La masacre del club Pulse en Orlando: un tirador, rehenes escondidos y 49 muertos en una noche que golpeó a gays latinos

Personas ocultas en baños y armarios, mensajes de despedida y sobrevivientes marcados para siempre: la reconstrucción del ataque perpetrado por un solo hombre a lo largo de tres horas que conmocionó a Estados Unidos. Hoy se cumplen 10 años de la noche más oscura de la ciudad de los parques temáticos

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El club Pulse era uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad latina y gay de Orlando cuando ocurrió la masacre del 12 de junio de 2016 ( REUTERS/Miguel Rodriguez)
El club Pulse era uno de los principales puntos de encuentro de la comunidad latina y gay de Orlando cuando ocurrió la masacre del 12 de junio de 2016 ( REUTERS/Miguel Rodriguez)

Javier Navas tuvo alojada en su cuerpo una bala durante meses después de la masacre del 12 de junio de 2016. Le provocaba dolor pero también lo perturbaba psicológicamente, siempre sentía que tenía dentro de él algo que había tocado el tirador: el autor de la masacre de Pulse, el club nocturno gay de Orlando, perpetrada por un hombre armado hasta los dientes que disparó durante tres horas y dejó 49 muertos y 53 heridos.

Navas, de origen mexicano, estaba allí con Adrian, su esposo, y a pesar del balazo recibido y de quedar en estado crítico, sobrevivió a todo, tanto al daño físico como al trauma psicológico. El día que le extrajeron esa bala del cuerpo sintió alivio, dijo a los medios, pero las imágenes de esa noche vuelven. Aparecen de repente, sin previo aviso, en cualquier momento. “Nunca vas a dejar de sentir esos miedos que te invaden de un momento a otro, lo importante es saber cómo manejarlos, mantenerme calmado”, le dijo a CNN en Español.

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Omar Mateen, el tirador de Orlando que le arrebató la vida a 49 personas
Omar Mateen, el tirador de Orlando que le arrebató la vida a 49 personas

Eran las 2 de la mañana de ese sábado de junio, cuando un hombre armado entró al club mientras se celebraba la Noche Latina y abrió fuego contra la multitud que disfrutaba de la pista de baile, la música y los tragos en la barra en un ambiente que era cuidado y seguro.

Pulse era uno de los bares discoteca más convocantes de Orlando, la ciudad asociada al turismo, los parques temáticos y la fantasía de Disney. Omar Mateen, ciudadano estadounidense de 29 años e hijo de padres afganos, portaba un rifle semiautomático Sig Sauer MCX y una pistola Glock 17, ambas adquiridas legalmente en los días previos al ataque, de acuerdo con la revista GQ. En ese momento desató el peor tiroteo masivo en la historia de Estados Unidos hasta ese momento y el ataque más mortífero en el país desde el 11-S de 2001, según la BBC.

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Mateen estuvo dentro del local más de tres horas que resultaron eternas para los que estaban allí esa noche, escondidos, algunos separados de sus parejas o amigos, entre cuerpos desparramados que perdían sangre.

Había rehenes escondidos en baños, armarios y detrás de las barras. El asesino afirmó ser un soldado del ISIS, aunque el director del FBI, James Comey, señaló que durante las tres llamadas que realizó desde el club expresó apoyo simultáneo al Estado Islámico y a su rival en Siria, el Frente Al Nusra, además de solidaridad con los atacantes del maratón de Boston, sin vínculos con ninguno de esos grupos, según la BBC.

La policía rompió una pared y lo abatió. Para entonces, la cifra de muertos era la más alta registrada en un tiroteo masivo en suelo estadounidense.

Una herida que tardará en cerrarse

La masacre golpeó de lleno a la comunidad latina y gay. Los sábados solía ser la Noche Latina, con salsa, merengue, reggaeton y bachata: ritmos que se apartaban del repertorio habitual de Top 40 y disco-pop del club, y que convocaban especialmente a la clientela hispana, según BBC Mundo.

Por eso era el lugar de encuentro de esa comunidad: Adrian, nacido en las afueras de La Habana, y Javier, originario de Ciudad de México, iban a encontrarse con amigos.

Aquella noche del 11 de junio de 2016, Adrian y Javier llegaron alrededor de las 12:45. Salieron al patio porque alguien quería una hookah (también llamada narguile, una pipa de agua de origen persa para fumar tabaco con sabores), volvieron adentro a bailar.

No sabían que era la última vez que Pulse abriría sus puertas.

Seis de esos amigos no regresaron a casa.

