“Ha caído luchando hasta su último aliento por Alemania”: cuando al nazismo informó la muerte de Adolf Hitler y nadie se lo creyó

Apenas unas horas después de que el dictador nazi se matara con un disparo en la cabeza el 30 de abril de 1945 comenzaron a correr las versiones de que su suicidio era un montaje para no caer en manos de los soviéticos y escapara. Los cables de la embajada estadounidense que lo ubican en la Argentina, una foto misteriosa en Colombia y el misterio del submarino perdido

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Eva Braun
La versión oficial asegura que el líder nazi se disparó un tiro en la cabeza para no caer prisionero de los soviéticos y que su cuerpo fue quemado y enterrado en los jardines de la Cancillería del Reich (Grosby)

La radio de Hamburgo demoró más de 24 horas en dar la noticia, un retraso que luego acrecentó las sospechas. Exactamente a las 21.30 del 1° de mayo de 1945, un locutor informó que en breve se irradiaría “un anuncio grave e importante para el pueblo alemán”. Luego de esas palabras, la emisora comenzó a transmitir música solemne de Richard Wagner, el compositor predilecto del líder nazi Adolf Hitler, seguida de un fragmento de la Séptima sinfonía de Anton Bruckner. Recién a las 22.20, el locutor volvió a hablar para dar la noticia: “Nuestro Führer, Adolf Hitler, ha caído esta tarde en su puesto de comando en la Cancillería del Reich luchando hasta su último aliento en contra del bolchevismo y por Alemania”, anunció y luego le dio la palabra al comandante en jefe de la Armada alemana, Karl Dönitz, quien afirmó que el líder nazi había tenido “la muerte de un héroe” y que lo había nombrado su sucesor.

La muerte de Hitler fue puesta en duda de inmediato. “Los nazis han usado tanto la mentira como parte de su política y los informes sobre los supuestos dobles de Hitler están tan extendidos que esos anuncios van a dejar en muchas mentes la sospecha de que el maestro de la mentira intenta cometer un gran fraude final ante el mundo en un esfuerzo por salvarse”, advirtió The New York Times en una nota publicada al día siguiente.

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Pronto se supo que Hitler no había muerto la tarde del 1° de mayo “luchando hasta su último aliento contra el bolchevismo”, como había dicho el locutor, sino que –si en realidad estaba muerto– se había suicidado el día anterior, 30 de abril, en su búnker de Berlín. La versión oficial –una reconstrucción realizada en base a los testimonios de los sobrevivientes del búnker– aseguraba que Hitler su suicidó en su despacho de un tiro en la cabeza el 30 de abril para no caer en manos de los soviéticos y transformarse en “un fenómeno de circo”. Su cadáver y el de Eva Braun, según ese relato, fueron después incinerados por su asistente personal, el oficial de las SS Otro Günsche, con ayuda del chofer del führer, Erich Kempa, y otros miembros del séquito hitleriano, que después los enterraron en un cráter que había dejado una bomba en el jardín de la Cancillería del Reich, a unos pocos metros de la entrada del búnker.

Eva Braun
Adolf Hitler se casó en la medianoche del 29 de abril con Eva Braun y se mató junto a su esposa a las tres y media de la tarde del día siguiente (Grosby)

Para muchos, ese relato era un montaje y no tardaron en correr múltiples rumores diferentes, en todos las cuales su suicidio y el de su mujer, Eva Braun, eran una farsa para encubrir la huida del líder nazi. Algunas de esas versiones venían de fuentes muy creíbles. El 6 de mayo, cuando las tropas soviéticas llegaron al último refugio del líder nazi, la agencia Reuters despachó un cable donde, citando a altos oficiales del Ejército Rojo, informó: “En la Cancillería de la Wilhelmstrasse se encontraron los cadáveres de numerosos miembros del Estado Mayor nazi, jefes de las tropas de asalto y nazis de renombre, pero no el de Hitler”.

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Un mes más tarde, en una conferencia de prensa, el mariscal soviético Gueorgui Zhúkov, confirmó esa información y agregó un dato más: “El cadáver de Hitler no ha sido identificado y es posible que el Führer haya huido en avión”, dijo. Esa afirmación iba en sintonía con lo que Iósif Stalin le había dicho unos días antes a un enviado estadounidense. Según el líder soviético, Hitler se había escapado, posiblemente rumbo a España o a la Argentina.

