tampoco podían conocer toda la dimensión del peligro. En los años posteriores, decenas de miles de personas colaboraron en tareas de limpieza y descontaminación. Estudios retrospectivos estimaron que unas 38.500 personas participaron entre 1957 y 1959 en trabajos vinculados con la eliminación de las consecuencias del accidente. Algunas recibieron dosis significativas de radiación.

Estudios retrospectivos estimaron que unas 38.500 personas participaron entre 1957 y 1959 en trabajos vinculados con la eliminación de las consecuencias del accidente
Estudios retrospectivos estimaron que unas 38.500 personas participaron entre 1957 y 1959 en trabajos vinculados con la eliminación de las consecuencias del accidente

La población civil también quedó expuesta. Las estimaciones sobre el número total de afectados varían según el criterio utilizado. Algunas fuentes sitúan la cifra en torno de las 470.000 personas expuestas; organismos internacionales utilizaron cifras diferentes para la población que vivía en las zonas alcanzadas por la contaminación. Lo que no está en discusión es la enorme dimensión territorial del accidente.

Un territorio marcado por la radiación

La explosión de 1957 no fue el primer problema ambiental provocado por Mayak. Antes de Kyshtym, la planta ya había utilizado el río Techa para descargar residuos radiactivos. Durante años, las comunidades que vivían a sus orillas estuvieron expuestas a contaminación a través del agua y los alimentos. El accidente de septiembre añadió una nueva fuente: esta vez, la radiación había llegado por el aire.

Los estudios realizados décadas más tarde sobre las poblaciones de los Urales permitieron observar aumentos de determinados tipos de cáncer y otros efectos vinculados con la exposición prolongada a radiación. Una de las cohortes –grupo que comparte una característica común- más estudiadas corresponde precisamente a habitantes de la región contaminada por el accidente.

La cantidad exacta de personas que fallecieron como consecuencia del desastre continúa siendo objeto de discusión. La cifra de 200 aparece en algunas reconstrucciones del accidente, pero los estudios epidemiológicos modernos advierten que no es sencillo atribuir una muerte individual exclusivamente a la exposición producida por Kyshtym, especialmente porque la región ya arrastraba una larga historia de contaminación procedente de Mayak y del río Techa.

Por eso, más que una cifra definitiva de muertos, lo que queda documentado es una extensa población expuesta y un incremento posterior de determinadas enfermedades en los grupos más afectados.

Los estudios realizados décadas más tarde sobre las poblaciones de los Urales permitieron observar aumentos de determinados tipos de cáncer y otros efectos vinculados con la exposición prolongada a radiación
Los estudios realizados décadas más tarde sobre las poblaciones de los Urales permitieron observar aumentos de determinados tipos de cáncer y otros efectos vinculados con la exposición prolongada a radiación

El nombre que apareció en los mapas

Durante mucho tiempo, fuera de la Unión Soviética apenas hubo indicios de que algo grave hubiera ocurrido. La instalación estaba rodeada de secretismo y el accidente no fue comunicado oficialmente al mundo. Pero el silencio no podía borrar las huellas. Las personas evacuadas, los pueblos abandonados, las zonas cercadas, los movimientos de tropas y trabajadores, las modificaciones del territorio.

En Occidente empezaron a circular rumores y finalmente algunos científicos soviéticos exiliados aportaron información. En 1976, el biólogo soviético Zhorés Medvédev describió la existencia de una grave contaminación radiactiva en los Urales. Durante un tiempo, algunos expertos occidentales dudaron de la magnitud de sus afirmaciones. Sin embargo, poco a poco aparecieron más evidencias.

Las imágenes obtenidas por satélites y aviones estadounidenses permitieron detectar modificaciones en la zona. La magnitud del accidente comenzó a resultar imposible de ocultar. Recién con la apertura política de los últimos años de la Unión Soviética se reconoció oficialmente lo ocurrido. Pasaron aproximadamente tres décadas.

Para entonces, Kyshtym ya había quedado instalado en la historia de la energía nuclear como un ejemplo extremo de lo que puede ocurrir cuando el secreto, la presión industrial y la falta de controles adecuados se combinan.

En Mayak explotó químicamente un depósito de residuos radiactivos. En Chernóbil se produjo un estallido y posterior incendio en un reactor nuclear durante un accidente en una prueba (EFE)
En Mayak explotó químicamente un depósito de residuos radiactivos. En Chernóbil se produjo un estallido y posterior incendio en un reactor nuclear durante un accidente en una prueba (EFE)

El tercer gran accidente

Cuando décadas más tarde se estableció la Escala Internacional de Accidentes Nucleares, el desastre de Kyshtym fue clasificado como nivel 6, un accidente grave. Por encima quedaron solamente Chernóbil, ocurrido en 1986, y Fukushima, en 2011, ambos clasificados como nivel 7. La comparación necesita una aclaración: los tres episodios fueron técnicamente diferentes.

En Mayak explotó químicamente un depósito de residuos radiactivos. En Chernóbil se produjo un estallido y posterior incendio en un reactor nuclear durante un accidente en una prueba. En Fukushima, un terremoto y un tsunami provocaron la pérdida de refrigeración de varios reactores. Pero los tres tuvieron algo en común: demostraron que la contaminación radiactiva puede superar rápidamente los límites de una instalación y transformar durante décadas el territorio que la rodea. En Mayak, además, quedó expuesta otra dimensión del desastre: el costo de ocultarlo.

La investigación posterior permitió reconstruir lo ocurrido: un sistema de refrigeración que falló, un tanque que continuó almacenando residuos, una explosión química y una nube de partículas radiactivas que recorrió cientos de kilómetros. Y también permitió comprobar que el problema no terminó cuando se apagaron las llamas. La radiación permaneció en el suelo, en el agua y en los organismos vivos.

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