Cuando oyeron el primer estruendo, Adrian pensó que a alguien se le había caído algo. El segundo y el tercero los interpretó como petardos, según GQ.

Luego estaba en el suelo.

Así escapaban los sobrevivientes al escuchar los primeros disparos
Así escapaban los sobrevivientes al escuchar los primeros disparos

No recuerda cómo llegó ahí ni cuánto tiempo estuvo. Un cuerpo estaba encima de él, quizá vivo, quizá no. Encontró su teléfono, resbaladizo por la sangre, y miró hacia arriba: todos estaban en el suelo, excepto un hombre cerca de la puerta principal con un arma.

Adrian se levantó y corrió al patio.

Volvió a entrar a buscar a Javier, vio al hombre armado, oyó más disparos y se detuvo. Llamó al celular de su esposo y luego cayó en la cuenta de que el sonido podría delatarlo si estaba escondido, contó en una entrevista.

Bajo el escritorio

Javier supo desde el principio que era un tiroteo. Supuso que era una pelea o algún borracho armado. Luego sintió un pinchazo rápido y caliente en el lado derecho del abdomen y vio un agujero en su camisa.

Masacre de Pulse Orlando
Javier Navas es uno de los sobrevivientes de la masacre de Pulse

Divisó una escalera detrás del bar y pensó que lo podía llevar al techo. Subió con dificultad, sujetándose el costado. Solo había una oficina arriba. Ya había cinco personas reunidas, una con un balazo en la pierna. Javier se metió debajo de un escritorio con otras dos.

Llamó al 911, pero al susurrar el operador no pudo entenderlo. Le dio el teléfono a una mujer que explicó dónde estaban y que había dos hombres heridos. Mientras hablaba, ella mantenía una rodilla presionada en el abdomen de Javier para contener la sangre.

En ese momento, Javier advirtió que estaban directamente sobre la pista principal de Pulse. Comprendió que solo bastaba con que el atacante levantara el rifle unos 30 grados, y disparara a través del piso para matarlos a todos.

Esperaron en silencio.

Personas recuerdan a las 49 víctimas del tiroteo en el bar gay Pulse, en Orlando, Florida (EE.UU). EFE/Gerardo Mora/Archivo
Personas recuerdan a las 49 víctimas del tiroteo en el bar gay Pulse, en Orlando, Florida (EE.UU). EFE/Gerardo Mora/Archivo

Cuando la policía despejó la sala principal, les indicaron que bajaran con las manos en alto. Javier apenas podía mover el brazo derecho; el izquierdo lo mantenía apretado contra su abdomen. Un oficial lo sostuvo al pie de la escalera y lo ayudó a sortear los cuerpos.

Vio un cuerpo vestido de blanco, de espaldas en el piso, con los brazos a los costados. Era su amigo Gilberto. Se veía en paz, como si estuviera dormido. Entonces gritó, tan fuerte que él mismo se asustó. Vio a Adrian corriendo hacia él y, por un instante, temió que la policía le disparara, según GQ.

Los días que siguieron

En el hospital, Adrian recorrió habitación por habitación buscando a su esposo. Había un Javier, pero pensó, ¿será mi Javier? Lo encontró en el cuarto número cuatro.

La bala que lo alcanzó probablemente había rebotado en el suelo o en una pared, o incluso atravesado otro cuerpo antes de impactarlo. Eso redujo su velocidad y aminoró el daño. Los cirujanos lo suturaron pero dejaron la bala adentro, a la espera de que se aproximara a la superficie. Javier regresó a su casa cinco días después, sobre una silla de ruedas.

Adrian casi no dormía. Solía estar despierto hasta las dos de la madrugada. Seis amigos suyos habían sido de repente asesinados y decidió que no iría a los funerales. “No quiero quedarme con el recuerdo de ellos en un ataúd”, dijo. “Quiero recordar a todos mis amigos como personas felices.”

Javier físicamente no podía trabajar. Adrian tampoco podía. No podía dejar a Javier, no podía volver a la fiambrería del Wawa, no podía estar en un espacio público y expuesto.

Omar Mateen permaneció dentro del club durante más de tres horas mientras decenas de personas se escondían en baños, armarios y detrás de las barras (EFE)
Omar Mateen permaneció dentro del club durante más de tres horas mientras decenas de personas se escondían en baños, armarios y detrás de las barras (EFE)

La madre de Javier voló desde Ciudad de México. También llegaron su hijo y la madre de su hijo, la única persona en México que sabía que él era gay.

