La asombrosa historia de la espía comunista que pudo desatar una guerra nuclear “para asegurar la paz”

Durante la guerra fría, la inglesa Melita Sirnis Norwood fue la agente soviética que entregó los planos de la bomba atómica al régimen de Moscú. Su status recién fue descubierto cuando tenía 87 años. Y a pesar que parte de los políticos británicos pedían un castigo por su traición, fue dejada en paz

Guardar
Google icon
Melita Sirnis
Captada por Stalin a los 25 años, Melita fue espía soviética durante cuatro décadas (Captura de video: Melita Norwood: The Soviet Union’s Longest-Serving British Spy)

“Fui comunista cuando había que serlo”: Doris Lessing, premio Nobel 2007, al autor de esta nota.

En su libro Historia de dos Ciudades, Charles Dickens logra un comienzo memorable: “Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos”. Se refiere a los principios de la Revolución Francesa. Pero en los años 30 y en Europa, ese hallazgo literario era imposible.

PUBLICIDAD

El mundo empezaba a arder. Entre el 36 y el 39, España se desangraba en una guerra civil. En Alemania, un vociferante cabo austríaco, con el argumento de recuperar el país, encendía la chispa del más letal de los polvorines: la Segunda Guerra Mundial y sus 60 (o más) millones de muertos, además del espanto del Holocausto.

Y, por precaución, se ponía de moda –frívola manera de decirlo– el espionaje. Agentes leales, dobles agentes (triples, incluso), se perseguían, se traicionaban y se mataban a veces por convicción, otras veces por dinero.

PUBLICIDAD

Y en ese momento entra en el feroz tablero de ajedrez una mujer. Inglesa, nacida en 192, llamada Melita Sirnis, luego Norwood por matrimonio, hija de un matrimonio comunista.

Antes de sus 20 años, el clima universitario británico la absorbe y la transforma, potenciado por la influencia de los Cinco de Cambridge: espías profesionales captados por la Unión Soviética en el Trinity College.

Melita Sirnis
La ex KGB Melita Norwood a los 99 años, en su casa de Bexleyheath, Londres. (Chris Harris/Shutterstock)

Activos hasta los años 50, actuaron con nombres breves y falsos: Stanley, Homer, Hicks, Tony –a veces, Johnson–, y Liszt, como para ponerle música al grupo. Comunistas leales, nunca fueron tomados muy en serio por el NKVD, luego la KGB. Según sus jefes, eran más notorias sus borracheras que sus informaciones secretas…. ¡como si los comisarios moscovitas fueran abstemios!

Sin embargo, inspiraron notorias novelas: El Tercer Hombre y El Factor Humano de Graham Greene, y Un Espía Perfecto, de John Le Carré.

Entretanto, Melita, lúcida estudiante de Lógica y Latín en la Universidad de Southampton, silenciosa, discreta, insospechable, sirvió –fiel y sin vacilaciones– a la Hoz y el Martillo, hasta 1972.

Como al resto del mundo, la bomba atómica sobre Hiroshima no sólo acabó con la guerra: aterrorizó al planeta. Empezaba la Era Atómica.

Pero ninguna de las potencias eran inocentes. Los Estados Unidos ganaron la carrera con su Proyecto Manhattan, pero es verdad histórica que Inglaterra y el Soviet se desvelaban por llegar primeros.

Melita Sirnis
Melita lee, en abril de 1999, la tapa del diario donde la tildan de "traidora durante 40 años". (Times Newspapers/Shutterstock)

Hasta entonces, Melita era el hada providencial del Oso Ruso: sus informaciones eran exactas y en el justo punto del almanaque de los sucesos. Pero se enamoró…, y ese fue el principio del fin.

De pronto llegó al grupo de espionaje un sujeto seductor, fogoso en la cama y comunista hasta la médula, y convenció a Melita de robar planos del proyecto atómico británico y ponerlo en las fauces de la Plaza Roja.

Demasiado, aun para ella. Pero lo hizo.

Los planos fueron de Londres a Moscú con pasaje de ida…, y un día entre los días Leo Galich, su amante, apareció ahorcado. El caso se cerró como “Suicidio”, pero no lo creyeron ni los más tontos.

