"El mundo estaba intelectualmente preparado para el cristianismo. Estaba esperando a Dios", afirma el historiador británico Paul Johnson, en La historia del cristianismo [PRH 2017, edición original 1976]. La llegada de Jesús y su predicación no fueron acontecimientos tan disruptivos como puede parecer a primera vista. Muchos autores han descrito el clima apocalíptico que se vivía en la Palestina bíblica. Jesús no fue el único predicador desafiante del orden, ni el único en abogar por una refundación de la fe, pero algo había de diferente en su mensaje; algo sucedió que llevó a la ruptura total con el tronco judaico y al surgimiento de una nueva religión.

Los Evangelios y el libro de los Hechos de los Apóstoles [Nuevo Testamento] son casi la única fuente disponible sobre la vida de Jesús y los primeros tiempos del cristianismo.. Fueron escritos entre el año 70 y los años 85-90. En El judaísmo y el cristianismo antiguo: de Antíoco Epífanes a Constantino [Nueva Clío, Labor, 1972], Marcel Simon y André Benoît explican que son "escritos religiosos, no documentos históricos", que fueron "elaborados en el seno de la Iglesia primitiva, reflejaban sus preocupaciones y llenaban sus necesidades".

La tesis mitológica, que no reconoce en Jesús una figura histórica, no resiste el menor análisis (Simon y Benoît)

Hecha esta salvedad, advierten que "nada autoriza a profesar un escepticismo radical frente a ellos ni a pensar, como ciertos críticos, que estos escritos, documentos preciosos sobre la mentalidad de los primeros cristianos, no nos sirvan para conocer la persona y el mensaje de Cristo".

Una página de la Biblia de Gutenberg (René Krüger)
Una página de la Biblia de Gutenberg (René Krüger)

Los Evangelios tienen imprecisiones, lagunas y contradicciones, dicen, pero son textos elaborados "a partir de hechos históricos". Recogen "una tradición oral", originada en el grupo de los primeros discípulos, que "si bien pudo deformar ciertos datos al pasar de boca en boca y de comunidad en comunidad, no los ha inventado al menos íntegramente". "La llamada tesis mitológica, que no reconoce en Jesús una figura histórica, no resiste el menor análisis", concluyen.

Jesús nació en una provincia romana, bajo un dominio imperial que, si bien instauraba su ley y exigía tributos, no pretendía controlar el pensamiento y el discurso, ni tampoco las creencias. El culto romano implicaba una serie de normas de observancia esencialmente externa; no se inmiscuía en las conciencias. "En el ámbito imperial -dice Paul Johnson-, el credo cívico del Estado, obligatorio pero marginal, dejó amplia libertad a la psiquis. Todos los hombres podían tener y practicar una segunda religión, si así lo deseaban. Para decirlo de otro modo, el culto cívico obligatorio posibilitaba la libertad de cultos".

"Roma -sigue diciendo- se mostró tolerante sobre todo en relación con las dos grandes culturas filosóficas y religiosas que la enfrentaron en el Mediterráneo central y oriental: el helenismo y el judaísmo". En comparación con ambas, la religión de Roma era primitiva. El genio griego, acostumbrado a la indagación personal sobre el sentido último de la existencia, influirá en ese mundo romano. Y, en cuanto al judaísmo, en su seno surgirá lo que en principio fue una pequeña secta de seguidores de Jesús, relativamente tolerada en su disidencia, pero que con el tiempo se separará definitivamente de la religión del Templo, y se expandirá mediante la predicación y la conversión de los "gentiles" hasta instituirse en religión oficial del Imperio.

Cristo predicando en la Sinagoga de Cafarnaúm, óleo de Maurycy Gottlieb, 1878-79. Museo Nacional de Polonia, Varsovia
Cristo predicando en la Sinagoga de Cafarnaúm, óleo de Maurycy Gottlieb, 1878-79. Museo Nacional de Polonia, Varsovia

Antes de los romanos, la Palestina judía había sido conquistada por Alejandro Magno y, tras la muerte de éste, quedó bajo dominio de la monarquía greco-oriental de los seléucidas. Convivían por entonces en toda el Asia Menor infinidad de cultos, la mayoría originarios del este, de Babilonia, de Egipto y de Persia. Existía ya una tendencia general hacia el monoteísmo.

