Andrea del Fuego: "«Cien años de soledad» describe América latina como si estuviera escrito sobre el Brasil de hoy"

La escritora brasileña visitó Buenos Aires invitada por el Filba y presentó su nueva novela, "Las miniaturas" (Edhasa)

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Andrea del Fuego, autora de
Andrea del Fuego, autora de “Los Malaquías” y “Las miniaturas”, ambas publicadas por Edhasa

En Las miniaturas (Edhasa), la nueva novela de Andrea del Fuego, la literatura corre el velo de la realidad para darle paso al universo de los sueños. Pero no es este un ingreso poético: el mundo onírico está pautado, compartimentado; es ordenado, burocrático, kafkiano.

A través de una oficina administrativa, los "oneiros" entregan a cada persona la miniatura de un objeto (animales, herramientas, máquinas, etc.) que la induce a soñar. La relación entre oneiro y paciente está regulada por medidas estrictas. Una de ellas es que un mismo empleado no puede atender a dos familiares. Pero es entonces cuando falla un control y un oneiro atiende a una madre y a su hijo. Los diques de contención se rompen y el oneiro queda así en poder, ya no de los sueños, sino también de la realidad de sus pacientes.

Con Las miniaturas, Andrea del Fuego continúa la línea del realismo mágico que había comenzado a explorar en su novela anterior Los Malaquías (Edhasa), lo que la convierte en una escritora singular en un país que no suele escribir en esa tradición. Con toda su exhuberancia, Brasil es el país del realismo de Guimarães Rosa, de Joaquim Machado de Assis; y más cerca en el tiempo: de Nélida Piñón, de Milton Hatoum, de Luiz Ruffato, de Bernardo Carvalho. Son pocos —muy pocos— los brasileños que abordaron el realismo mágico. Dos ejemplos muy reconocidos: Murilo Rubião y José J. Veiga. A esta serie se suma ahora Andrea del Fuego.

Ella, sin embargo, abre el juego: "Reconozco influencias en Borges, Cortázar, Gabriel García Márquez, Guimarães Rosa", dice en diálogo con Grandes Libros. "Antes de escribir Las miniaturas comencé un curso de filosofía en la Universidad de San Pablo y eso me marcó de una manera muy impactante. Siempre leí filosofía como una ficción".

Andrea del Fuego en diálogo
Andrea del Fuego en diálogo con Grandes Libros

Tanto en Los Malaquías como en Las miniaturas hay un trabajo sobre la forma tradicional —la tragedia griega en una, el relato kafkiano en la otra. ¿De qué manera estas estructuras funcionan como un soporte para la experimentación?

—Las estructuras tradicionales se mantuvieron en la cultura porque satisfacen una necesidad narrativa. Tenían que satisfacer la necesidad de expresión, una representación del mundo y del pensamiento.  Cuando escribí Los Malaquías estaba muy preocupada por hacer una historia totalmente tradicional. Con Las miniaturas me liberé de esa necesidad. Tal vez por la propia cuestión del tema: la imaginación, el inconsciente, los sueños, la materialidad.

Dice que se liberó de la forma y recuerdo que con Los Malaquías también usó esa palabra: aquella novela tenía una trama familiar y usted decía que el escribirla la "liberó" para contar nuevas historias. ¿Se siente como una escritora diferente?

—No tengo la menor idea. Tuve cambios personales que justificarían un cambio de estilo y de tema, pero no tengo ningún control ni quiero tenerlo. De una cosa, sin embargo, tengo certeza: voy a seguir escribiendo novelas. Comencé con cuentos y desde Los Malaquías empecé a experimentar la novela y fue una convivencia muy profunda por meses y años con personajes y ambientes. Quizás el único momento en que estoy presente en el libro es cuando lo estoy escribiendo, y eso es algo que se da con las novelas. Difícilmente volvería a los cuentos; lo haría sólo por encargos. Ahora estoy escribiendo un libro que no tiene nada de realismo mágico.

Para Andrea del Fuego, el
Para Andrea del Fuego, el realismo de Knausgard lleva al lector al borde de un abismo (Anagrama)

¿La huida hacia adelante está mirando a las tradiciones más antiguas?

—No sé cómo responder, porque ¿cuándo alcanzamos un realismo y un naturalismo tan contundente? Cuando Knausgard alcanza un realismo extremo hace algo que es casi realismo mágico. El realismo de Knausgard da vértigo. Llega a un límite que es de la realidad expandida. Describe de una forma exhaustiva y expande la realidad.

¿El realismo mágico sirve para explicar el mundo de hoy en día?

Cien años de soledad describe América latina como si estuviera escrito sobre el Brasil de hoy. Al mismo tiempo, el cotidiano brasileño —esas hojas inmensas de la selva o los mosquitos que transmiten enfermedades— podría ser visto por los suecos como realismo mágico.

Lo que entiendo es que el realismo fuera de contexto se convierte en realismo mágico.

—Claro. Es como si entrara un dragón en la sala.

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