Durante su primer año en Buenos Aires, San Martín vivió una vertiginosa sucesión de hechos políticos y personales de grandes consecuencias
Durante su primer año en Buenos Aires, San Martín vivió una vertiginosa sucesión de hechos políticos y personales de grandes consecuencias

Esto que vamos a contar sucedió dos años después de la Revolución de Mayo, cuando las Provincias Unidas eran gobernadas por el Primer Triunvirato.

El 9 de marzo de 1812 llegó al puerto la fragata inglesa George Canning, después de cincuenta días de navegación desde Londres, y con unos 20 importantes militares a bordo. La mayoría españoles americanos, como José de San Martín, Carlos María de Alvear y José Matías Zapiola. Alguno alemán, por ejemplo, el barón Eduardo de Holmberg.

Los historiadores concuerdan en que San Martín participó, en ese mismo año de 1812, en el primer golpe de Estado de la historia argentina. El relato de don Julio Aramburu: "El día 8 de octubre de 1812 se presentaba en la plaza de la Victoria el cuerpo de Granaderos a Caballo bajo las órdenes de San Martín y Alvear, el regimiento de Artillería al mando del comandante Manuel Pinto y el regimiento de Infantería del comandante Ortiz de Ocampo. Las campanas del Cabildo se habían echado a vuelo y el pueblo llenaba la plaza, reclamando el Cabildo Abierto… Monteagudo agitaba a la multitud con sus palabras. Fue el encargado de llevar el petitorio a los cabildantes, exigiendo 'bajo la protección de las legiones armadas, que la parte más sana del pueblo suspendiera en el acto la asamblea y cesara el Primer Triunvirato en sus funciones, reasumiendo el pueblo su autoridad, delegada el 22 de mayo de 1810 y creándose un Poder Ejecutivo compuesto de las personas más dignas del sufragio público".

Habida cuenta de que las armas apuntaban hacia el Cabildo y el plazo para una respuesta era de sólo veinte minutos, los cabildantes procedieron a toda prisa. Los jefes militares San Martín, Alvear y Ocampo fueron convocados a la Sala para esclarecer el propósito de la manifestación. Inmediatamente subieron los tres hombres, pero sólo para aclarar que estaban allí para proteger la libertad del pueblo y no para sostener tiranos. Rechazaron también la sugerencia de que ellos mismos integraran un nuevo Triunvirato. Finalmente, la nueva autoridad de Buenos Aires fue designada en las personas de Nicolás Rodríguez Peña (morenista)  Antonio Alvarez Jonte (masón o logista) y Juan José Paso, técnico en administración.

José de San Martín y Carlos María de Alvear: regresaron juntos a América y, poco después, ya eran protagonistas de primera línea
José de San Martín y Carlos María de Alvear: regresaron juntos a América y, poco después, ya eran protagonistas de primera línea

Ahora bien: los dos hombres que capitanearon esta decidida  maniobra, San Martín y Alvear, eran recién llegados a Buenos Aires. Y San Martín, además, recién casado, pues acababa de unirse en matrimonio con María de los Remedios Escalada el 12 de septiembre.

Tanto San Martín como Alvear llegaron en la famosa fragata inglesa, provenientes de Londres, después de 50 días de navegación, el 9 de marzo de 1812. Este barco había recibido el nombre del Ministro de Relaciones Exteriores de aquel tiempo en Gran Bretaña. Nada menos. Y los militares españoles venían de Londres, donde habían permanecido cuatro meses. Algunos historiadores se preguntan, no sin malicia: ¿quién pagó estos viajes, estas estadías en una ciudad como Londres, este complejo despliegue de alianzas y reuniones? ¿Acaso la corona británica? Los militares no eran ricos. Y si los ingleses pusieron el barco y los gastos, ¿para qué lo hicieron? Respuesta posible: para arrebatar a España sus colonias, ya que Inglaterra necesitaba mercados para sus productos industriales de todo tipo y la vía militar no había dado frutos, según atestiguaron las Invasiones Inglesas de 1806 y 1807, actos militares acompañados de una gran flota mercantil. En el caso de San Martín, éste parece haberse contactado a través de Lord MacDuff (conde de Fife, escocés de inspiración masónica que combatió junto a los españoles contra los franceses en las guerras peninsulares), recibiendo después la baja, que había solicitado en Cádiz.

