Margarita Rosa Windsor nació el 21 de agosto de 1930, en el Castillo de Glamis, en Escocia. Fue la hija menor de Jorge VI e Isabel (su nombre era en realidad Elizabeth Bowes-Lyon). Como nieta de soberano por línea paterna, Margarita tenía el tratamiento de alteza real y princesa del Reino Unido desde su mismísimo nacimiento (Shutterstock)
Margarita Rosa Windsor nació el 21 de agosto de 1930, en el Castillo de Glamis, en Escocia. Fue la hija menor de Jorge VI e Isabel (su nombre era en realidad Elizabeth Bowes-Lyon). Como nieta de soberano por línea paterna, Margarita tenía el tratamiento de alteza real y princesa del Reino Unido desde su mismísimo nacimiento (Shutterstock)

Es un lugar común, pero certero, decir que en nuestra infancia muchas mujeres hemos soñado alguna vez con ser princesas. Como si los vaporosos vestidos de gasa, tafeta o seda y las coronas de diamantes nos aseguraran -en una especie de sortilegio mágico- la felicidad.

Paradójicamente, la vida de muchas princesas de carne y hueso no se parece en nada a los cuentos de hadas ni a las fantasías que solemos tener sobre la paradisíaca vida palaciega. Por el contrario, suelen ser vidas difíciles, con abundantes desamores y, a menudo, aburridas y encorsetadas en miles de normas.

Esas princesas, que no pidieron serlo, suelen soñar con el reverso de la moneda: tener una vida “real” -valga el doble sentido de la palabra- y ser personas corrientes a las que nadie mira y juzga a cada paso.

En la tercera temporada de "The Crown", la princesa Margarita es interpretada por la actriz Helena Bonham Carter

Es, entonces, cuando la rebeldía de algunas de estas mujeres irrumpe y tuerce los rígidos protocolos de las monarquías que les regulan qué decir, qué ponerse, a quién amar. Margarita de Inglaterra, fue una de esas princesas díscolas: se atrevió a todo. La hermana menor de la reina Isabel II (la monarca que lleva casi 68 años en el trono del Reino Unido), se animó a vivir a su modo haciendo añicos el cristal que la recubría.

Aun así, tampoco consiguió la siempre anhelada felicidad.

Pequeña Alteza Real

Margarita Rosa Windsor nació el 21 de agosto de 1930, en el Castillo de Glamis, en Escocia. Fue la hija menor de Jorge VI e Isabel (su nombre era en realidad Elizabeth Bowes-Lyon). Como nieta de soberano por línea paterna, Margarita tenía el tratamiento de alteza real y princesa del Reino Unido desde su mismísimo nacimiento. Fue educada junto con su hermana mayor Isabel (hoy Isabel II, 93 años) por la institutriz Marion Crawford. Margarita tenía muy buena voz y cantaba considerablemente bien, algo que en el futuro arruinaría su hábito de fumadora.

Su padre llegó a ser rey, luego de que su tío Eduardo VIII abdicara al trono, en diciembre de 1936, por amor a la norteamericana y dos veces divorciada Wallis Simpson, en un escándalo de ribetes románticos sin precedentes. Así fue que Margarita asistió a la coronación de sus padres en 1937 y se convirtió, durante algunos años, en la segunda en la línea de sucesión al trono británico hasta el nacimiento, en 1948, del hijo mayor de Isabel II (el príncipe Carlos de Inglaterra, quien luego fuera marido de Lady Di).

Margarita fue la hermana menor de la reina Isabel II (Shutterstock)
Margarita fue la hermana menor de la reina Isabel II (Shutterstock)

Durante la Segunda Guerra Mundial, Margarita permaneció en el Castillo de Windsor, a las afueras de Londres. Su padre murió muy joven, el 6 de febrero de 1952, convirtiéndose de esta manera en reina su hermana mayor. Quizá, estar en segundo plano, haya sido mejor para ella. porque en su carácter indómito y alegre no estaba la imperiosa sumisión a las normas que debe tener una heredera al trono.