Su propia madre no lo sabía. La mujer apenas se encogió de hombros ante la revelación.

“No dijo ‘¿pero...?’ ni ‘¿y si...?’ ni ‘¿cómo que...?’”, recordó. “Solo: ‘Está bien, es tu vida’.”

Pulse antes del 12 de junio

Pulse funcionaba en el Downtown de Orlando, el corazón financiero y cultural de la ciudad. La zona alberga sedes bancarias, centros de convenciones y edificios de residencias que rodean el lago Eola.

Barbara Poma y Ron Legler abrieron el local el 2 de julio de 2004. El nombre Pulse lo había elegido la mujer como tributo a su hermano, quien murió en 1991 por complicaciones a causa del sida. Quería recordar su pulso para vivir.

En doce años, Pulse se convirtió en uno de los centros más importantes de la comunidad gay de Orlando. Era mucho más que una discoteca: albergaba foros educativos, recaudaciones de fondos y abría sus puertas a todos, sin distinción. “Cuando era la Noche Universitaria”, dijo Blue, exdirectora de entretenimiento del club y dueña de teatro, “simplemente se convertía en un refugio seguro para los jóvenes, fueran gays, heteros o bisexuales”.

“Para mí, siempre fue un bar abierto”, agregó Adrián. “Cualquiera podía ir, y era como una familia.”

La policía debió derribar una pared del edificio para ingresar al club y poner fin al ataque que dejó 49 muertos y 53 heridos (Reuters)
La policía debió derribar una pared del edificio para ingresar al club y poner fin al ataque que dejó 49 muertos y 53 heridos (Reuters)

El local estaba dividido en tres áreas conectadas: una sala principal con bar y escenario, una sala más pequeña con otro escenario, y un patio con bar independiente. Eran el Ultra Bar, el Adonis Room y el Lounge. El Ultra, rodeado de sofás de satén, era descrito por los habitués como uno de los sitios más especiales del lugar.

“En el bar Ultra podías ver videos y disfrutar del excelente servicio de los bartenders, a mi juicio los mejores de la ciudad, pues muchos se mantenían en el negocio desde sus inicios”, dijo Scott, cliente habitual, a BBC Mundo.

El punto de atracción era el escenario, donde drag queens super producidas actuaban ante una multitud que tendía a ser joven.

Cómo ocurrió el ataque

El hombre entró a Pulse a las dos de la madrugada del domingo 12 de junio. Un oficial de policía fuera de servicio, encargado de la seguridad en la puerta, trató de detenerlo y de dispararle, pero estaba en desventaja: se cubrió y pidió refuerzos, según GQ.

Mateen cruzó el vestíbulo en dirección hacia la pista de baile y comenzó a disparar.

Disparando, recargando y volviendo a disparar, permaneció adentro por más de tres horas, de acuerdo con la misma fuente. Docenas de policías rodearon la avenida Orange sin poder ingresar por las ráfagas de balas.

Para controlar la situación la policía finalmente rompió una pared del edificio y le dio un tiro mortal. El atacante ya había disparado a más de 100 personas y matado a 49.

Había rehenes escondidos en los baños, en los armarios, debajo de escritorios y detrás de las barras. Mateen le dijo a un negociador policial que quizá tenía una bomba, según GQ.

Un agente del SWAT (AP)
Un agente del SWAT (AP)

También afirmó, supuestamente, haber atado chalecos explosivos a cuatro desconocidos dispersos por las esquinas del edificio.

Una joven se escondió en un baño con otras seis personas. El hombre armado disparó a los cubículos. Las seis cayeron sobre ella. Esperó tres horas, debajo de esos cuerpos que se desangraban, hasta que la policía mató al atacante. Salió viva.

Un joven de 22 años acababa de firmar el contrato de alquiler de su primer departamento. Invitó a nueve amigos a una fiesta de inauguración y sugirió que fueran todos a Pulse a las once. Cinco de los nueve murieron.

Su espalda quedó arruinada porque pasó una hora y 47 minutos agachado dentro de un armario, demasiado pequeño para moverse, enviando mensajes de despedida.

Hubo también historias que empezaban como actos de valentía y terminaban igual de mal. Una mujer vio cómo un hombre recibía una bala por ella y le salvaba la vida. Mientras se escondía debajo de una mesa, lo vio arrastrarse hacia ella.

Lo vio morir.