Podía ser mentira o verdad, lo único seguro en esos tiempos es que cualquier información –falsa o cierta– era una pieza que se movía en el tablero. No fueron pocos los que pensaron que la información que daban los soviéticos sobre la supuesta huida de Hitler tenía como objetivo ocultar que lo habían capturado.

“Los nazis han usado tanto la mentira que esos anuncios van a dejar la sospecha de que el maestro de la mentira intenta cometer un gran fraude final ante el mundo en un esfuerzo por salvarse", publicó The New York Times al día siguiente (EFE)
“Los nazis han usado tanto la mentira que esos anuncios van a dejar la sospecha de que el maestro de la mentira intenta cometer un gran fraude final ante el mundo en un esfuerzo por salvarse", publicó The New York Times al día siguiente (EFE)

Argentina en la mira

Los rumores sobre la huida de Hitler y su posible destino se multiplicaron. Se dijo que estaba refugiado en una isla del Báltico, que se escondía en una fortaleza de Renania, que había cambiado sus rasgos y su identidad para vivir con Eva Braun como un ignoto ciudadano en Bavaria, que estaba disfrazado de monje en un monasterio español, que lo ocultaban unos simpatizantes nazis en Albania, que en su escape había llegado a un país de Sudamérica.

Con el paso del tiempo, el rumor sobre su detención por los soviéticos se diluyó por completo y muchas de las otras versiones fueron cayendo por su imposibilidad. En cambio, siguieron creciendo con fuerza las que sostenían que estaba en algún país sudamericano, probablemente en Colombia, Brasil o la Argentina.

De hecho, más de ocho décadas después, la teoría que sostiene que el líder nazi encontró refugio en este continente, donde por imperio del paso del tiempo murió sin que nadie lo encontrara, sigue teniendo impulsores. Hace menos de dos años el agente retirado de la CIA Bob Baer aseguró que estaba esperando tener en sus manos una serie de documentos que podrían revelar posibles vínculos entre el dictador nazi y el gobierno argentino de la época, que -según sus sospechas- habría estado “escondiéndolo”. Según Baer, Juan Domingo Perón habría aprobado la construcción de un posible refugio para criminales nazis en Misiones y que esas instalaciones fueron recién descubiertas en 2015 cerca de las ruinas jesuíticas. Demasiados verbos en condicional, en todo caso.

Que la Argentina siempre estuviera en el centro de la escena como el posible refugio final de Hitler no sonaba descabellado. En 2012, el gobierno alemán desclasificó una serie de documentos que prueban que alrededor de 9.000 nazis y colaboracionistas escaparon por esas tres vías hacia Sudamérica después de la guerra. Cerca de 5.000 se quedaron en la Argentina, el destino al que el cazador de nazis Simon Wiesenthal llamaba el “Cabo de Última Esperanza” para los criminales de guerra nazis.

Klaus Barbie consiguió un pasaporte falso y pasajes como miembros de la Cruz Roja Internacional para su ingreso a Argentina, antes de huir hacia Bolivia
Klaus Barbie consiguió un pasaporte falso y pasajes como miembros de la Cruz Roja Internacional para su ingreso a Argentina, antes de huir hacia Bolivia

Había otras razones por las que se señalaba a la Argentina. Desde el ascenso de Hitler en Alemania, a principios de la década de los ’30, muchas empresas de capitales nazis se instalaron en Buenos Aires y otros lugares del país. También desde mediados de la década de los ’30, en Buenos Aires se asentaba la mayor organización nacionalsocialista de Sudamérica, que en 1938 llegó a hacer un multitudinario acto en el Luna Park. Dos listados de las décadas del ’30 y ’40 y otro que el Centro Wiesenthal entregó a Carlos Menem en 1997 muestran que la Argentina fue el destino transitorio del quince por ciento del dinero que, luego de expoliar a sus víctimas, los jerarcas nazis fugaron al exterior. Así habrían pasado hacia Suiza 341 millones de dólares de aquella época, equivalentes a alrededor de 6.000 millones de hoy. Parte de ese dinero se habría utilizado para facilitar la radicación de los criminales de guerra prófugos en la Argentina.

