“Mamita Malvina”: la historia de la mujer nacida en las islas, la lucha de su padre Luis Vernet y su sepulcro en la Recoleta

Fue la primera mujer nacida en las islas antes de la usurpación y llevó orgullosa el nombre de Malvina. Trazos de su vida y la intención de su tataranieta por preservar la bóveda que guardan sus restos y los de su padre, quien en 1829 había iniciado un proceso de poblamiento efectivo de las islas

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Malvina Vernet de Cilley, quien nació en Puerto Soledad en 1830 (Ana Aramendi)
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En esa necrópolis de muertos ilustres, familias patricias y aspirantes a una sociabilidad selecta que es el cementerio de la Recoleta, descansan los restos de quien tanto tuvo que ver con ese incipiente poblamiento de nuestro territorio en las islas Malvinas. Tiene como vecino a un contemporáneo, al napolitano Pedro de Angelis, quien durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas se ganó la vida como periodista e historiador.

Es que la bóveda que guarda los restos de Luis Vernet, de su esposa María Sáez de su hija Malvina Isabel Matilde -la primera argentina en nacer en el archipiélago- y de otros familiares, es monumento histórico nacional y no se encuentra en las mejores condiciones.

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De cabellos castaños, poblada barba y no muy alto, el alemán Luis Elías Vernet había nacido en Hamburgo el 6 de marzo de 1791. Luego de trabajar en una empresa en los Estados Unidos, en 1817 se radicó en Buenos Aires, y en navegaciones que realizó por el sur del país, fue creciendo su proyecto de hacer prosperar una colonia en las islas Malvinas.

Luis Elías Vernet: nombrado comandante militar de las islas, encaró un proyecto de poblamiento del archipiélago
Luis Elías Vernet: nombrado comandante militar de las islas, encaró un proyecto de poblamiento del archipiélago

El 17 de agosto de 1819 se casó en la Iglesia de la Merced con la uruguaya María Sáez. Luego de un primer intento frustrado en desarrollar su emprendimiento en el sur, conseguiría el visto bueno del gobierno y el 10 de junio de 1829 se oficializó su nombramiento de comandante político y militar. Tenía como atribuciones “observar por la población de dichas islas, las leyes de la República, y cuidar en sus costas de la ejecución de los reglamentos sobre pesca de anfibios”, según establecía el decreto firmado por Martín Rodríguez y Salvador María del Carril.

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El 15 de julio de 1829 llegaron en el bergantín Betsy, al mando del capitán inglés Matthew Brisbane, en el que los Vernet, junto a una veintena de familias, trabajadores y un puñado de ovejas se proponían desarrollar un asentamiento en esos lejanos dominios en el Atlántico Sur, que eran las islas Malvinas.

Los Vernet iban con sus tres hijos, Emilio, Luisa y Sofia. Su esposa, que ese año en las islas cumpliría 29, tenía un embarazo de dos meses, y ella había atribuido los malestares sufridos durante la travesía a la navegación.

La casa de paredes de piedra de Luis Vernet, que se mantuvo en pie por décadas.
La casa de piedra ocupada por los Vernet, en Puerto Soledad

Pobló el archipiélago con colonos santafecinos, entrerrianos, cordobeses, santiagueños y bonaerenses, además de franceses, ingleses y de varios países del continente americano. Se llevaron también a esclavos con la promesa de libertad luego de una década de trabajo y un grupo de tehuelches. Su guía era un ex convicto. Con el tiempo construyó un barco, llamado El Águila, que hasta llegó a Brasil transportando carne salada y cuero. En las islas lo esperaba Emilio, su hermano menor, quien hacía un tiempo vivía allí.

Existía, además, un dato significativo: ella se sentía orgullosa de su origen y tomó la causa de la defensa de la soberanía como propia.

Lo que desvelaba a su padre era no poder controlar la pesca, ya que no disponía de buques para ello. Los loberos y los balleneros eran un problema, porque se negaban a pagar los derechos correspondientes. Vernet y los suyos hacían lo que podían, y Buenos Aires no le enviaba la ayuda que solicitaba, haciendo a la situación más apremiante.

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Malvina Vernet, de oscuro, junto a miembros de la familia que también llevaban su nombre (Ana Aramendi)

Logró detener a dos buques norteamericanos y, si bien uno pudo escapar, dando cuenta a su gobierno del incidente, los otros dos fueron detenidos por Vernet. Este, a bordo de uno de ellos, la goleta Harriet, con la carga incautada, se dirigió a Buenos Aires, ya que pretendía someter el caso al Tribunal de Presas. Dejó a cargo a su segundo, Enrique Meteaf. No se imaginaba que ya no volvería más a las islas.

El cónsul norteamericano protestó y desconoció el reclamo argentino. Hasta puso en duda la soberanía argentina del archipiélago. Exigió indemnizaciones y reparaciones del caso. Colmó la paciencia del gobernador Juan Manuel de Rosas, quien lo declaró persona no grata y le pidió su pasaporte.

Pero el gobierno de Estados Unidos no dejaría pasar la afrenta. En 1831 la corbeta Lexington, al mando de Silas Duncan, destruyó Puerto Soledad (también conocido como Puerto Luis) luego de engañar a los pobladores al enarbolar una bandera francesa. Destruyó el fuerte, mató animales, saqueó el lugar y detuvo a los pobladores.

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La bóveda de Vernet en el cementerio de la Recoleta. Los arreglos serán en el exterior

El 3 de enero de 1833 las islas, siendo José María Pinedo comandante interino, fueron ocupadas por los ingleses. Vernet y su familia, luego de una estadía en Río de Janeiro, regresaron a Buenos Aires. Los apremios económicos que vivió -“esto es el infierno sobre la tierra”, afirmó- no fueron obstáculo para él, que siguió adelante. Tal es así que en 1841 patentó un producto que conservaba los cueros, las pieles y las maderas durante las largas travesías.

