
La Estatua de la Libertad emprendió su travesía hacia Estados Unidos después de ser cuidadosamente desarmada en 350 piezas. Cada segmento, junto a remaches y pernos, fue embalado en más de 200 cajas, listas para afrontar el extenso viaje en el buque de guerra Isère.
Tras semanas de navegación y maniobras logísticas, el cargamento llegó a las costas de Nueva York a mediados de junio de 1885, donde comenzó una nueva etapa en la historia del monumento, según documenta la revista National Geographic.
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El proceso de desmontaje requirió la intervención de equipos especializados, quienes numeraron meticulosamente cada una de las piezas para asegurar que el ensamblaje posterior fuera posible sin contratiempos.

Se utilizaron planos detallados y registros fotográficos, una innovación relevante para la época, ya que la documentación visual facilitó la identificación de cada componente. Los remaches, pernos y otros elementos estructurales también se inventariaron con precisión antes del embalaje. Este protocolo resultó esencial para evitar pérdidas o errores en la etapa de reconstrucción en Nueva York.
La escultura, de más de 46 metros de altura, exigía una operación poco común para su época. Sus piezas de cobre y su armazón se repartieron en cajas para hacer posible el traslado.
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El embarque salió de Ruan, en Francia, y el Isère quedó bajo el mando del capitán Gabriel Lespinasse de Saune. Según National Geographic, el barco zarpó el 20 de mayo rumbo a Nueva York.

La elección del buque Isère no fue casualidad: se trataba de un navío militar con capacidad suficiente para transportar la carga monumental y garantizar su seguridad durante la travesía.
Antes de partir, el barco fue acondicionado para soportar el peso y el volumen del cargamento, reforzando las bodegas y acomodando las cajas en un orden específico para distribuir el peso de manera uniforme. Además, se implementaron medidas de seguridad adicionales para proteger las piezas de las inclemencias del océano Atlántico.
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El viaje del Isère a Nueva York
La travesía incluyó una escala en las Azores y duró 27 días. La llegada del Isère fue anunciada por la prensa local y generó gran expectación entre los habitantes de la ciudad.

Las autoridades portuarias organizaron un operativo especial para el desembarco, que incluyó la presencia de funcionarios franceses y estadounidenses, así como la participación de obreros y técnicos especializados. El desembarco de las cajas, muchas de ellas de gran tamaño y peso, representó un desafío logístico que involucró grúas y plataformas adaptadas para la ocasión.
Decenas de miles de personas acudieron a los muelles para presenciar el desembarco, de acuerdo con National Geographic. La llegada convirtió la operación de transporte en un episodio del monumento.
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Un desembarco sin montaje inmediato
Las piezas llegaron a la isla Bedloe, nombre que entonces tenía el lugar que después fue rebautizado como Isla de la Libertad. Allí debía levantarse el monumento una vez terminada la base.

El pedestal aún no estaba listo. El arquitecto estadounidense Richard Morris Hunt trabajaba en esa estructura cuando desembarcó la carga.
Ese retraso aplazó el montaje hasta el año siguiente. La inauguración se celebró el 28 de octubre de 1886, en una ceremonia multitudinaria.
El origen francés del monumento
El viaje respondió al proyecto de Francia de entregar la obra como regalo a Estados Unidos para conmemorar el centenario de su independencia. La idea partió de Édouard de Laboulaye, pensador político y defensor de la abolición de la esclavitud.
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Para llevarla a cabo, Laboulaye acudió al escultor Frédéric Auguste Bartholdi. Según National Geographic, el artista retomó una idea previa para la entrada del canal de Suez y la convirtió en la estatua que después se instaló en Nueva York.
La solución técnica quedó en manos de Gustave Eiffel, que diseñó la estructura metálica capaz de sostener el revestimiento de cobre y resistir los vientos del puerto neoyorquino. El nombre oficial del monumento es La Libertad iluminando el mundo.
Antes de incorporarse al perfil de Nueva York, la estatua pasó por un taller de París, un desmontaje completo y una travesía transatlántica.
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