De maridos y amantes

Cuando Margarita tenía unos 20 años se enamoró de un ayudante de su padre, el capitán Peter Townsend. Ser buenmozo, héroe de guerra y hombre de confianza del rey Jorge VI eran muy buenos atributos. Salvo por dos motivos: él le llevaba 16 años y estaba casado. Aunque luego se divorció, para los cánones de la época eso resultaba intolerable, sobre todo para la Corona. Por ello, llevaron con éxito durante unos años, un romance clandestino. Pero un día, durante en un acto oficial, el ojo la prensa descubrió un gesto cariñoso de Townsend hacia ella. Los rumores comenzaron a circular y la monarquía sintió el sacudón. Lo políticamente correcto se impuso. Y aunque hasta la reina Isabel (que en Gran Bretaña es también jefa de los anglicanos) intercedió por ellos, la Iglesia se opuso tajamente a esa relación. Las normas que habían hecho abdicar a Eduardo VIII seguían en pie y la pareja de Margarita y su capitán tuvo su fin anunciado. Ella lo dijo así: “Antepongo mis obligaciones a mi vida personal”. Luego de esa ruptura trascendió solo un romance de la princesa: John Napier Turner, un hombre que luego sería primer ministro canadiense.

La princesa fue educada junto con su hermana mayor Isabel (hoy Isabel II, 93 años) por la institutriz Marion Crawford (Shutterstock)
La princesa fue educada junto con su hermana mayor Isabel (hoy Isabel II, 93 años) por la institutriz Marion Crawford (Shutterstock)

La vida siguió. Ella disimulaba su dolor por Townsend, con una vida entretenida y mundana. Pero un tiempo después, cuando Townsend se comprometió con una joven belga de 19 años, Margarita enloqueció. Se sintió humillada y herida. Tanto que rápidamente decidió venganza: casarse.

Era el año 1960 y el elegido fue nada menos que un plebeyo (educado en el exclusivo colegio Eton, claro): un fotógrafo llamado Anthony Armstrong-Jones, quien inmediatamente luego del casamiento adquirió el título de conde Snowdon.

Se habían conocido en una comida en 1958. Pero recién habrían empezado a coquetear cuando Anthony fue elegido para fotografiarla. Se veían en secreto en su estudio fotográfico y coincidían en las frecuentes fiestas londinenses. Ni la prensa ni la familia sospecharon absolutamente nada hasta que el compromiso de Townsend con aquella joven se hizo público y Margarita ahogó sus penas arrojándose de inmediato a los brazos del fotógrafo.


Margarita creció a la sombra de su hermana (Shutterstock)
Margarita creció a la sombra de su hermana (Shutterstock)

Nadie se animó a oponerse esta vez. Debieron tragarse que el candidato fuera plebeyo. Después de la primera e infeliz historia de amor de Margarita, su hermana la reina -que se sentía un poco culpable- quería que fuera feliz. El fotógrafo, por otro lado, era educado y querido por ellos, aunque no cumpliera con el requisito de tener blasones y escudos. Creían, además, que Margarita estaba sentando cabeza. Sería todo lo contrario.

La ceremonia suponía un condimento extraordinario: por primera vez, en cuatro siglos, había en la realeza una boda con un plebeyo. Sería el primer casamiento moderno de todos los que, inevitablemente, llegarían en el futuro.

El 6 de mayo de 1960, en la Abadía de Westminster, dieron el sí. La flamante pareja se convirtió en el primer matrimonio real cuya boda se transmitió por televisión. Tuvieron nada menos que 300 millones de espectadores en todo el mundo.

El 6 de mayo de 1960, en la Abadía de Westminster, la princesa se casó con el fotógrafo Anthony Armstrong-Jones. La flamante pareja se convirtió en el primer matrimonio real cuya boda se transmitió por televisión (Shutterstock)
El 6 de mayo de 1960, en la Abadía de Westminster, la princesa se casó con el fotógrafo Anthony Armstrong-Jones. La flamante pareja se convirtió en el primer matrimonio real cuya boda se transmitió por televisión (Shutterstock)

Luego de una fabulosa luna de miel de seis semanas, a bordo del yate real Britannia, se instalaron en el Palacio de Kensington. Los primeros años se mostraron unidos y felices. Anthony y Margarita eran los reyes de la noche y las juergas se extendían hasta la madrugada. Compartían su alocada vida, pero la felicidad les sería esquiva.