En esa maraña religiosa, Johnson destaca lo que llama "la gravitación judía sobre el mundo romano" porque "los judíos no sólo tenían un dios: tenían a Dios. Habían sido monoteístas durante los dos últimos milenios".

A diferencia del culto romano, el judaísmo era una religión también interior, que cargaba al individuo con muchos mandatos y prohibiciones. Para los judíos, la historia era resultado de un plan de Dios. Varios de sus textos sagrados ya anunciaban la venida del "hijo del hombre", el nombre que Jesús se dará a sí mismo en un par de ocasiones.

En el plano secular, "enfrentados con un pueblo subordinado de carácter altivo y con una sólida tradición cultural propia", los romanos "preferían (…) trabajar con un 'hombre fuerte' local, adepto a Roma", que lidiaría más fácilmente con su propia población, explica Johnson.

En tiempos previos a Jesús, ese hombre fue Herodes el Grande, el constructor del gran templo de Jerusalén, que asumió el trono en el año 43 antes de Cristo. Pero tras su muerte, el reino se divide en varios herederos, entre ellos Herodes Antipas, que no están a la altura de la tarea.

El inmenso Templo de Jerusalén construido por Herodes el Grande. Fue destruido por los romanos en el año 70 después de Cristo
El inmenso Templo de Jerusalén construido por Herodes el Grande. Fue destruido por los romanos en el año 70 después de Cristo

Por lo tanto, "Jesús pasa los primeros años de su vida en un contexto de delicuescencia del Reino Judío. El clima es insurreccional; el resentimiento popular contra Roma y sus aliados locales sólo esperaba un líder, para cristalizarse en su persona", dice el historiador Christian-Georges Schwenzel, en Slate.

Un elemento que incidirá luego en la separación del cristianismo del tronco judaico y su difusión por el mundo es la existencia de una importante diáspora judía en las principales ciudades del Mediterráneo oriental: Alejandría, Antioquía, Tarso y Éfeso. También en Roma. Estas colonias judías gozaban de libertad de movimiento y de comercio y, como ya se dijo, de religión. Superaban en número a los judíos que vivían en Palestina.

"Mientras los judíos de Judea [y] Galilea, tendían a formar grupos pobres, atrasados, oscurantistas, de mente estrecha, fundamentalistas, incultos y } xenófobos, los judíos de la diáspora eran personas expansivas, ricas, cosmopolitas, bien adaptadas a las normas romanas y a la cultura helénica, conocedores de la lengua griega, cultos y mentalmente abiertos", describe Paul Johnson.

En ellos surgen los primeros gérmenes de una idea universalista, de un mensaje que superara los contornos de Jerusalén. "El judaísmo de la diáspora, liberal y abierto al mundo, tenía la matriz de una religión universal, pero sólo si podía separarse de los orígenes bárbaros", dice Johnson.

Los Judíos, con su antigua y firme tradición de monoteísmo, tenían mucho que ofrecer a un mundo que buscaba un dios seguro y único (Paul Johnson)

"Los Judíos, con su antigua y firme tradición de monoteísmo, tenían mucho que ofrecer a un mundo que buscaba un dios seguro y único -explica-, aunque su ética era en ciertos aspectos más atractiva que su teología. Se admiraba a los judíos por la estabilidad de su vida familiar (…), por las relaciones impresionantes que mantenían entre hijos y padres, por el valor peculiar que asignaban a la vida humana, por su aborrecimiento del robo y su escrupulosidad en los negocios. Aún más sorprendente era su sistema de beneficencia comunitaria".

Todos rasgos que perdurarán en el cristianismo. Por algo Juan Pablo II llamó a los judíos "hermanos mayores en la fe". La beneficencia, la asistencia al indigente en particular, será vertebradora de la práctica cristiana y una de las claves de la expansión del cristianismo en las ciudades.

LOS DIFERENTES "PARTIDOS" JUDÍOS

Pero, a la llegada del cristianismo, los judíos estaban divididos en facciones que no se definían tanto por lo religioso como por lo político: por la actitud frente al poder imperial. El panorama era el de una multitud de sectas, aunque todas eran monoteístas y aceptaban la ley judaica.