Todo ocurría con un ritmo anormal. San Martín fue recibido por un Triunvirato que lo sospechaba espía y sin embargo le encargó la creación de un regimiento

En un período de guerras, captura de colonias y territorios, con clima revolucionario en algunas naciones, estos sucesos daban  sensación de vértigo descontrolado. Todo ocurría con un ritmo anormal. San Martín, siete días después de llegar, fue recibido por un Triunvirato que lo sospechaba espía español, francés o inglés (el más desconfiado hacia su persona era el secretario Rivadavia) y sin embargo lo designó teniente coronel al mando de un Regimiento de Granaderos a Caballo que habría de crearse.

Remedios de Escalada, la joven esposa de San Martín. Alvear fue padrino de la boda.
Remedios de Escalada, la joven esposa de San Martín. Alvear fue padrino de la boda.

Y unos seis meses después de llegar, se enamoró de Remedios Escalada, la distinguida hija del acaudalado porteño Antonio José de Escalada, que había desempeñado altos cargos en la Audiencia Real y el Cabildo. La chica tenía 14 años y San Martín 34, pero esto era lo menos sorprendente, ya que en aquel tiempo las mujeres se casaban muy jóvenes y con una corta expectativa de vida, siendo los partos un riesgo grave. Se casaron el 12 de septiembre en la Iglesia de nuestra Señora del Rescate, con permiso de las autoridades civiles y "estando hábiles en la doctrina cristiana" con aprobación del obispo. Fueron padrinos Carlos de Alvear y su esposa, Carmen Quintanilla.

Tal vez por ese vértigo de los tiempos, ocurriría también que Alvear, teniendo sólo 24 años, conquistaría Montevideo junto al Almirante Brown en 1824, cuando la ciudad todavía estaba en manos de los realistas.

Volviendo al relato inicial: no había pasado un mes desde su casamiento, cuando San Martín (el 8 de octubre) daba el golpe de Estado que instauraría el segundo Triunvirato, junto a su jovencísimo colega y padrino Alvear.

¿Por qué motivo llegaban a bordo de un barco inglés,  representante de una potencia rival de España, unos militares que apenas meses antes combatían bajo bandera española?

Una sesión de la Logia Lautaro. Cuadro de autor anónimo
Una sesión de la Logia Lautaro. Cuadro de autor anónimo

Algunos responden: porque eran masones o agentes ingleses. Según el historiador José María Rosa, que pertenecía a la corriente revisionista histórica, de cuño nacionalista católico, y por lo tanto desconfiaba de la masonería, "la Logia Lautaro fundada por San Martín no era una logia masónica sino una logia controlada por masones". Trabajar en secreto y hacer de ello una cadena humana, representada por la señal 0-0 (juego numérico tradicional cero guion cero, que sugiere dos eslabones) era un modo de proteger  la seguridad de los miembros, ya que en aquel instante se acusaba a los liberales americanos de "un furioso Republicanismo" (como si fueran  terroristas de aquel entonces) y el propio San Martín fue arrestado en El Havre, y su equipaje revisado minuciosamente por las autoridades francesas, en 1824.

La cronología de San Martín en 1812 es más asombrosa aun si apreciamos que el 16 de mayo de 1811 había librado su último combate bajo bandera española, distinguiéndose en la batalla de Albuera, donde –por efecto de la alianza anglo-española contra Napoleón- su jefe fue William Carr Beresford. ¡Sí, el valiente oficial tuerto que pocos años antes (1806) había invadido Buenos Aires, ciudad de la que fue gobernador bajo bandera inglesa durante 50 días!