A 60 años del tiroteo en la confitería La Real: la investigación de Rodolfo Walsh y la verdad sobre el asesinato de Rosendo García

La noche del 13 de mayo de 1966, dos dirigentes sindicales combativos y un colaborador cercano del secretario general de la UOM, Augusto Timoteo Vandor, murieron durante un tiroteo en un salón de Avellaneda. Se dijo que fue un enfrentamiento entre dos bandos, pero el autor de Operación Masacre ideó una maniobra magistral para que uno de los laderos de Vandor le contara lo que realmente había ocurrido creyendo que esa era la voluntad de Juan Domingo Perón

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Asesinato de Rosendo Garcia 1
La despedida a Rosendo García

Los hechos de la noche del viernes 13 de abril de 1966 en la Confitería La Real habían sido tan violentos como confusos. En el local de la esquina de Avenida Mitre y Sarmiento, en pleno centro de Avellaneda, se habían topado dos grupos rivales de sindicalistas que se tenían ganas desde hacía rato. Luego de participar en un acto realizado en el Teatro Roma, muy cerca de allí, en un rejunte de mesas estaban sentados Augusto Timoteo Vandor, Rosendo García, Norberto “Beto” Imbelloni, Armando Cabo y otros burócratas sindicales de apellidos Petracca, Valdez, Saffi y Gerardi, a los que sumaban varios más que nunca fueron identificados. En otro lugar del salón se acomodaban Francisco Granato, Domingo Blajaquis, los hermanos Raimundo y Rolando Villaflor, Miguel Gomar, Juan Zalazar y Francisco Alonso, todos ellos militantes obreros de base enfrentados con la burocracia sindical de la CGT y especialmente con la dirigencia de la Unión Obrera Metalúrgica, cuyo máximo representante era Vandor, un hombre que desde hacía tiempo venía acunando la idea de armar un “neoperonismo”.

Primero hubo provocaciones verbales y después se inició una pelea a puñetazos que tuvo como antagonistas a Norberto Imbelloni y Rolando Villaflor. Mientras estos dos estaban revolcándose por el piso ante la mirada atónita de los parroquianos ajenos a la cosa empezaron los tiros. Todo fue muy rápido y el saldo se calculó en muertos: uno de un bando, Rosendo García; otros dos del otro, Juan Zalazar y Domingo Blajaquis.

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Dos años después, la Justicia no había avanzado prácticamente nada en la investigación del caso y Rodolfo Walsh, por entonces periodista del diario de la flamante CGT de los Argentinos —liderada por Raimundo Ongaro y escindida de la CGT oficial—, tenía una hipótesis sobre lo ocurrido: que pese a haber muertos en ambos bandos, los tiros habían sido disparados todos por la gente de Vandor. En otras palabras, que no había sido un enfrentamiento armado, como se creía, y que a Rosendo García lo habían matado sus propios compañeros.

Para llegar a esa conclusión, el autor de Operación Masacre realizó una minuciosa investigación que incluyó entrevistas a muchos de los integrantes del grupo que estaba sentado junto a Zalazar y a Blajaquis y la reconstrucción de la dirección de los disparos revisando uno por uno los impactos de bala que habían quedado en el salón. Pero necesitaba más: una fuente del otro bando que confirmara su teoría, pero de esos ninguno quería hablar. Hasta que la noche del 25 de mayo de 1968 pudo sentarse frente a frente con Imbelloni.

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—¿Va a hablar ahora? —le preguntó Rodolfo Walsh.

—Sí, le voy a contar —respondió el sindicalista que hasta no hacía mucho había sido un incondicional del “Lobo” Vandor.

—Bueno, Imbelloni, mire: yo quisiera que usted me hiciera un relato de cómo pasaron las cosas esa noche en La Real —pidió Walsh.

—Exactamente —dijo el Beto y se despachó.