La secta de los esenios era la más pura y rigurosa; y fue muy numerosa. Al igual que otras corrientes, creían que la casta sacerdotal de Jerusalén era corrupta y connivente con la ocupación romana. Buscaban restablecer la pureza de un Estado teocrático. Al no lograrlo, dejan Jerusalén y crean otro foco puro de culto en el desierto, cerca del Mar Muerto. Al momento de nacer Jesús, la secta esenia ya tenía siglo y medio de existencia y era un movimiento respetado dentro del judaísmo.

Los esenios constituyen un antecedente del cristianismo por su ruptura con el Templo: Dios no está en Jerusalén sino allí donde es adorado. El templo deja de ser geográfico y pasa a identificarse con la comunidad. El apóstol Pablo dirá: "….nosotros somos el Templo del Dios vivo…" (2a Corintios, 6:16). También realizaban el rito de la comida sacra de pan y vino, que luego será resignificado por Jesús. Esperaban a un Hijo de la Luz que restablecería un Israel puro, para lo que muchos malos judíos y gentiles deberían morir.

Principales partidos o sectas existentes en Palestina en tiempos de Jesús y los pasajes del Nuevo Testamento en que se los menciona (Biblia Reina Valera, edición de estudio, 1995)
Principales partidos o sectas existentes en Palestina en tiempos de Jesús y los pasajes del Nuevo Testamento en que se los menciona (Biblia Reina Valera, edición de estudio, 1995)

Pero eran un grupo cerrado, rígido e intolerante. En ellos no estaba la matriz de una religión universal. Sin embargo, contribuyeron a formar el clima de "apocalipsis político-religioso", ese marco de inestabilidad en el cual el mensaje de Jesús pudo ser desequilibrante.

Juan el Bautista pudo haber sido el nexo entre el movimiento esenio y Jesús

"Todos los judíos palestinos creían hasta cierto punto en una solución mesiánica", afirma Johnson, en un salvador que vendría a expulsar a los romanos y a restablecer a Dios en el trono de Israel.

También aparecieron por esta época movimientos bautistas en el Valle del Jordán, que usaban el rito del agua como purificación. Uno de ellos, Juan el Bautista pudo haber sido el nexo entre el movimiento esenio y Jesús. Algunos aventuran que el retiro de Jesús en el desierto, antes de iniciar su predicación, bien pudo ser de estudio junto a los esenios, aunque curiosamente la Biblia no menciona a esta secta.

Juan, posiblemente miembro de la secta esenia, bautiza a Jesús en el río Jordán
Juan, posiblemente miembro de la secta esenia, bautiza a Jesús en el río Jordán

La región entera, dice Johnson, "abundaba en santos excéntricos". Y Schwenzel habla del surgimiento de muchos "reyes mesías" o "jefes carismáticos" que "se presentaban como enviados de Dios, con el objetivo de liberar a los judíos del dominio extranjero". "Todos estos líderes -dice-, enemigos declarados de las élites dominantes, terminan por ser aplastados por las legiones de Roma y sus auxiliares locales". Estas rebeliones son relatadas por Flavio Josefo, un historiador judío, miembro de la diáspora antes mencionada.

En cuanto a las facciones "oficialistas", "no había una ortodoxia dominante", dice Johnson, pero el alto clero "estaba en manos de los aristócratas saduceos, que apoyaban y defendían la ocupación romana". Eran familias ricas y conservadoras, que veían la seguridad de sus propiedades mejor custodiada por los romanos. Interpretaban literalmente la ley lo que en muchos casos la volvía inaplicable. Eran la elite judía que colaboraba con el ocupante a través del Supremo Consejo de Jerusalén o Sanedrín.

En cuanto a los fariseos, el historiador Josefo los describe como "un partido de judíos que al parecer son más religiosos que los restantes y explican las leyes con más minucioso cuidado". Eran muy numerosos, porque la casuística judía requería de mucha interpretación. Menos literales que los saduceos, apelaban a la tradición "para interpretar razonablemente la escritura". Pero su legalismo era extremo. "Al parecer, ni siquiera Dios podría derogar la ley", ironiza Johnson. Eran nacionalistas y en su mayoría no apoyaban a los romanos.