Con su familia vivió en el centro porteño, en casas situadas en la calle Florida, y en 25 de Mayo. En 1846 adquirió una quinta en San Isidro, llamada Las Acacias, desde donde podía verse la cúpula de la iglesia. En 1965 la vivienda fue reconstruida, y está ubicada en la calle Belgrano 839.

En 1852 viajó a Londres para reclamar una indemnización por sus pérdidas en Malvinas. Exigía 14.295 libras esterlinas que, con los intereses, ascendía a 28.000. Luego de cinco años de trámites, el gobierno inglés le reconoció solo 2.400 libras.

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La urna con los restos del matrimonio Vernet. También allí descansan otros miembros de la familia

Aseguran que fue el promotor del establecimiento de la comunidad alemana en nuestro país. Su esposa falleció el 25 de marzo de 1858 y él, el 17 de enero de 1871.

Malvina Isabel Matide nació en las islas el 5 de febrero de 1830, en esa casa de piedra levantada en Puerto Soledad. Es la primera argentina nacida en el archipiélago. A pesar de sus tres nombres, ella usaría, durante toda su vida, en cartas, documentos y en la familia solo el primero. La documentación que su tataranieta Ana Aramendi Jurado halló en archivos y registros, así lo demuestra, descartando la versión de que Malvina era solo un apodo.

Malvina heredó de su madre el amor por el piano. Era muy familiera y todos le decían “mamita Malvina”. Bautizó “Islas Malvinas” a su quinta de San Isidro donde vivió.

El 13 de mayo de 1861 se casó con Greenleaf Cilley, un marino norteamericano. Se habían conocido en uno de los viajes que el hombre había realizado por América del Sur.

Tuvo cinco hijos. María, Luis, José, Déborah y Malvina. A partir de la descendencia de Malvina, en cada generación familiar, se encontrará a una mujer que lleva dicho nombre.

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Ana Aramendi halló la partida de nacimiento, donde la hija de Vernet aparece anotada como "Balvina" (Ana Aramendi)

El padre de su marido era Jonathan Longfellow Cilley, quien murió en un duelo en 1838, suceso tan conmocionante que llevó al país a un gran debate en torno a los lances de honor.

La pareja se trasladó a los Estados Unidos y allí vivieron durante la Guerra de Secesión hasta un tiempo después del asesinato de Abraham Lincoln, ocurrido el 15 de abril de 1865.

Aseguran que Malvina era la única argentina presente en el Teatro Ford cuando ocurrió el atentado contra el presidente norteamericano. La pareja se radicó en San Isidro. Se hallaron registros de una nota que el marido presentó ante el consulado de su país en Buenos Aires, en protesta por el atropello causado por la fragata Lexington a Puerto Soledad el 31 de diciembre de 1831. Cilley falleció el 5 de febrero de 1899. Sus restos están enterrados en el cementerio de Maine.

Parte del terreno que ocupaba su quinta lo donó para la construcción de un paseo que sale al río, que sería el Paseo del Tala, llamado así por existir por una especie plantada por su padre.

En los escenarios en los que tuvo acceso y ante el periodismo, reivindicó su nacimiento en las islas y defendió la soberanía argentina sobre el territorio usurpado.

Malvina falleció el 29 de septiembre de 1924, a la una y media de la mañana, de “senectud”, en su quinta de Martín y Omar 12, tal cual se consignó en la partida de defunción. Tenía 94 años.

El 26 de julio de 1983 el gobierno declaró a la bóveda de Vernet monumento histórico nacional. Su progresivo deterioro llevó a Ana Aramendi Jurado, a iniciar las gestiones para ponerla en valor, ya que en un sentido, aseguró a Infobae, es un ícono en la historia de nuestras islas.

Asimismo, Aramendi gestionó ante las autoridades del cementerio que la bóveda fuese incluida en la folletería que se reparte a los visitantes e incorporada a los circuitos turísticos, cosa que ya ocurre.

La descendiente se encontró con un problema de difícil solución: el sepulcro está a nombre de Luis Vernet, y por eso, no se puede abrir, salvo se hiciera el trámite sucesorio correspondiente, tal cual establece la ley de Cementerios N° 4977, del 2014, aprobada por la legislatura porteña.

Sin embargo, lo más urgente es reparar el exterior. Para ello, Aramendi, con la ayuda de la Dirección de la Gesta de Malvinas del Senado, gestionó el pedido ante la Dirección de Monumentos, y presentó a la Comisión Nacional de Monumentos el informe realizado por el equipo técnico del cementerio y el presupuesto, que asciende a los veinte millones de pesos. La última noticia fue que hace pocos días dicha comisión dio el visto bueno para la realización de las obras.

Aramendi explicó que los próximos pasos es la elaboración de un plan de trabajo y conseguir los fondos, de alguna fundación o institución privada.

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Un viejo candado oxidado, cuya apertura depende de la modificación de una ley

Aramendi, cuya profesión es la de administradora agropecuaria, también es correctora de textos y junto al historiador Juan Bautista Fos Medina está embarcada en una historia familiar y también de Malvinas, que va de 1776 a 1833. Ella solicita que los legisladores porteños actualicen la ley para permitir que familiares pudiesen ingresar al sepulcro, sin pasar por el oneroso trámite que supone la sucesión de Vernet, aquel alemán emprendedor que soñó con un futuro promisorio en nuestras islas Malvinas.

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