En el tiempo transcurrido desde la noche del tiroteo en La Real, Norberto Imbelloni se había comportado de manera equívoca. En un primer momento cerró filas con Vandor, apoyando la versión de que hubo tiros de los dos lados, pero después se distanció de su jefe a raíz del cierre de la planta de Siam Automotores y el 30 de septiembre de 1967 lo atacó con una solicitada donde lo acusaba de ser “el único y verdadero culpable” de la muerte de García. Vandor reaccionó presentándose ante la Justicia para exigir que se investigara la denuncia de Imbelloni “en aras de las posibilidades de esclarecimiento” de la muerte de García, “cuya memoria es sagrada e inviolable para el suscripto”. Entonces Imbelloni se retractó.

En ¿Quién mató a Rosendo?, Walsh relata: “Le pregunté a Imbelloni por qué se había retractado y el Beto me respondió que falto de apoyo sindical y político, no tenía confianza en que se hiciera justicia”.

¿Por qué, entonces, la noche del 25 de mayo de 1968, frente al grabador encendido de Walsh, Imbelloni estuvo dispuesto a cambiar su versión nuevamente y a contar la verdad?

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Dos años después del enfrentamiento, la Justicia no había avanzado prácticamente nada en la investigación del caso y Rodolfo Walsh tenía una hipótesis sobre lo ocurrido: que a Rosendo García lo habían matado sus propios compañeros

Una historia para el Beto

Un par de meses antes de la entrevista de Walsh a Imbelloni, la corriente combativa dentro de la CGT se había escindido del sector “conciliador” con la dictadura de Juan Carlos Onganía, en el que se destacaba Vandor, y había creado la Confederación General del Trabajo de los Argentinos (CGTA), liderada por el gráfico Raimundo Ongaro. Alarmado por la movida de “un peronismo sin Perón” que el secretario general de la UOM venía tejiendo desde hacía tiempo, el general exiliado había recibido en Madrid a Ongaro y le había dado el visto bueno para confrontar con Vandor creando la CGTA.

Prácticamente al mismo tiempo de conformación de la nueva central sindical salió su periódico, dirigido por Rodolfo Walsh — hay quienes dice que esa designación fue por sugerencia de Perón—, con un staff integrado, entre otros, por Rogelio García Lupo, Vicky Walsh y Horacio Verbitsky.

La designación de Walsh como director del periódico no había conformado a todos. “Por ese tiempo había aparecido un cuento de Walsh y había circulado entre algunos de los muchachos. Era un cuento medio difícil, con una técnica literaria compleja, y algunos se preguntaron si era el tipo indicado para dirigir un periódico obrero combativo. Uno de ellos, el Indio Allende, me contó que medio lo apretó a Rodolfo y le dijo: ‘Mirá, o vos contás las cosas para que le sirvan al pueblo y a la pelea nuestra o te vas a escribir para los pequeño burgueses’”, le contó a este cronista hace unos años el periodista y escritor Enrique Arrosagaray, autor de Los Villaflor de Avellaneda y de Rodolfo Walsh. De dramaturgo a guerrillero.

Una de las primeras decisiones que tomó Walsh al hacerse cargo del periódico fue investigar el tiroteo de La Real y publicar, por entregas, lo que iba descubriendo. Puesto en la tarea, el autor de Operación Masacre revisó expedientes judiciales y entrevistó a participantes y testigos. Se encontró con que los del grupo de sindicalistas combativos que habían estado en La Real no tenían inconveniente en contar los hechos mientras que los acólitos de Vandor levantaban un muro de silencio. El punto débil podía ser Norberto Imbelloni, que se había distanciado de Vandor y lo había acusado, aunque luego se había retractado. Si alguien iba a hablar, era él.