Otros países de Sudamérica también fueron elegidos por los prófugos para esconderse. Cerca de otros 2000 criminales de guerra se instalaron en Brasil, y unos 1000 en Chile, mientras que algunos centenares se ocultaron en Paraguay, Bolivia, Colombia y Ecuador. Pero en la mayoría de los casos, para llegar a esos destinos desembarcaron en la Argentina como puerta de entrada al continente. Si se tiene en cuenta la magnitud de esa “emigración”, no resultaría extraño que –si realmente pudo escapar de Alemania– Hitler hubiese llegado a estas costas, como lo hicieron por distintas vías Adolf Eichmann, Joseph Mengele, Klaus Barbie y tantos otros criminales de guerra nazis.

Adolf Eichmann
Adolf Eichmann era uno de los criminales del nazismo más buscados del mundo y fue encontrado en la Argentina, donde vivió como un supuesto "buen vecino alemán" en la localidad bonaerense de San Fernando

Cables secretos y submarinos

Existen pruebas de que la inteligencia estadounidense tomó con seriedad la posibilidad de que Hitler estuviera en la Argentina. Lo demuestra un cable secreto de la de la embajada en Buenos Aires fechado en julio de 1945. “Llegada de submarinos alemanes a las costas de Argentina. Circulan varios rumores en Buenos Aires referidos a la llegada del submarino U-530 antes de su rendición. Una fuente de credibilidad desconocida asegura que el 28 de junio un submarino emergió en Puerto San Julián, territorio de la provincia de Santa Cruz, del que descendieron dos personas sin identificar, uno sería un alto oficial y la otra una muy importante persona”, decía el informe cifrado que llegó a Washington.

En otro despacho secreto, los agentes de inteligencia estadounidenses asignados en la capital argentina no descartaron que el submarino visto en Puerto San Julián fuera en realidad el U-3523 y no el U-530. No era una diferencia sin importancia, porque tres meses después de la rendición alemana, no se tenían rastros del paradero del U-3523. En cuanto a las dos personas mencionadas, se pensó que podían ser Hitler –el civil– y su cuñado Hermann Fegelein, quien supuestamente había sido ejecutado por orden del propio führer el 29 de abril anterior en el bunker.

La rendición en el puerto de Mar del Plata de los submarinos U-530, el 10 de julio de 1945, y U-977, el 17 de agosto de ese año, aumentó las sospechas de la inteligencia aliada sobre una posible huida de Hitler. Cuando se entregó, el comandante del U-530, Otto Wermouth, había destruido la bitácora de a bordo y sus testimonios sobre la deriva de la nave fueron contradictorios. Tampoco pudo explicar de manera creíble porqué faltaba un bote de goma, similar a otro que luego fue encontrado en las playas de Mar del Sur.

Heinz Schäffer, el comandante del U-977, tampoco fue del todo claro cuando le pidieron que explicara por qué, al comparar el número de marinos que se entregaron con la propia bitácora de la nave, faltaban 16 tripulantes y tres botes. Dijo que “la noche del 10 de mayo de 1945, entre las 02.30 h. y las 03.30 h., tres marineros y trece suboficiales tomaron tres de las balsas más grandes, una de las cuales fue dañada y abandonada (...) siendo dejados sobre la Isla de Holsenoy, cerca de Bergen (Noruega)”. Sus palabras nunca pudieron ser comprobadas.

El führer prófugo y algunos de sus acólitos podían haber desembarcado de cualquiera de esos dos submarinos en las costas del sur argentino, pero la mira seguía puesta en el U-3523, que no aparecía por ningún lado. No se trataba solamente de que no se conocía su destino sino –sobre todo– de sus características especiales: era el modelo más sofisticado de los U-boat alemanes, de la flota Tipo XXI, el único capaz de atravesar el Atlántico hasta Sudamérica sin necesidad de emerger. Si Hitler y otros altos jerarcas habían huido de Alemania en un submarino, tenía que ser ese, el misterioso U-3523. Además, era casi único: los alemanes habían alcanzado a fabricar solamente dos.

Hermann Göring
La radio de Hamburgo anunció la muerte de Adolf Hitler horas después de ocurrida, lo que generó sospechas sobre las circunstancias de su fallecimiento

El don de la ubicuidad

Diez años después de la rendición alemana, la inteligencia estadounidense seguía buscando rastros de Hitler en Sudamérica y, más precisamente, en la Argentina. Un informe, en este caso del FBI, fechado el 21 de septiembre de 1954 detallaba las declaraciones de testigos que aseguraban que Hitler había llegado a la Argentina dos semanas y media después de la caída de Berlín a bordo de un submarino. También indica un supuesto destino en tierra: “Según un plan preestablecido con seis altos funcionarios argentinos, al amanecer se cargaron todas las provisiones y partieron hacia las estribaciones de los Andes meridionales”, dice el archivo desclasificado.

