"Perón, Gardel y los deportes", Maximiliano Kronenberg (IndieLibros). Exclusivo de Leamos.

La Argentina sin Perón ni Gardel no sería la Argentina. Habrá quien piense que sería un país peor, habrá quien piense que sería mejor; ambos coincidirían en que sería otro país. Maximiliano Kronenberg toma ese momento de la historia, el del nacimiento de la Argentina “moderna” que despedía a Gardel y saludaba a Perón, pero lo hace desde un lugar poco transitado: el deporte. ¿Por qué? Porque el deporte da cuenta de una idea de movilidad social que hasta entones no estaba entre los derechos de los ciudadanos, en especial de las clases bajas.

Con una gran documentación, con entrevistas a estudiosos del tema como Pablo Alabarces, María Graciela Rodríguez y Víctor Lupo, y con un ritmo muy intenso, Perón, Gardel y los deportes. Una pasión para dos leyendas (IndieLibros) se lee en exclusiva en la plataforma de lectura por suscripción Leamos.

Kronenberg habló con Grandes Libros de su trabajo.

La idea de un proyecto político apoyado en el deporte se sostiene en muchísimos países. Tal vez en lo primero que se piensa es en el nazismo, pero también los Estados Unidos y la URSS desarrollaron políticas deportivas como marco cultural. ¿La Argentina cómo se encuadra?

—Está todo ligado a lo que pasaba en el momento. El nazismo estaba muy presente, al igual que el fascismo también —Perón había estudiado mucho tiempo en Italia y tenía a Mussolini incorporado—. Pero hubo juegos olímpicos en todos los países y siempre son cuestión de Estado. Podemos hablar del Berlín 1936 y también de Barcelona 92. No tienen que ver los regímenes. El deporte siempre fue utilizado por el Estado. Lo novedoso en Perón es que lo incorpora como política.

Oscar Gálvez, Juan Manuel Fangio, Juan Domingo Perón y Froilán González (Instituto Nacional Juan Domingo Perón)
Oscar Gálvez, Juan Manuel Fangio, Juan Domingo Perón y Froilán González (Instituto Nacional Juan Domingo Perón)

En el libro hablás del deporte como un canal de comunicación entre Perón y las masas.

—Las políticas estaba completamente articuladas y Perón aplicaba ese concepto a rajatablas. Si un deportista ganaba se generaba un triunfo colectivo, pero también se hablaba de la Patria: “Gané por Perón, gané por la patria, gané por la Nación”. Era un sentimiento patriótico muy fuerte. Era el fervor peronista de generar una “nueva Argentina”. Era una bajada de línea, pero también era genuino porque esos deportistas amaban a Perón.

¿Pero eso se desarma el deporte con la Revolución Libertadora? Durante el peronismo, Argentina consiguió 12 medallas de oro en dos juegos olímpicos y después hubo que esperar 50 años para volver a ganar una medalla.

—Hubo tantos éxitos consecutivos justificados por la política de Perón, y después se vino todo abajo. Pasaron 52 años hasta que se ganó un oro olímpico. Pero en el segundo de Perón también cambió mucho. Perón había recibido un Estado acaudalado y pudo hacer numerosas obras; en el segundo gobierno, ese tipo de políticas ya no se ven. Argentina entraba en un proceso de crisis e inflación, y el deporte empezó a quedar cada vez más relegado. Después de la Revolución Libertadora, además, junto con Perón muchos deportistas quedaron proscriptos.

Gardel, a la derecha, con traje de baño
Gardel, a la derecha, con traje de baño

¿Perón y Gardel eran buenos deportistas?

—Perón tenía el deporte en la sangre, Gardel era un personaje más pintoresco. No le gustaba el fútbol —a Perón tampoco—, pero era fanático del turf. En comparación a Perón, Gardel usaba el deporte por una cuestión estética, hacía deporte por un tema estético. Era medio gordito, hacía natación, gimnasia sueca, paleta. Perón era más competitivo, al punto que fue seleccionado para disputar los juegos olímpicos de París 1924 y quedó relegado por ser militar. No fue el único presidente que practicaba deportes, pero Perón tenía otra llegada por su carisma y se vio reflejada además por la llegada de Evita.

Hoy en día hay una enorme desigualdad entre el fútbol y el resto de los deportes. ¿Tiene que haber una política de Estado para equilibrar la balanza o, por el contrario, dejar que los deportes funcionen al “libre mercado”?

—Yo creo que tiene que haber un apoyo estatal del mismo modo que hay por la educación y la salud pública. De hecho, muchas competencias deportivas son transmitidas por la televisión pública porque son de interés público y cultural. Pero también tiene que haber capitales privados. No tengo la menor duda. No se pueden aplicar las políticas del peronismo. El peronismo sirvió para aquel momento, para aplicar políticas públicas y efectivas con capitales estatales. Ahora es otro país, otro mundo, otra situación.

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