La historia de cómo la inteligencia artificial ayudó a un dueño a salvar a su mascota captó la atención de la comunidad científica y de quienes conviven con animales en Australia. Frente al diagnóstico de cáncer incurable en su mascota, Paul Conyngham recurrió a herramientas tecnológicas y al apoyo de instituciones de vanguardia para buscar una solución para su perra Rosie, después de agotar alternativas convencionales.
Pero no estuvo solo; la Universidad de Nueva Gales del Sur, UNSW Newsroom y el Dr. Martin Smith, entre otros, figuran entre las fuentes y protagonistas de la experiencia.
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Conyngham, consultor en inteligencia artificial residente en Sídney, logró frenar el avance del cáncer en Rosie y mejorar su calidad de vida gracias al desarrollo de una vacuna experimental de ARNm diseñada con ayuda de la secuenciación genómica y la inteligencia artificial.
El proceso, abordado junto al equipo académico y científico de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), según detallaron UNSW Newsroom, la división de divulgación de la Universidad de Nueva Gales del Sur, y The Australian, el diario australiano, se convirtió en foco de interés para la comunidad médica y quienes buscan alternativas oncológicas para animales.
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Paul Conyngham empleó su conocimiento en análisis de datos y consultó a ChatGPT para establecer un plan cuando Rosie, diagnosticada en 2024 con mastocitoma —un tipo de cáncer sin tratamientos convencionales efectivos—, recibió un pronóstico reservado.
Pese a múltiples cirugías y sesiones de quimioterapia, los veterinarios estimaron para Rosie una esperanza de vida de entre uno y seis meses, según UNSW Newsroom, la división de divulgación de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Sin opciones en la medicina tradicional, su dueño decidió buscar alternativas fuera de lo común.
Cómo se diseñó la vacuna personalizada mediante inteligencia artificial
El caso comenzó con la secuenciación del genoma de Rosie y su tumor en el Ramaciotti Centre for Genomics de la Universidad de Nueva Gales del Sur (UNSW), bajo la dirección del Dr. Martin Smith. Utilizando 320 gigabytes de datos genéticos y modelos avanzados de inteligencia artificial, se identificaron mutaciones clave asociadas al tumor.
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Esto permitió el desarrollo de una vacuna experimental de ARNm hecha a medida, cuya aplicación frenó el avance del cáncer y mejoró la calidad de vida del animal, según informaron las fuentes universitarias y recogió The Australian, uno de los principales medios de Australia.
Apoyándose en análisis informáticos, Conyngham localizó las mutaciones responsables del mastocitoma de Rosie. Recurrió a un modelo de proteínas con inteligencia artificial —AlphaFold— para analizar la proteína c-KIT, relevante en ese tipo de tumores. Junto al equipo del centro, logró identificar un compuesto utilizado en humanos que podía orientar la terapia personalizada para Rosie. El Dr. Smith señaló que esta colaboración supuso un avance técnico.
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Implementación y desarrollo de la vacuna personalizada para Rosie
Excluida la opción de terapias comerciales por cuestiones regulatorias, Conyngham propuso el desarrollo de una vacuna experimental de ARNm para su mascota. Contó con la colaboración de Pall Thordarson, director del UNSW RNA Institute, quien, partiendo de los datos y algoritmos de Conyngham, sintetizó la vacuna en formato de nanopartícula. Así lo explicó Thordarson en declaraciones recogidas por The Australian.

Thordarson remarcó: “Esta es la primera vez que se diseña una vacuna personalizada contra el cáncer para un perro”, lo que marca un paso relevante para acelerar la creación de tratamientos personalizados tanto en animales como en personas.
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El equipo cumplió todas las exigencias éticas en Australia, que es la máxima autoridad en regulación veterinaria. Logró que la Universidad de Queensland administrara la vacuna bajo la supervisión de la profesora Rachel Allavena.
La logística incluyó el transporte refrigerado desde Sídney a Gatton y la administración de la primera dosis en diciembre de 2025, con refuerzos y controles posteriores, según confirmaron The Australian y UNSW Newsroom.
Aplicación de la vacuna personalizada de ARNm y resultados registrados
Los investigadores observaron efectos positivos durante la intervención. De acuerdo con la profesora Allavena, uno de los tumores de Rosie se redujo a la mitad en pocas semanas tras recibir la vacuna experimental de ARNm, un resultado inesperado para el equipo. Aunque no todos los tumores desaparecieron, Rosie experimentó mayor bienestar y actividad.
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El Dr. Smith, del Ramaciotti Centre for Genomics, también manifestó sorpresa por la eficacia observada. Paralelamente, David Thomas, director del UNSW Centre for Molecular Oncology, destacó el rol pionero de la ciencia ciudadana, al comprobar cómo una persona externa al área biomédica puede impulsar innovaciones como esta, según The Australian.
Actualmente, la secuenciación genómica en el centro procesa decenas de miles de muestras anuales, lo que representa un salto respecto a hace una década y facilita el acceso a terapias avanzadas a más pacientes, tanto humanos como animales, afirmó UNSW Newsroom.
Desafíos y proyecciones de la terapia
El desarrollo alcanzado en Rosie motiva debate sobre el futuro de la medicina personalizada. Investigadores siguen el caso con interés y cautela, reconociendo la velocidad con la que la inteligencia artificial y las nuevas herramientas genómicas están cambiando el tratamiento del cáncer, según ambas fuentes.
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Si bien Allavena calificó a Conyngham por impulsar esta tecnología, la doctora Kate Michie, especialista de la Universidad de Nueva Gales del Sur, advirtió que los modelos de inteligencia artificial como AlphaFold todavía requieren validaciones experimentales para sustentar sus hallazgos.
Rosie, que continúa bajo tratamiento, muestra una mejor calidad de vida; aunque algunos tumores persisten, Conyngham ya colabora en el desarrollo de una segunda vacuna personalizada para tratar la resistencia tumoral, informó The Australian.
El propio Conyngham considera que herramientas como la inteligencia artificial y el análisis genómico podrían, a futuro, convertir ciertos tipos de cáncer en enfermedades gestionables.
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