En 1961, nació su primer hijo, David. En 1964, nació Sarah. Fue luego del nacimiento de la menor que comenzaron a verse las primeras señales de resquebrajamiento. La vida entre ellos había empezado a derrumbarse.

Malos tratos, humillaciones y excesos

El fotógrafo devenido conde seguía trabajando en lo suyo, viajando y ausentándose con frecuencia por motivos profesionales. A los reclamos de Margarita, él respondía abiertamente que no pensaba retirarse de sus actividades. Esa vida le resultaba infinitamente más atractiva que la que discurría dentro de las monótonas paredes del palacio.

Poco tiempo después, comenzaron los malos tratos. Despreciaba en voz alta el protocolo y maltrataba a Margarita. Anthony tomó por costumbre dejar a su mujer notas, con insultos desagradables y denigrantes, en los cajones o entre las hojas de las revistas de moda…

Dos de esas notas trascendieron por distintas fuentes. Decían: “Las cosas que odio de ti...” y “parecés una manicura judía y te odio”. Las peleas a los gritos eran frecuentes, algunas veces hasta reñían en público. A veces él se encerraba en su estudio y le gritaba desde dentro: “Nunca entres aquí sin llamar”. A él le gustaba levantarse temprano y esquiar, ella prefería remolonear en la cama. Hay quienes dicen que ambos peleaban por ser el centro de atención: se sentían estrellas.

Anthony tenía demasiados prejuicios para con los Windsor y ningún límite en sus formas. Margarita, con la autoestima destruída, fue perdiendo su natural alegría para volcarse al alcohol y al tabaco. Llegó a consumir unos sesenta cigarrillos por día y, antes de que llegara cada mediodía, ya había bebido una copa de vodka y media botella de vino. Las cosas iban de mal en peor. Por las tardes también tomaba whisky, solo el escocés Famous Grouse con una pizca de agua. Y dicen que para no tener que dejar la copa cuando encendía un cigarrillo, dispuso de una superficie adherida a sus vasos para raspar los fósforos. No solo eso. También las drogas entraron a su cotidianidad: marihuana y popper, una droga sintética.

La princesa tuvo dos hijos con el fotógrafo: David y Sarah (Shutterstock)
La princesa tuvo dos hijos con el fotógrafo: David y Sarah (Shutterstock)

Con el paso del tiempo se convirtió en una alcohólica crónica y su carácter se volvió áspero, rozando la mala educación. Sus propios demonios y las conductas de Anthony la afectaban demasiado.

La promiscuidad sexual con que se manejaba su plebeyo marido era otra arista de la relación que empujaba a Margarita al borde del abismo. Se decía que él tenía romances con todos, mujeres y hombres.

Una vez Anthony respondió a los que lo señalaban por llevar un doble standard y ser gay: “Nunca me enamoré de ningún chico, pero sí se han enamorado de mí”. Para alimentar todos esos chismes bastó una autobiografía del decorador Nicholas Haslam, donde el autor admitió haber tenido un romance con Anthony y, en esas páginas, aseguró no ser el único. Nombró también al reconocido diseñador de interiores, Tom Parr. En 1969, Anthony emprendió otra relación extramatrimonial, esta vez con una mujer llamada Jacqueline Rufus-Isaacs y, en 1973, se involucró seriamente con una productora de televisión de 32 años, Lucy Lindsay-Hogg. Margarita no daba más. Pero el sufrimiento no le impedía vengarse de su marido teniendo ella también sus propios affaires.

La lista de ella resulta muy interesante. Figuran actores de renombre como Warren Beatty, Richard Harris, Peter Sellers y, también, el rockero Mick Jagger y el pianista Robin Douglas-Home. Incluso salió con un cercano amigo de la universidad de su marido: Anthony Barton.

La relación de Margarita con Jagger fue volcánica: con él compartió fiestas salvajes, drogas y sexo. Una vez hasta debió ser internada por una sobredosis. Por ello, la familia británica se negó, durante mucho tiempo, otorgarle el título de Sir a Mick Jagger. Recién se lo concedieron en el 2003. La reina Isabel II lo siempre despreció y lo consideró una pésima influencia para su hermana.

