Durante la producción de la legendaria película E.T., el extraterrestre, el equipo de Steven Spielberg enfrentó un desafío técnico: lograr que el personaje principal, una criatura de otro mundo, transmitiera ternura y humanidad. Pese a los avances en animatrónica, los movimientos del muñeco resultaban artificiales. La solución definitiva llegó cuando el director y su equipo hallaron un niño con características físicas únicas, dando así un giro inesperado a la historia del cine al seleccionar a Matthew DeMeritt. El chico tenía entonces 11 años y nunca había actuado ni aspirado a la fama, pero cuya condición física resultó esencial para el éxito del filme.

El origen de esta decisión se remonta a la etapa donde el equipo técnico, encabezado por Carlo Rambaldi, seguía perfeccionando el diseño del muñeco de E.T. Aunque la animatrónica permitía ciertos gestos, el movimiento seguía limitado y poco convincente. Fue entonces cuando se planteó la idea de construir un traje que pudiera vestir una persona real. El requisito era claro: necesitaban a alguien de baja estatura, lo suficientemente pequeño para caber dentro del traje y capaz de moverse con naturalidad. De ese modo, surgió la propuesta de realizar un casting en un centro de fisioterapia.
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Matthew DeMeritt había nacido sin piernas y se desplazaba desde pequeño utilizando la fuerza de sus brazos, sin considerar nunca que esa forma de movilizarse pudiera ser algo más que un aspecto cotidiano de su vida.

La productora Kathleen Kennedy lo localizó a través de uno de sus médicos y lo invitó a participar en una prueba para el filme. “Me tomaron las medidas y me filmaron caminando sobre las manos. Nunca le había mostrado eso a nadie. No sé cómo pensaron que podría moverme dentro del traje y que fuera creíble, pero funcionó”, recordó en una entrevista.
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El trabajo de Carlo Rambaldi en el diseño de E.T. resultó esencial para que el personaje despertara simpatía en el público. Inspirándose en los ojos húmedos y brillosos de su gato, la textura suave de un recién nacido y los pliegues faciales que evocaban a Albert Einstein, Rambaldi logró una criatura que transmitía vulnerabilidad y sabiduría, a la vez que permitía a Matthew aportar el toque humano necesario.

El traje de E.T. fue confeccionado en goma, con una textura húmeda para lograr el efecto visual deseado frente a las cámaras. Tenía una pequeña ranura en el pecho que le permitía a Matthew ver hacia afuera, y la cabeza del personaje descansaba sobre la suya. Desplazándose sobre las manos, levantaba su torso y avanzaba dentro del traje, replicando el inolvidable andar tambaleante del extraterrestre. “Hacía mucho calor incluso sin luces. Ojalá hubiera tenido una cremallera o algo en la espalda, pero no. Te lo metían por la cabeza y quedabas atrapado como una salchicha”, explicó Matthew.
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En la película, varias personas dieron vida al personaje: Tamara De Treaux, Pat Bilon y el propio Matthew DeMeritt. Cada uno aportó movimientos y estilos diferentes. Sin embargo, las escenas que requerían caídas o movimientos bruscos eran protagonizadas casi siempre por Matthew. “Me usaron en todas las escenas en las que E.T. tenía que caerse”, afirmó, subrayando que tanto Pat Bilon como Tamara De Treaux tenían huesos frágiles, por lo que una caída podía representar un riesgo serio para ellos. Al estar acostumbrado a cargar el peso de su cuerpo sobre los brazos, Matthew podía realizar ese tipo de acciones sin lastimarse.

Entre las escenas más recordadas en las que participó se encuentra aquella en la que E.T. se tambalea y como está borracho tras beber cerveza, se cae. También la de Halloween, donde el flash de una cámara asusta al personaje y lo hace desplomarse. El peculiar modo de caminar y moverse de Matthew resultó crucial para imprimirle vida y carisma al personaje, algo que ni los mecanismos más avanzados de principios de la década de 1980 (cuando no había IA) podían lograr.
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El rodaje fue exigente físicamente, sobre todo por las altas temperaturas que se acumulaban dentro del traje de goma. A pesar de las incomodidades, Matthew recuerda con afecto el trato que recibía de Steven Spielberg: “Cuando hacía calor, Spielberg se acercaba y me preguntaba si estaba bien. También se aseguraba de que no me lastimara. No recuerdo haberme quejado, supongo que porque el traje estaba acolchado y me sentía cómodo adentro”. Según relató, el director propiciaba un ambiente cálido y lúdico, permitiendo que los niños del set jugaran en su oficina, repleta de videojuegos, mientras él mantenía reuniones de producción.

Tras culminar la filmación, Matthew DeMeritt regresó a su rutina habitual, lejos de los reflectores. El impacto de haber participado en uno de los mayores éxitos del cine no se tradujo en una búsqueda de notoriedad ni en una carrera actoral. Sin embargo, la experiencia tuvo un efecto transformador en su vida personal, especialmente en relación con el acoso escolar que sufría en ese momento.
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“E.T. llegó justo en el peor momento”, rememoró. La amistad que entabló en el set con Henry Thomas y Robert MacNaughton –intérpretes de Elliott y su hermano en la película– se mantuvo más allá del rodaje y, al regresar a la escuela, notó que el bullying disminuyó considerablemente. “Nos llevábamos bien, pasábamos tiempo juntos… y cuando regresé a la escuela, el bullying se detuvo. Creo que E.T. me dio confianza”, reconoció.

Lejos de perseguir la fama, Matthew eligió llevar una vida tranquila, alejada de las cámaras. Vive a dos horas de Los Ángeles, junto a su esposa Nanette y su hijastro James. Es profesor de inglés en una universidad, juega al básquet en silla de ruedas durante su tiempo libre y compone música. Su admiración por Rowan Atkinson es notoria: posee la colección completa de Blackadder y Mr. Bean.
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A pesar de su vínculo con una de las películas más importantes de la historia, Matthew DeMeritt solo volvió a actuar en contadas ocasiones, principalmente en producciones independientes de ciencia ficción. Una de ellas fue en Cyborg II, una de las primeras películas de Angelina Jolie, donde tuvo su único papel con diálogo. No obstante, nunca persiguió una carrera en el mundo del espectáculo, prefiriendo mantenerse en un segundo plano y dejar que el recuerdo de E.T. permanezca centrado en el entrañable personaje y no en el niño que le dio movimiento.

Durante el vigésimo aniversario del estreno de E.T., Matthew fue invitado a diversos eventos y entrevistas, donde compartió anécdotas del rodaje y reflexionó sobre la inesperada trascendencia de su participación. Durante la celebración del 40.º aniversario, asistió junto a Robert MacNaughton a la proyección especial realizada en el Teatro Chino TCL de Hollywood, en Los Ángeles, el 21 de abril de 2022. Allí recordó cómo aquel rodaje cambió para siempre su percepción de sí mismo y la forma en que los demás lo veían.
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En la actualidad, Matthew se declara satisfecho con el papel que jugó en la creación de uno de los personajes más queridos del cine. Sabe que su contribución fue fundamental para que la criatura cobrara vida y conectara con millones de espectadores. “E.T., ¡soy yo!”, afirma con una mezcla de orgullo y discreción, reconociendo que, aunque su rostro nunca apareció en pantalla, su esfuerzo y su particular modo de moverse siguen presentes en la memoria de quienes vieron la película y han repetido durante décadas: “E.T phone home”.
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