
El jueves pasado, Mauro Icardi tomó la decisión de iniciar una guerra en redes sociales con Yanina Latorre quien, a las pocas horas de comenzar el “conflicto” prendió fuego las redes con una foto de un joven desconocido para el público. La imagen mostraba a Franco Deambrosi, piloto de automovilismo, con un traje de competición y una gorra negra, mirando hacia el horizonte. Sobre la foto, la conductora dejó un mensaje dirigido a Icardi en el que le anunciaba que le dejaba un regalo, pedía que guardaran la imagen y prometía que ampliaría la información. La insinuación, también: ese joven habría intercambiado mensajes con la China Suárez, su pareja, en medio de los rumores de crisis que ya circulaban desde hacía días.
Lo que vino después fue una guerra abierta en Instagram. Icardi respondió con sus propias stories, el cruce con Latorre escaló sin pausa a lo largo de la jornada y el nombre de Deambrosi quedó instalado en el centro de la tormenta. La panelista no se quedó en la foto: en una segunda story, sobre fondo negro, agregó munición. “Cuando tengo foto, también tengo chats y pruebas. Besis”, escribió, dejando en el aire la promesa de que había más material guardado.
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Deambrosi, en cambio, eligió el silencio. Mientras el escándalo crecía y su nombre se repetía en cada programa de espectáculos, el piloto no publicó nada, no respondió nada, no aclaró nada. Días enteros sin una sola palabra pública, con el perfil bajo que, según él mismo reconocería después, siempre lo había caracterizado.


La primera señal de vida llegó el viernes por la noche, pero no tuvo nada que ver con el escándalo. Mientras Argentina enfrentaba a Cabo Verde por los 16avos de final del Mundial 2026, Deambrosi subió una story desde el sillón de su casa. Aparecía recostado, con buzo y capucha negra encima de la camiseta azul de la selección argentina —la que lleva el escudo de la AFA y el sello de campeón mundial de la FIFA— y un mate al costado. Una sola palabra al pie: “Vamooo”. Nada más. Ninguna alusión al escándalo, pero no dejó pasar la oportunidad de dejar un guiño: musicalizó la historia con “Oyo mi amor” de Maná, canción que días atrás había usando Eugenia para un TikTok.
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Pero esa calma duró pocas horas. El sábado por la mañana, Deambrosi publicó un texto extenso en sus stories que el mundo del espectáculo argentino leyó con lupa. Y con razón: el mensaje generó más preguntas que respuestas, pero dejó en pie algo que muchos esperaban que desmintiera.
“No todo lo que se dice es cierto. Pero tampoco todo merece ser aclarado”, arrancó el piloto, con una frase que en sí misma ya era una declaración de posición. No una negación. No un desmentido. Una advertencia de que no iba a dar explicaciones, pero tampoco iba a negar todo.
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Después vino el contexto personal: “En estos días estuve recibiendo muchísimos mensajes y, sinceramente, no estoy muy acostumbrado a esta exposición. Siempre tuve un perfil más bajo y bastante reservado con mi vida personal”. Una admisión de que el vendaval mediático lo había alcanzado de lleno, aunque intentara manejarlo desde afuera.


Lo que siguió fue la parte más leída, más comentada y más analizada del descargo. “Hay conexiones que no necesitan títulos, fotos ni confirmaciones para existir, y eso solo nosotros lo sabemos”, escribió Deambrosi. La frase no negaba ningún vínculo con la China Suárez. Al contrario: reconocía la existencia de algo, aunque sin ponerle nombre ni forma. “Eso solo nosotros lo sabemos” fue la confirmación implícita que Latorre necesitaba para que su versión ganara peso.
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El cierre del texto también tuvo su propia carga: “Esto me hizo aprender que cuanto más hablan de vos, menos tenés que explicar. Mientras algunos intentan entender qué pasa, yo sigo enfocado en lo mío. Nos vemos en la pista. #88”. La referencia al número 88 y a la pista remitía directamente a su mundo, el automovilismo, como si quisiera trazar una línea entre el escándalo y su identidad real.
El descargo, en definitiva, no fue un desmentido. Fue una no-respuesta calculada que, paradójicamente, terminó por darle sustento a la historia que Latorre había lanzado días antes con aquella foto y aquellas tres líneas sobre fondo blanco. El piloto no negó haber tenido contacto con la China Suárez. No dijo que todo era mentira. Dijo que no todo era cierto, que no todo merecía ser aclarado, y que había conexiones que existían más allá de las pruebas.
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