El último amor

De todas formas, Margarita seguiría pateando el tablero. En los últimos tiempos de su horrible matrimonio con Anthony se apasionó por un jardinero/paisajista 17 años menor y generó más alborotos. Roddy Llewellyn tenía 26 años (ella 43) y era, curiosamente, muy parecido físicamente a Anthony cuando era joven. Sería Roddy quien le habría dado, al fin, un poco de paz y felicidad. De hecho, fue su último amor reconocido públicamente. La relación nació por 1973. Tres años después fueron descubiertos por los paparazzi en una playa. Las fotos de ellos juntos, disfrutando de su casa en la exclusiva isla caribeña de Mustique -se la había regalado un amigo millonario cuando se casó con Anthony-, fueron publicadas por el periódico News of the World y se armó tal revuelo que el tema llegó a debatirse la Cámara de los Comunes. Este episodio terminó por tirar por la borda su ya roto matrimonio con Anthony. De todas formas, Margarita y Roddy continuaron saliendo hasta 1981 cuando él se casó con alguien de su edad, Tatiana Soskin.

En 1976 Margarita fue retratada por paparazzis con uno de sus amantes en una playa (Shutterstock)
En 1976 Margarita fue retratada por paparazzis con uno de sus amantes en una playa (Shutterstock)

En esa famosa isla, donde los célebres del mundo (Mick Jagger también tenía casa allí) celebraban descontroladas fiestas, dicen que Margarita fue sorprendida manteniendo relaciones sexuales con el actor y guardaespaldas John Bindon, sospechoso del asesinato del gángster Johnny Darke. Anécdotas que siguieron alimentando la usina de chimentos de la prensa amarilla. El palacio de Buckingham, horrorizado, sobrellevaba el asunto como podía e intentaba minimizar los efectos colaterales.

Así y todo, el matrimonio de Anthony y Margarita duró mucho, 18 años. En 1978, finalmente, se divorciaron. Era el primer divorcio en la realeza desde el rey Enrique VIII, en 1540, famoso por haberse casado nada menos que seis veces. En cuestión de romper reglas Margarita seguía siendo una pionera.

Junto a su hermana y la familia real (Shutterstock)
Junto a su hermana y la familia real (Shutterstock)

Pero la tristeza y la depresión la perseguían. Un día, mientras Roddy su amante paisajista estaba de viaje, cansada de tener que someter sus afectos a la aprobación del mundo y del palacio, se tomó un blister entero de somníferos “para poder dormir y descansar de todo”. Algunos sospecharon de un fallido intento de suicidio.

Su ex marido Anthony volvió a casarse seis meses después de divorcio, pero los escándalos continuaron porque aparecieron varios hijos extramatrimoniales suyos. La historia más bizarra fue la que decía que una de ellos, su hija Polly Fry, había sido concebida en una orgía de tres. En 2004, un test de ADN, demostró que efectivamente Polly era su hija. Su nuevo matrimonio también fracasó cuando salió a la luz otro vástago extramatrimonial con una periodista.

Anthony no paraba.

Salud en jaque

La pregunta que todos se hacían era por qué Margarita se había casado con este hombre tan promiscuo y que la hacía sufrir. Las conjeturas dicen que habría sido por despecho. El orgullo herido cuando vio que Townsend, su verdadero amor, rehacía su vida la hizo lanzarse al inconveniente matrimonio con Anthony. Inconveniente porque Margarita sufrió en carne y hueso los excesos de esas casi dos décadas junto a él.

En 1974 tuvo una crisis nerviosa de proporciones. Una seria hepatitis, varias gastroenteritis y una severa neumonía la aquejaron durante 1978, el año de su divorcio de Anthony. Su salud estaba claramente deteriorada por sus hábitos de fumadora empedernida (fumaba desde los 15 años), el alcoholismo y las drogas. En 1985 tuvieron que extirparle una parte de un pulmón por un cáncer. Vivía, además, acorralada por las migrañas, las laringitis y las bronquitis.

Con su ex Anthony, increíblemente, siguieron siendo amigos hasta que ella falleció: el 9 de febrero de 2002, como consecuencia de un accidente cerebrovascular, la princesa dejó de respirar en la ciudad de Londres. Murió relativamente joven, a los 71 años, si la comparamos con su longeva hermana la reina y con su madre que alcanzó los 102. Anthony, vivió bastante más: murió el 13 de enero de 2017, a los 86.

