El 10 de noviembre de 1972, en el Club Atenas de La Plata, fue ungida la fórmula Ricardo Balbín–Eduardo Gamond, y el 13, Renovación y Cambio, en el Teatro Ateneo, consagró al binomio Raúl Alfonsín–Conrado Storani. Debía definirse la fórmula radical que participaría de las elecciones presidenciales del 11 de marzo de 1973.

Al día siguiente, Balbín fue agasajado en el Luna Park por el radicalismo capitalino y transmitido por Canal 9. Las dos mil personas que asistieron, atendidas por 90 mozos, 33 cocineros y 50 peones de cocina, escucharon la promesa del líder radical: "Haremos cualquier cosa para dialogar sobre la base de hacer una contribución al país. Iremos a todos los ámbitos, porque yo ya sé pasar el puente del amor propio".

Dos días después, al término de la reunión de la mesa directiva del comité nacional y de la comisión de acción política, confirmó que había recibido de Héctor Cámpora, el delegado de Perón, una invitación verbal para entrevistarse con el líder justicialista. "La aceptaré solo de partido a partido. Si hemos dialogado con su mandatario, ¿por qué no hacerlo con el mandante?".

Décadas de desencuentros

Durante el primer gobierno peronista, el choque entre peronistas y radicales había sido feroz. En la Cámara de Diputados, 44 legisladores radicales, cuyo jefe de bancada era Balbín, debieron enfrentarse con 109 pares peronistas. No tardaron en venir los enfrentamientos, las expulsiones y los desafueros de varios radicales. El turno de Balbín fue en la última sesión de 1949, celebrada el 29 de septiembre. Le habían iniciado 11 procesos por desacato contra la figura del Presidente y su esposa. Alcanzó a escapar para votar en las elecciones de marzo de 1950. Al salir del cuarto oscuro, fue detenido. Estuvo 11 meses preso antes de ser indultado. Después vendrían años de una dura oposición, el papel de la UCR en la Revolución Libertadora, el inmenso caudal de votos en blanco en la Constituyente de 1957 que Arturo Frondizi —pacto mediante con Perón— supo capitalizar para ser presidente; la oposición de Balbín a ese gobierno, hasta el ensañamiento de sindicalistas, empresarios y militares contra la gestión de Arturo Illia que devino en el golpe del 28 de junio de 1966.

Al día siguiente del derrocamiento de Illia, el jefe del radicalismo expresó a los suyos: "No más antiperonismo". Había tomado conciencia que sin el peronismo no habría institucionalidad en el país. Fue cuando comenzaron los contactos reservados de enviados de ambas partes y los intercambios epistolares entre los dos líderes.

Cuando Perón recibió a Facundo Suárez, en Puerta de Hierro, le pidió transmitir el siguiente mensaje: "Dígale a Balbín que me indulte como yo ya lo indulté a él".

En 1970, Perón le escribió a Balbín: "Tanto la Unión Cívica Radical del Pueblo como el Movimiento Nacional Justicialista son fuerzas populares en acción política. Sus ideologías y doctrinas son similares y debían haber actuado solidariamente en sus comunes objetivos. Nosotros, los dirigentes, somos probablemente los culpables de que no haya sido así. No cometamos el error de hacer persistir un desencuentro injustificado".

¿Fórmula compartida?

En junio de 1972 Cámpora viajaba a Madrid. Y deseaba llevar una definición del radicalismo sobre la posibilidad de que el partido participase de una candidatura unificada. Así se lo hizo saber a Vanoli, quien le respondió que la UCR no era proclive a los frentes electorales y le aconsejó que no tocase el tema de candidaturas con Balbín, porque se excluiría. Quince días más tarde, Cámpora, de regreso en Buenos Aires y con el acuerdo de Perón, le solicitó a Vanoli que tantease la posibilidad de una fórmula peronista radical o viceversa. El secretario de Balbín le advirtió que una alianza de esas características sería difícil de materializar para el partido. Cuando Balbín se enteró, preguntó: "¿Y qué hacemos con Alfonsín?".

