
La figura de la bruja fascina y perturba en igual medida. Su imagen, con sombrero puntiagudo, escoba, caldero y gato negro, trasciende festividades y fronteras. Sin embargo, estos símbolos formaron parte de una construcción histórica anclada en la vida cotidiana, la marginación y la transmisión de saberes femeninos.
Un análisis de Mari Ellis Dunning, doctoranda en Lenguas y Literatura en Aberystwyth University (Gales), en The Conversation, revela cómo, desde Europa hasta Asia, la iconografía de la brujería expresa más que el relato que se plasma en cientos de películas.
PUBLICIDAD
La escoba y el caldero: de utensilios domésticos a objetos de sospecha
En la Europa del siglo XVI, la escoba representaba las labores cotidianas domésticas. Para las alewives —mujeres que elaboraban cerveza— era también una señal de venta.

La expansión de relatos de brujería y textos como el Malleus Maleficarum asociaron la escoba al acto de volar y a actividades demoníacas, transformando su significado original: de instrumento de limpieza a vehículo de lo prohibido y marginal.
PUBLICIDAD
El caldero, otro clásico de la iconografía, simbolizaba el trabajo de sanadoras y curanderas, quienes preparaban remedios con hierbas y saberes transmitidos de generación en generación.
Con la consolidación de la medicina oficial y la persecución de prácticas no reguladas, el caldero pasó a verse como objeto de sospecha y misterio, reforzando su vínculo con la hechicería y los rituales asociados a lo femenino, según la escritora galesa Mari Ellis Dunning en The Conversation.
PUBLICIDAD

El sombrero negro: de Gales a una imagen que cruza el mundo
La imagen del sombrero alto y negro es, quizás, la representación más reconocible de la bruja moderna. Su origen, sin embargo, es complejo y revela la forma en que la moda y la construcción de alteridades influyeron en la iconografía de la brujería.
En la Gales de la Edad Moderna (1500-1780), muchas mujeres, especialmente en zonas rurales, adoptaban vestimenta funcional compuesta por faldas largas, delantales, chales y un sombrero rígido de copa alta y color oscuro.
PUBLICIDAD
Este atuendo, común entre campesinas y vendedoras locales, pasó a verse como raro o antiguo en el contexto urbano y protestante.

Durante la Reforma, los reformadores protestantes miraban con desconfianza a regiones consideradas apegadas a la superstición y la magia—como Gales y Cornualles—y, por extensión, a las mujeres que vestían el tradicional sombrero negro.
PUBLICIDAD
La resignificación de este símbolo trascendió el continente europeo. Hallazgos arqueológicos muestran que en regiones de Asia, como las estepas de la actual Xinjiang, se han descubierto momias datadas en el año 200 a.C. vestidas con sombreros altos y oscuros.
Estos vestigios, conocidos como las “brujas de Subeshi”, demuestran que la asociación entre el sombrero alto y figuras socialmente marginales o mágicas no era exclusiva de Europa.
PUBLICIDAD

El cabello y los animales: signos de diferencia y persecución
El cabello largo y suelto lleva, en la historia de la brujería, el peso del control social sobre el cuerpo femenino, asegura la escritora galesa. Ya que, a diferencia de los ideales cristianos del momento, el cabello descubierto simbolizaba indisciplina o rebeldía.
Testimonios históricos, como el caso de Agnes Griffiths en Gales en 1618, reflejan este estigma; se la describía como mujer de cabello suelto y conducta fuera de las normas. El pelo también participaba de las narrativas mágicas: se sospechaba que las brujas ocultaban cera en el cabello para sus rituales, asociándolas con prácticas secretas y peligrosas.
PUBLICIDAD
Los animales familiares completan el repertorio. Gatos, ratas, ranas y otros compañeros domésticos fueron interpretados como manifestaciones demoníacas, capaces de transmitir los poderes de la bruja.

La presencia de un “familiar” podía ser motivo suficiente para la persecución o la humillación pública, como ocurrió con Elizabeth Clarke y sus múltiples “espíritus familiares”, siendo el gato Vinegar Tom el más recordado.
PUBLICIDAD
Conexiones globales y resignificación de símbolos
La iconografía de la bruja, lejos de ser estática o exclusiva de Europa, muestra una notable capacidad de adaptación y expansión territorial.
Los símbolos que la definen —el sombrero, la escoba, el caldero y los animales— surgen de la resignificación de objetos y prácticas cotidianos, reforzada por el poder de la sospecha y la mirada inquisitiva sobre los márgenes sociales.

Los hallazgos de prendas y objetos similares en Asia ponen en evidencia que la configuración visual de la bruja responde a una dinámica universal de exclusión y construcción de símbolos de poder femenino.
En diferentes civilizaciones, estos elementos se enlazan con la marginación de ciertas mujeres y la transmisión subterránea de saberes. La universalidad de la iconografía de la bruja muestra cómo —más allá de las fronteras— la sociedad transforma lo desconocido o minoritario en relato, arquetipo y, en última instancia, mito.
La figura de la bruja es, así, testimonio de la capacidad colectiva de resignificar objetos cotidianos como representación de miedos, resistencias y posibilidades de transformación.
PUBLICIDAD
PUBLICIDAD
Últimas Noticias
Decenas de desaparecidos, un juicio sin condena y una leyenda sangrienta: la historia real de la noble más temida de Europa
Elizabeth Báthory gobernó castillos y tierras en la Hungría del siglo XVII, acumuló acusaciones de crímenes atroces y terminó encerrada en su propio castillo por razones que los historiadores vinculan tanto a la justicia como a la conveniencia política

Incendios, cárcel y misterio: cómo fue la trágica historia de Malcolm Shabazz, el nieto de Malcolm X
Marcado por la tragedia y el conflicto interno, intentó cambiar su rumbo pero una misteriosa tragedia culminó con su vida

La vida de Ella Fitzgerald, el milagro de Harlem: la adolescente sin hogar que se convirtió en reina del jazz
Se cumplen 30 años de la muerte de la artista. Fue admirada por Frank Sinatra y Marilyn Monroe. Desde el Apollo Theater hasta los grandes escenarios del planeta, su voz marcó para siempre la historia musical de Estados Unidos

“¡No molestes! ¡Metete en tus cosas!”: la advertencia que un capitán desoyó y la trama detrás de la peor tragedia naval de los EEUU
El 15 de junio de 1904, se produjo la mayor tragedia de la navegación civil de los Estados Unidos, cuando el General Slocum que llevaba más de 1.300 pasajeros, en su mayoría niños, se incendió y naufragó en medio del East River de Nueva York. Un foco de fuego ignorado, los botes en malas condiciones, los salvavidas que no flotaron y las decisiones erróneas del capitán multiplicaron la magnitud de un desastre, que mantuvo el triste récord de cantidad de víctimas en territorio estadounidense hasta el atentado contra las Torres Gemelas

El campeón de violín que mató a su madre y a su hermano, y la intimidad de una familia que prohibía la TV y las citas románticas
Los vecinos oyeron una ráfaga y creyeron que era práctica de tiro. Dentro de la casa, la escena rompía con el relato público que el país había visto años antes en un reality show. El expediente dejó una pregunta sin respuesta