Su vida al alcance de todos

Las aventuras y desventuras de la carismática Margarita, no escaparon al entrenado ojo de la compañía de entretenimiento Netflix. Fueron ellos los que conociendo la adicción que provocan esas vidas con sangre y lágrimas azules filmaron la exitosa serie The Crown (La corona), que ya va por la tercera temporada y están grabando la cuarta. Vale aclarar que se dice que ha sido la bioserie más cara de la historia de la televisión mundial: solo la primera temporada insumió 130 millones de dólares. Un éxito del que Margarita cosecha póstumamente admiradores y fans.

Helena Bonham Carter en la presentación de la tercera temporada de
Helena Bonham Carter en la presentación de la tercera temporada de "The Crown" en Londres (REUTERS/Peter Nicholls)

En la serie, la rebelde y hedonista Margarita es ahora interpretada por la actriz Helena Bonham Carter. Relatan las notas periodísticas que Helena, para aceptar el personaje, quiso consultar al espíritu de Margarita para ver si la aprobaba para el rol. Para ello recurrió, curiosamente, a una sesión de espiritismo. En esa sesión Margarita en “puro espíritu” se habría mostrado más preocupada con el look con el que sería representada que con otra cosa. Le habría dado su bendición para el papel sugiriéndole que se cortara el pelo y que fuera extremadamente prolija en su apariencia. Relató, además, Helena: “Me dijo: tienes que fumar bien. Yo fumaba de una manera muy concreta. Recuerda esto, la boquilla del cigarro era un arma tanto para fumar como para expresarme”.

En fin, cosas de Helena que -un poco supersticiosa- le hizo caso.

Lo cierto es que la verdadera Margarita cosechó, en su época, fanáticos. Rebosante de glamour y suficientemente bella y elegante para impactar, cautivó a todos en un mítico viaje que realizó a los Estados Unidos, en un momento en que los dos países transitaban una tensa relación. Asistió a decenas de eventos y conquistó al público norteamericano. Su seducción fue una certera arma política. Hollywood fue parte importante de su agenda. Allí se juntó con famosos como Frank Sinatra, Elizabeth Taylor, Judy Garland y Paul Newman. Todos quedaron fascinados con ella.

En las primeras temporadas de
En las primeras temporadas de "The Crown", la princesa fue encarnada por la actriz Vanessa Kirby (Netflix)

Descontento familiar

El éxito de la serie actual suscitó las críticas de la familia de Margarita. No les gusta el halo frívolo que rodea su imagen. Su hijo David Linley (58) se propuso rehabilitar el costado social y comprometido de su madre y, para ello, lanzará un libro. Quiere contrarrestar la mala prensa que pinta a su madre como una mujer egoísta, caprichosa y volcada a todo tipo de excesos: “me preocupa la imagen que las nuevas generaciones puedan tener sobre ella”, dijo furioso y calificó a la recreación de su vida como una producción “barata”. Agregó: “Mi madre fue mucho más que esa mujer a la que sólo le interesaban las fiestas. Dedicó una cantidad importante de su tiempo a la promoción de las artes y a sus deberes oficiales en nombre de la reina”.

La primera fotografía que hizo circular Helena Bonham Carter en la piel de la princesa Margaret (Instagram)
La primera fotografía que hizo circular Helena Bonham Carter en la piel de la princesa Margaret (Instagram)

Para concretar su libro Linley recurrirá a la correspondencia privada de su madre y contará también con el acceso a los archivos reales del castillo de Windsor. El hijo de la princesa es un empresario de éxito (es ebanista, produce muebles para clientes selectos, y es presidente de la casa de subastas Christie’s de Londres), no busca ni publicidad ni dinero con todo esto, solo quiere limpiar el nombre de su madre.

Margarita no tuvo la vida apacible que sugería su nacimiento dentro de la realeza, rodeada de lujos y prebendas. Eligió, en cambio, vivir a su modo, intenso y desbordante. Pero su insaciable apetito por devorarse la existencia terminó sometiéndola: los excesos le facturaron a su cuerpo, tempranamente, las caras consecuencias.

Sin dudas, a Margarita, su cuna de oro le había quedado demasiado chica.

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