Entonces, con los hermanos Raimundo y Rolando Villaflor —de una familia de obreros y luchadores sindicales de larguísima tradición en Avellaneda— idearon una estratagema: hacerle creer al Beto que Perón quería que lo acusara a Vandor. La historia que armaron era creíble. Ya a principios de 1966, antes del golpe de Onganía, Perón había dicho que debían acabar con el Lobo Vandor. En una carta que le mandó a José Alonso, líder del sindicato textil, en enero de ese año, le había escrito que “el enemigo principal es Vandor y su trenza… hay que darles con todo y a la cabeza, sin tregua ni cuartel. En política, no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer… Deberá haber solución y definitiva, sin consultas, como ustedes resuelven allí. Esa es mi palabra y usted sabe que Perón cumple”.

Por otra parte, hacía poco tiempo que Walsh había viajado a Madrid y se había entrevistado con Perón. Entonces, bien podía ser un mensajero del general. En una entrevista que le hizo la revista Siete días en 1969, poco después de la publicación de ¿Quién mató a Rosendo?, Walsh lo contó así: “En el caso de Norberto Imbelloni (sindicalista que estuvo presente en el momento del asesinato de Rosendo), nos costó trabajo localizarlo. Yo había vuelto de España y había hablado con Perón; no del asunto sino de otras cosas, pero me sirvió para presionarlo. Le dije que Perón había dado orden de defenestrar a Vandor. Entonces Imbelloni habló”.

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Walsh le hizo creer a Imbelloni que Perón quería que acusara a Vandor para que le contara la verdad de lo ocurrido en La Real

Los recuerdos de Rolando Villaflor

Durante las entrevistas que Enrique Alsogaray mantuvo con Rolando Villaflor para escribir su libro Los Villaflor de Avellaneda, recogió el relato que este le hizo sobre cómo lograron convencer a Imbelloni. “La idea se les ocurrió mientras estaban conversando Rolando, Raimundo y el Negro Francisco Granato en la casa del viejo Aníbal Villaflor, en la calle Pasteur de Avellaneda. Uno de los Villaflor lo llamó por teléfono a Imbelloni para proponerle que hablara con Walsh, porque Perón le había pedido que lo fuera a ver porque había que hacerlo pelota a Vandor y que para eso estaba bueno que contara cómo habían sido de verdad los hechos de La Real. En la mentira había una parte de verdad: Walsh había estado con Perón en España, pero en ningún momento dio esa orden. Aprovecharon esa parte de verdad, y de ahí vino esa mentira que le metieron a Imbelloni. El Beto dijo que sí y entonces Walsh y los dos Villaflor se fueron caminando hasta la casa”, le contó Arrosagaray al autor de esta nota.

En ¿Quién mató a Rosendo?, Walsh relata así el comienzo del encuentro: “El hombre rubio y atlético había salido vistiéndose del baño en la casa de Lanús. Cuando saludó sin animosidad a Rolando Villaflor, me sentí aliviado (…) Contrariamente a nuestras fantasías, Imbelloni no nos esperaba con una ametralladora, sino con un mate”.

La versión que Rolando Villaflor le dio a Arrosagaray difiere de la de Walsh, quizás porque el director del periódico de la CGTA no quiso cargar las tintas sobre la figura de Imbelloni para no quitarle fuerza a su testimonio. “Rolando me contó que se abrió la puerta y la casa estaba llena de tipos enfierrados. Que tuvo la sensación de que se metían en la boca del lobo pero que, a fin de cuentas, cuando le plantearon cara a cara que había una orden, o por lo menos una sugerencia, de Perón, Imbelloni se sentó y charló con tranquilidad. Esa charla, desgrabada casi textualmente, es la que Walsh publica en el libro”, le dijo Arrosagaray a este cronista.

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Un titular sobre la muerte de Rosendo García

Las revelaciones de Imbelloni

Convencido de que era la voluntad de Perón, ya sentado frente a Walsh la noche del 25 de mayo de 1968, Norberto Imbelloni le relató al autor de Operación Masacre su versión de lo ocurrido en La Real la noche del 13 de mayo de 1966. En la desgrabación se percibe que habló con soltura y sin reticencias. Reveló también uno de los secretos mejor guardados por Vandor y los suyos sobre el episodio: la identidad de ocho miembros de su grupo que se habían borrado de la escena y que la Justicia desconocía. “Quería saber los nombres de los ocho protagonistas que se habían esfumado. El ‘misterio’ que resistió dos años se iba a develar ahora en cinco minutos”, escribiría después Walsh.