La Biblia menciona varios encuentros y diálogos de Jesús con los fariseos
La Biblia menciona varios encuentros y diálogos de Jesús con los fariseos

Los samaritanos eran un grupo que había roto con el Templo de Jerusalén y tenía su propio santuario. Algunos les negaban la condición de judíos y es por eso que Jesús escandalizó al tener trato con ellos.

Los zelotes, por último, eran un movimiento que se oponía activamente a la ocupación romana, en especial al pago de impuestos. Una de las misiones del gobernador romano Poncio Pilato era terminar con esa amenaza. Es posible que haya pensado que Jesús era un zelote.

Para los saduceos en todo caso Jesús era un obstáculo en sus buenas relaciones con los romanos. Con los fariseos en cambio el Nazareno tenía diálogo. El problema era que los cuestionaba constantemente en su papel de intérpretes de la ley. Además, dice Schwenzel, Jesús también califica de "aberrante" pagarle a Dios en piezas de plata. Para Él, basta con el tributo espiritual. Ataca de este modo la base del poder del clero: la fiscalidad religiosa. "Cuestiona la existencia misma de los sacerdotes y del templo de Jerusalén", dice.

Así se va formando contra él, de hecho, la coalición de enemigos -Pilato, saduceos y fariseos- que lo llevó a la cruz, a pesar de que en su mensaje Jesús nunca se colocó en ruptura total con el judaísmo. Ese proceso tendrá lugar luego de su muerte.

Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, óleo de Vincent Boulogne (s.XVII), pintor francés seguidor de Caravaggio
Jesús expulsa a los mercaderes del Templo, óleo de Vincent Boulogne (s.XVII), pintor francés seguidor de Caravaggio

"Para los romanos, -dice Schwenzel-, el suplicio de la cruz era la pena más infamante posible, la que se infligía a los esclavos que se rebelaban y a aquellos a los que la elite llamaba bandidos (lestes, en griego). [Ese término] designa a enemigos a eliminar a toda costa, y por cualquier medio. En suma, se crucifica a los que son culpables de haber cuestionado el orden establecido".

La Biblia dice: "El título escrito que señalaba la causa de su condena era: 'El Rey de los judíos'" (Marcos 15:26). "Jesús era culpable de haber aspirado a la corona. Es condenado al suplicio de la cruz, como otros mesías autoproclamados en la misma época -afirma Schwenzel-. Es condenado por una élite preocupada por mantener su dominio".

Esta ejecución habría tenido lugar en torno al año 30 y vino a poner fin a una peregrinación que duró entre uno y tres años.

Luego de su encuentro con Juan el Bautista, Jesús había iniciado su predicación en el norte de Palestina, en torno al Lago Tiberíades o Mar de Galilea. Allí recluta sus primeros discípulos, entre los pescadores, pues se dirige sobre todo a los últimos en la escala social, a quienes les habla de modo alegórico, en parábolas. También realiza curaciones y milagros. Despierta tanto entusiasmo en unos como desconfianza en otros, en especial con los dos "partidos" principales de Jerusalén, fariseos y saduceos, con los que tendrá roces y polémicas. Al cabo de su periplo, de entre uno y tres años, Jesús llega a Jerusalén donde será juzgado y ejecutado, tras comparecer ante el Sanedrín y ante Pilato, autoridades judía y romana respectivamente.

Jesús fue reconocido por sus discípulos como ese "mesías" esperado por los judíos. Él se presentaba como "Hijo del hombre", término de la propia literatura judía (Libro de Daniel), explican Simon y Benoît, en el libro citado. Esa "conciencia mesiánica" es la que lo constituye "en rival de la enseñanza rabínica tradicional e incluso, en determinados puntos, de la misma ley". Pero Jesús no era un opositor sistemático. A diferencia de los zelotes, separa lo político de lo religioso ("al César lo que es del César"). Aunque interpretaba la ley y la flexibilizaba ("Oísteis que fue dicho, pero yo os digo…"), no era un radical. Su discurso apunta a poner por encima de la observancia formal la "pureza de corazón" y contra la casuística de los escribas y fariseos, postula "la ley fundamental del amor a Dios y al prójimo", de la que deriva todo lo demás.