Masacre de Pulse Orlando
Víctimas de la masacre

El perfil del atacante

Omar Mateen ya había sido interrogado por el FBI en 2013 y 2014. La primera investigación comenzó después de que realizara comentarios a compañeros de trabajo en los que afirmaba tener vínculos con Al Qaeda y Hezbollah, además de asegurar que conocía a los hermanos Tsarnaev, responsables del atentado contra el maratón de Boston en 2013. Las declaraciones llevaron al FBI a abrir una investigación preliminar y a vigilar sus movimientos durante varios meses.

Según explicó luego el director del FBI, James Comey, los agentes realizaron entrevistas, grabaron conversaciones y revisaron sus comunicaciones, pero concluyeron que no existían pruebas suficientes para mantener abierta la investigación, por lo que el caso fue cerrado.

En 2014 volvió a ser investigado por posibles vínculos con Moner Mohammad Abu-Salha, un estadounidense que cometió un atentado suicida en Siria, aunque nuevamente el FBI aseguró que no encontró evidencia que justificara nuevas acciones en su contra.

El presidente Barack Obama declaró que no había evidencia concreta de que hubiera actuado bajo la dirección de una red organizada.

Comey agregó que los indicios apuntaban a una radicalización a través de Internet, aunque no quedó claro a qué grupo extremista pretendía apoyar, de acuerdo con la misma fuente.

Durante esas horas, hizo tres llamadas desde el interior del club. En ellas se mostró “tranquilo y calmado”, según la BBC. Expresó apoyo al Estado Islámico y, al mismo tiempo, a su rival en Siria, el Frente Al Nusra.

También manifestó solidaridad con los atacantes del maratón de Boston, quienes no tenían vínculos con ninguno de esos grupos, de acuerdo con el director del FBI, James Comey, citado por la BBC.

Mateens fue el autor de una de las peores masacres de la historia reciente de Estados Unidos (Reuters)
Mateens fue el autor de una de las peores masacres de la historia reciente de Estados Unidos (Reuters)

Muchas de las víctimas eran latinas, de Puerto Rico, México, Venezuela y República Dominicana. Las preguntas se superponían: ¿hablaban inglés? ¿Tenían documentos? ¿Eran visibles para alguien fuera de su círculo más cercano? Facebook fue utilizado como centro de información. Se publicaron fotos de desaparecidos y nombres de quienes ya estaban a salvo.

Aly Benítez, abogada en Orlando, fundó Pulse of Orlando cuatro días después del tiroteo, para entregar efectivo a las víctimas lo más rápido posible. No era mucha: unos USD 750 por persona. Suficiente para mantener un techo y comida a corto plazo mientras los fondos más grandes tardaban en distribuirse.

El fondo repartió USD 28.500 el 30 de junio, menos de tres semanas después de la masacre. A mediados de octubre había recaudado USD 250.000 y entregado USD 200.000.

Diez años después: los objetos que quedaron

A una década del ataque, la ciudad de Orlando adquirió la propiedad en 2023 y comenzó la demolición del edificio en marzo de 2026. Las autoridades esperan inaugurar en 2027 un memorial permanente en el terreno donde funcionó Pulse, pensado para honrar a las víctimas, acompañar a los sobrevivientes y preservar la memoria de lo ocurrido aquella madrugada.

Durante años, los objetos rescatados de Pulse permanecieron guardados en una bodega de Orlando. Nadie los había mostrado públicamente, según Univisión.

Fotografía de archivo donde aparece un hombre mientras abraza a Barbara Poma (d), dueña del Club gay Pulse donde murieron 49 personas durante una matanza en Orlando, Florida (EE.UU.). EFE/Gerardo Mora
Fotografía de archivo donde aparece un hombre mientras abraza a Barbara Poma (d), dueña del Club gay Pulse donde murieron 49 personas durante una matanza en Orlando, Florida (EE.UU.). EFE/Gerardo Mora

En junio de 2026, por primera vez, la ciudad los exhibió ante cualquiera que quisiera verlos. Entre las piezas preservadas hay elementos del club: candelabros, bolas de disco, parte de la barra, la puerta principal, una caja registradora y el número de la dirección del local. También cientos de cartas, mensajes, flores y fotografías que personas de todo el mundo dejaron en homenaje a las víctimas tras el ataque.

La exhibición forma parte de una serie de actos conmemorativos organizados durante junio por la ciudad de Orlando, el condado Orange y diversas organizaciones locales.

Hoy, las paredes ya no están. Pero las cartas, las flores y los recuerdos todavía conservan algo del lugar donde cientos de personas iban simplemente a bailar, encontrarse y sentirse libres.

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