Sin embargo, lo más importante llegó al final de la entrevista, cuando Imbelloni acusó inequívocamente a Vandor de haber matado a Rosendo García: “Lo de Rosendo, me lo dice cuatro veces, que es una pistola 45 que lo mató. Ahí se deschavó solo Vandor, fue su arma la que lo mató. Si no, ¿por qué me insiste? Porque el hombre de la duda era yo, si la misma noche me llama para decirme cómo había visto él la pelea e incluso después, cuando lo estábamos velando, se apareció con un croquis diciendo que todos los tiros estaban contra el lugar donde estábamos nosotros sentados”, le dijo el Beto a Walsh y quedó registrado en la cinta.

—No hay ningún tiro contra ustedes. En la zona de ustedes, ni un solo tiro —insistió Walsh, para que confirmara.

—Por eso. Y ahí me avivo yo. Porque Vandor sabe que yo sé que él lo mató —remató el Beto.

No hacía falta más para establecer lo que había ocurrido: los tiros habían salido de uno solo de los grupos, el de los burócratas sindicales, y la muerte de Rosendo estaba firmada por el calibre del arma del Lobo Vandor.

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En la entrevista con Walsh, Imbelloni acusó inequívocamente a Vandor de haber matado a Rosendo García

Un recule más

La publicación de las revelaciones de Imbelloni en el periódico de la CGT de los Argentinos provocó un escándalo que incluyó declaraciones cruzadas, negativas y acusaciones de traición. Poco después, Norberto Imbelloni volvió a retractarse de su acusación contra Vandor, incluso negando haberle dicho a Walsh lo que este había publicado. Sin embargo, la grabación no metía: había dicho todas y cada una de las palabras que habían sido publicadas.

Un año más tarde, en la entrevista a Walsh publicada por Siete Días, el periodista dirá: “(Imbelloni) Después se rectificó diciendo que no me conocía. Según versiones que me llegaron, esa rectificación le costó un millón de pesos a Vandor. A esta altura el asunto le va a costar cualquier cantidad de plata”.

Augusto Timoteo Vandor fue asesinado de cinco disparos el 30 de junio de 1969 en la sede de la Unión Obrera Metalúrgica, en La Rioja al 1900 de la Ciudad de Buenos Aires. Norberto “Beto” Imbelloni siguió siendo dirigente sindical y ocupó cargos en los gobiernos de Juan Domingo Perón y María Estela Martínez de Perón. En 1983 fue elegido diputado nacional. Acusado de la muerte de un custodio del gremialista Raúl Cuervo en 1985, se fugó al Paraguay, donde vivió hasta 1990. Al volver al país fue condenado y encarcelado. Recuperó la libertad en 1995. Murió en diciembre de 2015, a los 80 años. Hace poco el autor de esta nota pudo confirmar por uno de los familiares del relator de Titanes en el Ring, Rodolfo Di Sarli, que en tiempos de necesidades el Beto fue uno de los tantos luchadores que encarnó a “El Caballero Rojo” de la troupe de Martín Karadagian.

La Justicia nunca esclareció los hechos de la confitería La Real. Los asesinatos de Domingo Blajaquis, Juan Zalazar y Rosendo García quedaron impunes para siempre. En cuanto a Rodolfo Walsh, como antes lo había hecho en Operación Masacre con los fusilamientos de José León Suárez la noche del 9 de junio de 1956, en ¿Quién mató a Rosendo? volvió a dar una clase ejemplar de periodismo de investigación al descubrir y revelar lo que Vandor quería ocultar sobre el asesinato de uno de sus hombres más cercanos.

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