La Unión Soviética logró su primera bomba en 1949, acaso por los informes y planos de Melita, que eligió una sencilla casa en los suburbios de Londres.

Pero el MI6, el servicio secreto británico, no le perdió ni el ritmo de la respiración. Interrogada, su excusa –casi una perfecta utopía– fue, textual:

–Siempre creí que cuando dos países poderosos tengan la misma bomba, la paz quedaría asegurada. Nadie se atrevería a detonarla primero.

Melita Sirnis
Melita Norwood en la puerta de su casa en Bexleyheath, Londres (Chris Harris/Shutterstock)

–¿Sigue siendo comunista?

–Hasta mi último suspiro.

Y volvió a su casa “a cuidar mis flores y mis tomates”.

Unos días después, tres agentes tocaron el timbre de su refugio para detenerla. Melita estaba tomando un té. Rondaba los 90 años.

El jefe del grupo decidió dejarla en paz: caso cerrado.

Cuando se fueron, la espía que pudo desatar un desastre nuclear siguió tomando su té, y en su taza preferida: la que tenía impresa la imagen del Che Guevara.

(Post scriptum: frente a estas historias, lo que en estas pampas llamamos “la Grieta” es casi menos que nada. Grieta, abismo, fueron aquellos años 30 en adelante. Porque sólo había dos trincheras: derecha e izquierda, ambas de absoluto fanatismo: el peor enemigo de la libertad. Sin términos medios, con perdón de los librepensadores que no se encadenaron a ningún bando. Porque grietas… ¡grietas eran aquellas!)

Seguí leyendo:

PUBLICIDAD

PUBLICIDAD

Últimas Noticias

Un bocado mortal, un temor cotidiano y una mirada determinante: la historia de los catadores de veneno

La práctica surgió por el miedo a atentados silenciosos y se volvió uno de los oficios más riesgosos de la corte. La diferencia entre tóxicos inmediatos y de efecto retardado explicaba por qué el método no garantizaba frenar el desenlace

Un bocado mortal, un temor cotidiano y una mirada determinante: la historia de los catadores de veneno

El accidente que mató a una rubia explosiva de Hollywood: una nube de insecticida y el hecho fortuito que salvó a sus hijos

Tras un show y luego de una discusión en el auto, sucedió la tragedia que acabó con la vida de la actriz Jayne Mansfield. Una noche cerrada, un semirremolque y tres vidas sesgadas

El accidente que mató a una rubia explosiva de Hollywood: una nube de insecticida y el hecho fortuito que salvó a sus hijos

El hombre que construyó un tanque de guerra para destruir las casas de sus vecinos por venganza: “Tuve que ser irrazonable”

Marvin Heemeyer tenía un taller en el pequeño pueblo de Granby, Estados Unidos. Su vida se complicó cuando instalaron una planta de cemento al lado de su negocio. Protestó, no fue escuchado y, entonces, armó un plan para hacer justicia por mano propia

El hombre que construyó un tanque de guerra para destruir las casas de sus vecinos por venganza: “Tuve que ser irrazonable”

La entrevista del asesino: el día que un joven lloró frente a las cámaras por la mujer que él mismo había descuartizado

El 30 de junio de 2011, Stephen McDaniel se convirtió en el vecino más conmocionado por la desaparición de Lauren Giddings. Horas después sería detenido. La víctima jamás imaginó que el hombre tímido que vivía unos metros más arriba la observaba desde hacía tiempo y terminaría convirtiéndose en su verdugo

La entrevista del asesino: el día que un joven lloró frente a las cámaras por la mujer que él mismo había descuartizado

La noche de los cuchillos largos y la ejecución sumaria de Ernst Röhm: “Si quiere matarme, que venga Hitler en persona”

Entre la noche del 30 de junio y la madrugada del 1 de julio de 1934, más de 85 hombres, la mayoría de ellos dirigentes de las temibles SA, la fuerza parapolicial del partido nazi, fueron asesinados por orden de Hitler para consolidar su poder. La planificación de la masacre y el final del único hombre que se atrevía a tutear al führer

La noche de los cuchillos largos y la ejecución sumaria de Ernst Röhm: “Si quiere matarme, que venga Hitler en persona”