
Una carta de navegación antigua del mar Rojo y el golfo de Adén, conservada durante 189 años en la colección de la Royal Geographical Society, resultó ser una herramienta práctica para marineros del océano Índico occidental.
Expertos lograron descifrar por primera vez sus topónimos y datos astronómicos, y concluyeron que el documento refleja un sistema propio de orientación usado por comunidades marítimas entre India, Arabia y el Cuerno de África.
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La nueva investigación, difundida por la University of Exeter, concluyó que el documento indio kachchhi y guyaratí permitía establecer la latitud, orientar la navegación y ubicar con precisión a los navegantes en el mar Rojo y el golfo de Adén. Según la universidad, el hallazgo corrige interpretaciones europeas que durante décadas consideraron la carta imprecisa o carente de utilidad náutica.
Investigadores dirigidos por John Cooper, profesor del Institute of Arab and Islamic Studies de la University of Exeter, sostienen que el documento no era una pieza decorativa ni un mapa defectuoso. Según la University of Exeter, era una ayuda mnemotécnica y una referencia de trabajo para navegantes con conocimiento local y dominio de la navegación estelar.
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Cómo funcionaba la carta de navegación
Cooper explicó que la carta debe leerse desde otra lógica náutica: “Aunque esta carta no parece exacta según nuestra manera de pensar, permitió a navegantes con la experiencia y el conocimiento necesarios de navegación estelar atravesar algunas de las aguas más duras y difíciles del mundo”.

El investigador añadió en el comunicado que “toda la información necesaria estaba concentrada en un rollo muy portátil de apenas 25 cm de ancho”. Asimismo, el estudio concluyó que la carta servía como referencia eficaz para orientarse y navegar.
Los investigadores identificaron e interpretaron por primera vez los nombres de lugares y los datos astronómicos inscritos en el documento, lo que permitió establecer latitudes y direcciones de navegación.
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Según se detalla en la investigación, el cartógrafo representó unos 66 topónimos en escritura devanagari y más de 180 islas. También incluyó arrecifes y otros elementos, como puntos de referencia, edificios religiosos y banderas.
Los investigadores consideran que ahora han hallado coordenadas para los 66 topónimos y que mejoraron la transcripción de la escritura devanagari. El trabajo también reinterpretó las 29 líneas de rumbo de la carta.
Esas líneas cumplían tres funciones principales, según la investigación: marcaban la tendencia general de una costa, indicaban una dirección de viaje en mar abierto y, en posiblemente dos casos, señalaban un paso seguro de entrada y salida de puerto.
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Cooper resumió la utilidad del documento en el comunicado: “Es una obra de referencia náutica rica y eficaz: su información estelar permitía a los marineros conocer su latitud y fijar direcciones de navegación; sus numerosos nombres de lugares y datos topográficos les permitían ubicarse con precisión”.
“Fue diseñada para quienes tenían conocimientos locales específicos de navegación”, agregó en el comunicado.

También precisó que el contenido inscrito no bastaba por sí solo para quienes no conocían las tradiciones marítimas regionales. Según explicó, el formato de rollo permitía abrir solo la sección necesaria y guardar el resto, lo que facilitaba su uso a bordo.
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Lo que la investigación corrige sobre dos siglos de interpretaciones
La nueva lectura corrige varios supuestos instalados en estudios anteriores. Muchos sostuvieron de forma errónea que la carta no contenía información de latitud o longitud, pero el estudio sostiene lo contrario. Según la University of Exeter, esa representación hacía el documento más portátil y útil para su manejo durante la navegación.
La carta ya había sido estudiada en 1947, 1987, 2002, 2012 y 2022, pero esas lecturas pasaron por alto sus funciones náuticas. Cerca de la mitad de sus topónimos en devanagari habían quedado sin identificar y otros seguían sin una ubicación precisa.
La doctora Katherine Parker, gestora de colecciones cartográficas de la Royal Geographical Society, situó ese cambio de mirada en una revisión más amplia de los archivos: “Reexaminar nuestras colecciones es un proceso continuo que permite a los investigadores aplicar nuevos métodos, tecnologías y perspectivas, y descubrir los significados y la utilidad que estos notables artefactos tuvieron para las personas que los crearon hace siglos”.
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Según la universidad, el documento demuestra que las comunidades marítimas de la región utilizaban un sistema de navegación propio y eficaz antes de la adopción de una navegación más abstracta y basada en instrumentos. También señaló que ese conocimiento hizo posible el comercio y los intercambios entre India, Arabia y el Cuerno de África en la era de la navegación a vela.
La carta data de fines del siglo XVIII o comienzos del XIX. Alexander Burnes la adquirió en 1835 a un capitán de mar no identificado en Kachchh y después la donó a la Royal Geographical Society.
Burnes consideró que el documento se había usado a bordo y dijo que sería “una muestra de levantamiento naval sin igual en ninguno de los gabinetes de Europa”. Sin embargo, no comprendió que se trataba de una carta práctica de navegación.
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