Cuando en octubre algunos balbinistas le pidieron a Vanoli que no cerrase en diálogo con Cámpora, este contestó: "Ya es tarde, no obstante voy a hablar con Perón".

"Somos el 80% del país"

Volvamos al 18 de noviembre de 1972, 10.30 horas. Balbín arribó al Aeroparque Metropolitano en un avión privado, propiedad de un correligionario, acompañado por su esposa. Estaban esperándolo su hermano Armando, su hijo Enrique, su secretario Jorge Vanoli, además de Rodolfo García Puente y Pedro Cardoso para darle la noticia: a las seis de la tarde de ese día se entrevistaría con Perón. Debió suspender una gira por el sur bonaerense.

Cuando Cámpora estaba por partir a Europa para volver junto al anciano dirigente, el jefe radical le comentó que tenía interés en hablar a solas con él. Balbín desconfiaba de las informaciones que le transmitían al exiliado y en particular señalaba como principal responsable de esas maniobras al oscuro secretario José López Rega, ya que siempre se había manifestado contrario a un encuentro entre los dos políticos.

Balbín deseaba aclarar con Perón un tema que al radicalismo le había pegado fuerte, y que había sido la designación del radical Arturo Mor Roig como ministro del Interior del gobierno de Lanusse. Mor Roig, un catalán que creció en San Nicolás, estaba convencido de que, reforma constitucional mediante, era posible ganarle al peronismo en las urnas. Para la UCR fue cimbronazo enterarse que aceptaba la cartera de Interior de un gobierno de facto. Aún no se ponen de acuerdo en el partido sobre si se lo desafilió o el propio Mor Roig renunció. Pero, en definitiva, muchos peronistas querían hacer aparecer a Balbín en connivencia con el ministro del Interior para obtener ventajas frente al justicialismo en la elección presidencial.

Los encargados de finiquitar los detalles del encuentro fueron Vanoli y Alejandro Díaz Bialet, del Consejo Superior del Movimiento Justicialista. A las 17.15 de ese día, Balbín partió de Tucumán 1660 junto con su hijo Enrique y Vanoli, y 20 minutos después, recogieron a Cámpora, cuyo auto estaba inutilizado. Lo había estacionado frente a la residencia de Gaspar Campos y la multitud, en su afán por ver a su líder, lo había usado como una suerte de tarima, hundiéndole el techo.

La entrevista había sido programada para las 18, porque una hora después se realizaría una reunión con políticos de La Hora del Pueblo, nucleamiento integrado por la UCRP, PJ, Socialista Argentino, Conservador Popular y el bloquismo sanjuanino, surgido en 1970 para presionar a la dictadura para lograr una apertura democrática.

Mientras a estos dirigentes les indicaron que fueran a Vicente López por la avenida Maipú, Cámpora aconsejó tomar por avenida del Libertador. Un descomunal embotellamiento, ya que por una misteriosa orden operativos del Ejército obstaculizaban el tránsito e incluían cierre de barreras, provocó que el automóvil color borravino del jefe radical recién arribara a las ocho de la noche.

La numerosa cantidad de periodistas apostados en la entrada de la residencia, más los simpatizantes que pugnaban por ver a su líder, decidieron a la comitiva entrar a la finca por la otra calle. Casi de incógnito Balbín, Cámpora y sus acompañantes ingresaron por Madero 1665, cuyos fondos lindaban con la casa que ocupaba Perón. Cuando llegaron, se encontraron con la reunión de La Hora del Pueblo. Allí, delante de todos, el líder justicialista, sin más preámbulos, le dijo: "Doctor Balbín, usted y yo nos tenemos que poner de acuerdo porque somos el 80% del país".

Evocando el encuentro, el radical recordó: "En noviembre de 1972 fue como si siempre nos hubiésemos hablado, ¡cosa curiosa! ¡Fue como dejar de lado todo lo de ayer para empezar un camino nuevo! Así todo resultó fluido, fácil, cordial".

Balbín había saltado la tapia.

El autor es periodista y escritor.