Por Pablo Perantuono.

Diez años atrás comencé a editar una revista masculina que se proponía posicionar como una referencia cool en el mercado de nicho. La idea era acompañar y retratar lo que, se suponía, era una tendencia en los nuevos consumos socioculturales del hombre del siglo veintiuno: además de proclive al fetichismo y la elegancia, el varón ahora abrazaba una masculinidad más atenta a las emociones aunque estas no necesariamente tuvieran que ser compartidas: se coqueteaba, una vez más, con cierta épica de la individualidad, otro camino del héroe.
Al poco tiempo me di cuenta que, aun tentador, ese horizonte -casi una hipótesis- era, además de una construcción estereotipada, un lugar engañoso, una promesa que escondía una trampa. Había algo que no cerraba, y eso no solo estaba referido al mercado de revistas. Percibí que detrás de esa imagen de fantasía latía cierta incomprensión de lo que significaban los cambios que la sociedad estaba experimentando. Había algo que no podía explicar: al tiempo que alcanzaba niveles cada vez mayores de confort, mi generación se mostraba cada vez menos satisfecha, era cada vez más infeliz pero, paradójicamente, se veía compelida a ocultar ese malestar, a sofocar su murmullo de angustia. Y eso no solo podía explicarse a través de las tensiones propias del sistema, la consabida carrera al éxito, o por la sempiterna obligación del varón a mitigar sus vacilaciones o incluso su dolor en pos de una virilidad sin fisuras.
Había algo más en el hecho de que se dispararan las ventas de smartphones pero también las de ansiolíticos. Por donde iba veía que había una generación disconforme con los mandatos, pero que en lugar de discutirlos optaba por arrodillarse ante el altar del consumo, sea pornografía, corbatas o alcohol. Mucha gente de mi entorno tenía crisis cada vez más periódicas con sus parejas, lo que derivaba en largas conversaciones sobre una situación laberíntica: el modelo, que incluía el matrimonio, daba notables señales de agotamiento.

Comencé a delinear un personaje en mi cabeza. Un personaje que albergara silenciosamente todas esas contradicciones y sinsentidos. Alguien que no se preguntara por su destino, porque este ya había sido más o menos moldeado por su padre y por la sociedad, los dos vectores reguladores del sistema. Pero que tampoco se lo preguntara porque prescindía del atributo de la inquietud, conformando una realidad inquietante en la que las decisiones más que tomadas eran padecidas. Alguien que estuviese abrumado pero que no se diera cuenta de que lo estaba. Alguien cargado de una furia contenida que solo encontrara la fuga en la música o en el "muchachismo", esos momentos de encuentro en los que los hombres nos entregamos a la deriva elemental y en los que suele no intervenir el límite oral del recato.
Así nació Diego, un abogado que había estudiado Derecho en una universidad privada porque su padre lo había obligado y porque él nunca había tenido ni la audacia ni los incentivos suficientes para torcer ese rumbo. Un sujeto a quien separaba un océano de emociones con su padre arrogante y hostil, pero quien, sin siquiera preguntarse cómo operó ese cambio, se sentía muy cercano a su pequeño hijo.
Se me presentaban varios escollos, porque aspirar a retratar a una generación desde la ficción no solo es peligroso, sino equivocadamente ambicioso y hasta pueril. Es más, no debería ni siquiera ser un propósito, sino tan solo el aroma con el que se humedece de lejos una novela. Debía saber que en la peripecia humana de Diego iban confluir lo ordinario y lo banal con un mundo vertiginoso y complejo y con un país que, al ritmo del nuevo peronismo, se polarizaba y se crispaba cada vez más.
Para cuando arranqué a escribir, la ficción -la buena ficción- tenía un rey nórdico: Karl Ove Knausgård nos había colonizado la cabeza a varios. En los extraordinarios tomos del noruego cabe todo aquello que yo aspiraba a relatar: la módica experiencia sensible de un sujeto que atraviesa enormes pantanos de cotidianeidad para llevar adelante la homérica y simple tarea de crecer. Ni más ni menos que eso. Un hombre que abre de par en par las puertas de su psique para exhibir, con crudeza y precisión, las dificultades de la modernidad, la desgastante tarea de responder al deseo y hacerlo congeniar con el de otros.
Fue mi inspiración. Allí encontré varias pistas que me guiaron en mi afán por describir aquello que yo quería contar: abordar algunos de los interrogantes que acechan, como fantasmas escondidos, al hombre moderno. Uno de ellos es central, y tiene que ver con su vínculo de pareja, pero no sólo en lo concerniente a su amor filial, sino en el hecho de cómo posicionarse hoy ante el avance y las nuevas demandas de la mujer; cómo aceptar esa interpelación sin sentirse amenazado, cómo absorber esa nueva realidad sin que su rol siga siendo el mismo. Cómo entender la necesidad de adecuarse, de abandonar esa conducta configurada por largos silencios y evasivas que en su momento le resultaron suficientes pero que ahora no hacían más que revelar sus limitaciones.
De todo eso habla Teoría del derrape. De una época, de un cambio de paradigma, de una necesidad de romper con los mandatos patriarcales, de una aventura personal plagada de escollos y de errores, de orfandades y temores. De aquello que una vez me dijo una filósofa argentina, recibida en la UBA: "A la sabiduría no llega aquel que acumula experiencia, sino el que consigue atravesar el dolor sin perder de vista sus sueños".
LEER MÁS:
>>> Registrate en Grandes Libros y participá en la red social de lectores más grande de América Latina.
Últimas Noticias
‘León XIV vuelve a casa’: serie documental del papa se estrenó por el canal de YouTube del Arzobispado de Lima
El sumo pontífice está a menos de dos meses de aterrizar en territorio peruano, por lo que la expectativa entre los fieles y las comunidades que lo recibirán aumenta. Nuevas fotografías y testimonios evidencian su estadía en Perú

Se cierra la fecha 10 del Torneo Clausura con tres partidos: la agenda completa
La jornada se abrirá con el duelo entre Aldosivi y Atlético Tucumán a las 14:30. Más tarde, desde las 19:00, Barracas Central recibirá a Independiente Rivadavia. Lanús y Estudiantes de La Plata bajarán el telón a las 21:15

Conductor con grado 1 de alcohol llevaba a toda su familia de paseo en una ambulancia: fue detenido al sur de Cali
El procedimiento se realizó durante un puesto de control, cuando los funcionarios verificaron la condición del responsable y ordenaron el traslado del vehículo a los patios

Nadia Podoroska no pudo coronar una gran semana: cayó en la final del WTA 250 de San Pablo
La rosarina perdió ante la española Kaitlin Quevedo en tres sets. Pese a la derrota, se reencontró con su mejor nivel tras 15 meses de inactividad y subirá 117 lugares en el ranking mundial
EN VIVO | Bloqueos en carreteras, accidentes y manifestaciones hoy 21 de septiembre: autopista México-Toluca bloqueada rumbo a la CDMX
Mantente informado en tiempo real sobre el acontecer en el Valle de México