Hay más documentos desclasificados que demuestran que en Washington sospechaban que Hitler había logrado escapar. Uno de ellos, del 3 de octubre de 1955, contiene denuncias de un ex soldado de las SS llamado Philip Citroën de que el führer había estado escondido en la Argentina y que de allí había seguido a Colombia. Incluso, incluye una foto del presunto Hitler tomada en 1954 en la ciudad colombiana de Tunja. El documento agrega: “Según Citroën, los alemanes que residían en Tunja, Colombia, siguieron a ese supuesto Hitler ofreciendo el saludo nazi”.

Incluso en 2014, el argentino Abel Basti, autor de El exilio de Hitler, sostenía que, una vez llegado a las costas argentinas, Hitler “no vivió enclaustrado” sino que se movía con libertad por Argentina y otros países como Brasil, Colombia y Paraguay. Según Basti, las principales agencias de inteligencia del mundo, como la CIA y el MI6 británico, contaban con informes y fotografías que confirmaban su presencia en Sudamérica después de 1945. En todos los casos se suponía que, después de dejar a Hitler en una costa del sur argentino, el U-3523 había sido hundido por sus propios tripulantes para que se le perdiera todo rastro y, con él, el final del itinerario del escape del líder nazi.

submarino nazi- hitler
El hallazgo en 2018 del submarino U-3523, clave en la teoría del escape de Hitler, confirmó que fue hundido en mayo de 1945 frente a Dinamarca, desmintiendo su uso para huir a Sudamérica

El submarino perdido y el cráneo perforado

La versión del escape en el U-3523 se derrumbó el 13 de abril de 2018, cuando el Museo de Guerra de Dinamarca, con sede en Copenhague, anunció que había hallado el famoso submarino nazi en las aguas territoriales de ese país, hundido a 123 metros de profundidad. “El museo localizó los restos del submarino alemán U-3523, que fue hundido en el estrecho de Skagerrak por la aeronave B24 Liberator el 6 de mayo de 1945”, informó el Museo en un comunicado. Y se refirió específicamente a la versión de su supuesto papel en la huida de Hitler: “Debido a su capacidad de permanecer sumergido durante un tiempo prolongado, el U-3523 alimentó los rumores de que había sido el medio de transporte de la élite nazi para escapar hacia Sudamérica”. Ocho años después del hallazgo, los restos del U-3523 siguen en el fondo del mar. Se calcula se demorará mucho tiempo en recuperar sus restos, por la profundidad a la que se encuentran y lo costoso de la operación para recuperarlo.

Antes del descubrimiento del submarino, en abril de 2000, Moscú realizó una gran exposición de sus archivos secretos sobre la Segunda Guerra Mundial. Como parte de la muestra, se exhibió un fragmento medio quemado de un cráneo, perforado por una bala, encontrado en 1945 en el jardín de la Cancillería del Reich y al que se identificó como perteneciente a Adolf Hitler. Con esos restos, más precisamente con la dentadura, el médico forense, arqueólogo y antropólogo francés Philippe Charlier, concluyó que había una “concordancia perfecta entre las radiografías presentadas como pertenecientes a Hitler en vida y los elementos dentales presentados” por las autoridades rusas.

Las pruebas forenses son concluyentes, pero los devotos de este tipo de teorías conspirativas suelen ignorar los datos científicos. Por eso, seguirán sosteniendo Hitler no murió el 30 de abril de 1945 en su búnker de Berlín, sino que logró escapar y que dejó este mundo por causas naturales muchos años después en Sudamérica, donde sus restos descansan en algún lugar secreto que solo conocen unos pocos iniciados. Los amantes de estas versiones quedaron fascinados en 2011, cuando se estrenó el documental El escape de Hitler, dirigido por el argentino Matías Gueilburt, donde se examinan supuestas nuevas pruebas y testimonios que cuestionan el suicidio y plantean la hipótesis de que Hitler escapó de Berlín y se refugió en la Patagonia.

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