¿Qué ocurrió tras su muerte? ¿Cómo sobrevivió la pequeña secta? Ya vimos que, según Johnson, su crecimiento exponencial se explica porque el terreno estaba fértil para esa prédica, pero aparentemente el único mandato que Jesús les dio en vida a sus discípulos fue la eucaristía: compartir el pan y el vino en memoria de su sacrificio cada vez que se reuniesen.

Pero algo pasó para que, de repente, una fiebre misionera se apoderara del reducido grupo inicial. La Biblia, en el libro de Hechos, dice que fueron varias apariciones de Jesús resucitado a los discípulos que luego, estando reunidos, reciben la llama del Espíritu Santo.

El historiador, cualquiera sea su idea de la realidad de estos hechos, debe señalar que algo sucedió que condicionaría el desarrollo posterior del cristianismo (Simon y Benoît)

"El moderno historiador, cualquiera que sea su idea de la realidad objetiva de estos hechos, debe señalar que algo sucedió entonces que condicionaría el desarrollo posterior del cristianismo. Los discípulos que con la muerte del Maestro habían caído en la decepción e incluso en la desesperación, recobraron una confianza inquebrantable y empezaron a predicar el feliz mensaje de su resurrección y su próximo regreso", dicen Simon y Benoît.

Ese día de Pentecostés, cuando judíos de todas partes se habían reunido en Jerusalén para la fiesta y sintieron el fuego sagrado en su interior, y se produjeron unas 3 mil conversiones, es considerado la fecha de nacimiento de la Iglesia.

Jesús comparece ante Poncio Pilato
Jesús comparece ante Poncio Pilato

Pero esos primeros cristianos no se sentían en ruptura con el judaísmo. "La iglesia primitiva era en este estadio inicial una secta judía entre muchas -dicen Simon y Benoît-, y sus particularidades de creencia y rito no bastaban para situarla fuera de la religión ancestral."

Estaban bajo vigilancia, ciertamente, por los mismos sectores que habían combatido a Jesús, sin embargo no había una persecución sistemática.

Hasta que algo se complicó. Los causantes fueron los "helenistas": un pequeño grupo de judíos de esa diáspora tan numerosa y diferente del judaísmo tradicional, que residían en Jerusalén y hablaban griego. Antes de acercarse al cristianismo, ya estaban en disidencia con la tradición. Su jefe era Esteban, considerado el primer mártir de la nueva religión, hoy santo. Éste dirige su discurso contra el Templo, al que califica de "morada de la idolatría". Jesús había venido con la misión de destruir ese "falso santuario" y restaurar el judaísmo. Era demasiado para el establishment sacerdotal judío. Esteban será lapidado y una primera ola de persecución se abate sobre la pequeña comunidad cristiana.

La lapidación de Esteban, primer mártir cristiano
La lapidación de Esteban, primer mártir cristiano

Los discípulos de Esteban son los primeros en dispersarse por Palestina, pero no en silencio. Le dan un sentido universal al mensaje de Cristo: la nueva religión es para todos, judíos y gentiles. Esta concepción será luego sistematizada por el apóstol Pablo.

LAS ETAPAS DE LA EXPANSIÓN

La edición de estudio de la Biblia Reina Valera [1995] incluye una síntesis de las etapas de expansión de ese cristianismo primitivo a modo de introducción al libro Hechos de los Apóstoles.

La primera etapa tiene por escenario a Jerusalén: "Después de la resurrección y de la ascensión de Jesús al cielo, Jerusalén es escenario de la formación del núcleo cristiano más antiguo de la historia; allí vino sobre los discípulos el Espíritu Santo el día de Pentecostés, y allí se dieron los primeros pasos para la organización de la iglesia".

La segunda transcurre en Judea y Samaria: "La persecución contra los cristianos desencadenada por el martirio de Esteban obligó a muchos de ellos a salir de Jerusalén y dispersarse 'por las tierras de Judea y Samaria'. Este hecho vino a favorecer la propagación del Evangelio".

Finalmente, la tercera, con el protagonismo central de Saulo de Tarso que, tras su conversión, toma el nombre de Pablo. "Los creyentes 'que habían sido esparcidos a causa de la persecución pasaron hasta Fenicia, Chipre y Antioquía' y de este modo se abrieron las puertas al evangelio en lugares hasta entonces totalmente paganos".

Seguí leyendo: